Alerta ambiental en Chile: se fugan casi 700.000 salmones inyectados con antibióticos

Advierten que pueden alterar los ecosistemas marinos de la región y que no son aptos para el consumo humano.

 

Alrededor de 690.000 salmones se escaparon de las jaulas del centro de cultivo de la empresa noruega Marine Harvest, ubicada cerca de la Isla Huar, en el sur de Chile, después de que una tormenta dañara las instalaciones. Pese a que no es un caso excepcional, se trata de una las mayores fugas de peces de la historia del país, lo que podría desencadenar graves daños en los hábitats naturales de la región.

Greenpeace ha denunciado que este incidente representa un riesgo medioambiental altísimo para la región ya que muchos de los peces contienen altas dosis de antibióticos. Además, la ONG reavivó el debate sobre las posibles consecuencias que pueda generar esta especie exótica introducida en el ecosistema marino del sur de Chile.

“Es un potencial desastre ambiental, cuyas consecuencias para el área aún no se conocen, pero podrían ser muy grave”, señaló Estefania González, coordinadora de océanos de Greenpeace Chile. El Gobierno, por su parte, ha interpuesto una demanda a la salmonera, alertado del riesgo de que los peces que se escaparon sean consumidos por humanos.

En Chile, los salmones son el segundo producto de exportación después del cobre. Se envían unas 830.000 toneladas anuales a Estados Unidos, Japón, Brasil, Rusia, Europa y China, lo que significa un negocio de 4,6 billones de dólares. Pese a las cifras astronómicas, tanto organizaciones ambientales como biólogos y oceanógrafos adviertas los riesgos de esta industria: “El salmón es una especie exótica que depreda la biodiversidad nativa de peces”.

El antibiótico inyectado en los salmones se llama Florfenicol. Tras la fuga, el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura de Chile (Sernapesca) ha interpuesto una demanda a la Marine Harvest y ha alertado del riesgo de ser consumidos por humanos.

“Efectivamente, puede haber un incumplimiento de la empresa respecto a las garantías de que las estructuras puedan resistir eventos como el que ocurrió”, explicó Ruth Alarcón, subdirectora de acuicultura del servicio.

La empresa noruega, sin embargo, ha minimizado el peligro, alegando que “existe muy poco riesgo de que pueda generar resistencia en los organismos humanos”. Según el gerente Fernando Villarroel, “hasta ahora, el 80% de las pruebas no muestran rastro del antibiótico y el 20% restante tiene niveles un 50% inferiores al límite establecido en las regulaciones sanitarias de Chile”.

La fuga

La huida de los salmones de Marine Harvest se produjo el pasado 6 de julio, cuando una tormenta dañó nueve jaulas del centro de cultivo Punta Redonda de la empresa, ubicado en las cercanías de la Isla Huar, a unos 20 kilómetros al sur de la ciudad de Puerto Montt. Marine Harvest es uno de los mayores productores de salmón del mundo.

“Es necesario que las autoridades investiguen las causas de esta fuga y procedan con las sanciones correspondientes. No puede ser que un simple temporal, nada fuera de lo común en la zona, genere una emergencia de esta magnitud”, lamentó Greenpeace, que precisó que en todo el año 2017, la industria salmonera chilena registró la fuga de 212.000 peces.

¿Qué dice la ley?

La legislación chilena establece un plazo de 30 días para que la empresa recupere al menos el 10% del pescado que ha escapado. De no ser así, se presume la existencia de un daño ambiental y el tribunal correspondiente podría obligar a la empresa a pagar una multa de hasta 220.000 dólares (cerca de 190.000 euros) o cerrar definitivamente la instalación.

Diversas ONG’s sostienen que las salmoneras alteran hábitats naturales, generan importantes cantidades de residuos y demandan un gran uso de antibióticos.

“Estamos monitoreando todos los esfuerzos de recuperación, asegurándonos que estos peces sean llevados a una planta procesadora de harina de pescado porque, obviamente, no pueden ser consumidos directamente por los humanos”, ha asegurado Alarcón. Hasta ahora, solo se ha recuperado el 5,7% de los peces, según la agencia France Presse.

“El daño que sufre cada escape que tiene Chile, pero en especial este que fue tan masivo, es porque no hay un método de contingencia para poder atraparlos. Ellos tampoco tienen un depredador natural porque no eran parte del ecosistema”, dijo Liesbeth van der Meer, la directora ejecutiva de Oceana en Chile, considerada la mayor organización internacional que se dedica a proteger los océanos del mundo.

La subsistencia de los pescadores artesanales

Los pescadores chilenos están trabajando para tratar de recuperar más salmones, mientras que las autoridades chilenas le han permitido a Marine Harvest usar un buque con una ecosonda para facilitar la detección de los salmones. Greenpeace también denunció el hecho de que “en el centro no había personal disponible para activar planes de contingencia”.

“Nos destruye la carnada, la sardina, el pejerrey. Es una especie voraz”, apuntó Luis Mayorga, un pescador artesanal que participó en la recaptura de los salmones fugados, un hecho que en su opinión se repite muy seguido.

Como él, otros miembros del sindicato de pescadores fueron contratados para tratar de capturar, en un plazo de treinta días hábiles, al menos el 10 por ciento de los peces que escaparon de las jaulas de Marine Harvest, tal como lo estableció la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA).

“La gente aceptó firmar ante notario porque les pagaban 600 dólares y las condiciones en que viven los pescadores son muy precarias. La necesidad tiene cara de hereje”, explicó Juan García, hijo y nieto de pescadores de Puerto Montt.

Greenpeace, al respecto, también acusó a Marine Harvest de aprovecharse de la situación. “Lo más grave es que, en vez de ser la propia empresa la que responda con un plan de reacción serio y propio, están siendo los pescadores artesanales los que han debido ir al rescate de la empresa”, criticó la organización ambientalista.

Fuentes:

  • Una fuga de casi 700.000 salmones en Chile alarma a los ambientalistas / The New York
  • 700.000 salmones ‘dopados’ escapan de una piscifactoría en Chile / El País

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