Villa Inflamable, un barrio olvidado donde más de 1.800 familias conviven entre residuos tóxicos

En 2008 la Corte Suprema declaró inhabitable este lugar que se encuentra rodeado de compañías químicas y a cinco km de la Ciudad de Buenos Aires. Aunque el Estado debería haber reubicado a sus habitantes, casi no hubo gestión sobre el traslado.

 

Por Manuel Casado

Como en otros puntos vulnerables del territorio bonaerense, en Villa Inflamable las calles son de tierra, hay pobreza extrema, faltan servicios básicos y las casas apenas pueden mantenerse en pie. Sin embargo, la realidad de este asentamiento de Dock Sud es mucho más difícil que la de otros.

Ni bien se ingresa en la zona, la ropa se mancha de negro y la densidad del aire se pone espesa a causa de las incesantes cenizas tóxicas que llegan del enorme polo petroquímico que está a pocos metros, aglutinando más de cuarenta empresas cuyas enormes chimeneas despiden residuos durante las 24 horas.

Pese a que desde hace una década la Corte Suprema de Justicia declaró que la zona no es apta para vivir por el riesgo ambiental que representa, unas 1.800 familias hoy permanecen en la Villa Inflamable entre ríos contaminados, industrias pesadas y el muro de la autopista. El Estado, ante la imposibilidad de urbanizar el barrio, prometió (y debía) reubicar a sus habitantes, pero hasta el momento no cumplió.

Judit, una de las habitantes que organiza –con apoyo de la agrupación Barrios de Pie– el comedor popular Las Hormiguitas y da de merendar a unos 60 niños por día, cuenta: «Llevo más o menos 30 años acá. No se va nadie, al contrario, viene más gente».

De acuerdo a los estudios epidemiológicos, esta población es una de las más castigadas. Casi todos los vecinos tienen algún problema respiratorio, enfermedades cutáneas, muchos sufren desnutrición y el 40% de la población cuenta con índices de plomo en sangre.

«Acá fallecen niños a causa de leucemias crónicas. Pero es todo un proceso con el que venimos luchando desde el principio, desde hace tres décadas», continúa Judit.

Para los vecinos, la situación es desesperante. Cada vez que deben transitar las calles de tierra desbordadas por los desechos tóxicos y la laguna casi fluorescente que bordea las casas, saben que su salud está en riesgo y que la esperanza de vivir en condiciones dignas parece un horizonte inalcanzable.

El Estado ausente

La relocalización de los habitantes de Villa Inflamable, que está radicada sobre una de las desembocaduras del Riachuelo, es parte del plan de saneamiento que deben llevar adelante en conjunto la Nación, la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Desde 2015, solo se aprobó la construcción de 440 casas y justo en Isla Maciel, uno de los barrios más violentos del territorio bonaerense y de histórica rivalidad con Dock Sud. La pasión por los dos clubes de fútbol locales, San Telmo y Dock Sud, divide la zona. Aun así, las obras no avanzaron mucho más allá del anuncio y hoy su desarrollo marcha a cuenta gotas.

«A los vecinos los dejan sin sus propiedades y no han tenido en cuenta sus oficios. Queremos pagar impuestos, queremos vivir dignamente, pero están jugando psicológicamente con nosotros. Hace más de 10 años que hay rumores de mudanza y seguimos acá, con las mismas necesidades. Las nuevas casas no tienen espacio para ninguno de nuestros emprendimientos», se queja Raúl Costilla, que tiene un taller textil en su casa.

A esto se suma que en 2004 fue promocionada la reconversión del polo petroquímico de Dock Sud. Pero al igual que todas las promesas, tampoco se cumplió y las compañías no pararon de ampliar sus complejos de producción. «Resulta que no podemos vivir acá y estamos contaminados, pero las empresas avanzan. Lo que quieren es sacarnos para ocupar el lugar», dice Raúl.

Ante la falta de respuestas del Estado, los vecinos suelen aferrarse a las organizaciones barriales para defender lo poco que tienen y reclamar por sus derechos. “A orillas del Riachuelo hay unas 20.000 personas que han construido sus viviendas sobre un barro contaminado”, explica Daniel Menéndez, líder de Barrios de Pie, uno de los movimientos sociales más activos en estos lugares abandonados.

«Los datos macroeconómicos hablan de una supuesta recuperación en Argentina, pero acá abajo no llega. Nadie sale de las villas, que siguen creciendo. Deberían realojarlos desde 2008, cuando la Corte Suprema decidió que era zona inhabitable, pero no hay viviendas para ellos», dice Menéndez, que no solo culpa de la situación al gobierno de Mauricio Macri, sino también al de Avellaneda, un municipio popular del sur de Buenos Aires gobernado por el peronismo.

Cada familia recibe un bidón de agua potable de cinco litros por día, pero es insuficiente. En muchas viviendas precarias viven hacinados padres con cuatro o cinco hijos, y hay que racionar el agua para beber, cocinar y lavarse porque la que sale por el grifo es muy tóxica. «El bidón de agua y una tarjeta alimentaria de 200 pesos (10 dólares) para cada familia, esa es la única respuesta que ha dado el Gobierno a través de Acumar (organismo encargado de sanear el Riachuelo), es una vergüenza. Los pibes nuestros se mueren porque tienen plomo en la sangre», se queja Judit. Ha habido realojos, sobre todo a las familias que tenían plomo en la sangre y corrían riesgo vital, pero se pueden contar con los dedos de las manos, cuentan.

Agentes contaminantes por rubro de la cuenca matanza-riachuelo
Fuente: Acumar

El flagelo de la marginalidad en Villa Inflamable

«A los comedores viene más gente y no sólo chicos, también gente mayor. Hoy aparecieron dos mujeres ancianas, una de 97 años, vienen también familias enteras a buscar la merienda, un vaso de leche. Esta imagen no la habíamos visto desde 2001», asegura Rocío, promotora de salud de Barrios de Pie, que analiza todos los datos que acumulan con las 80.000 personas que tienen trabajando en las más de 4.000 villas miseria que hay en todo el país donde viven 1,3 millones de personas.

Rocío se mueve entre los datos y las estadísticas con soltura, «la pobreza ha bajado del 32% al 28% según los datos oficiales, pero el problema es que subió la indigencia, y este es el problema principal. ¿Cómo resolvés este problema? El 48% de los niños en el conurbano de Buenos Aires están malnutridos. Las familias construyen una dieta para saciar el hambre, no rica en nutrientes porque no hay forma de tener una dieta equilibrada con ingresos tan deteriorados».

Como no hay cloacas, por ejemplo, en Villa Inflamable todo lo que sale de los baños termina en una especie de «pantanos», que se conectan con canales que mueren en el arroyo Sarandí. Ese mecanismo de desagüe no siempre funciona. Cuando llueve, el desborde reparte materia fecal por todas partes.

«Peor es cuando se seca. Ahí quedan las ratas y los bichos que aparecen en los fondos», cuenta Daniel Quiñones, que junto a sus nueve hijos vive al borde de uno de esos canales, y agrega:

«Mis hijos están contaminados. Las que más sufren son las mellizas, que se están haciendo los estudios porque tienen plomo en sangre«.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niños son especialmente vulnerables a los efectos tóxicos del plomo, que puede tener consecuencias graves y permanentes en su salud, afectando al desarrollo del cerebro y del sistema nervioso.

«Se constató la presencia permanente de 17 compuestos volátiles asociados con la refinación de petróleo, como benceno y tolueno, que son cancerígenos sin un umbral mínimo, es decir que no importa cuánto fue el tiempo de exposición», explica la antropóloga Débora Swistun, coautora de Inflamable, una investigación sobre la contaminación en Dock Sud realizada junto al sociólogo Javier Auyero, profesor de la Universidad de Austin, Texas.

El plomo también causa daños en los adultos, aumentando el riesgo de hipertensión arterial y de lesiones renales. En las embarazadas, por ejemplo, la exposición a concentraciones elevadas de plomo puede ser causa de aborto natural, muerte fetal, parto prematuro y bajo peso al nacer, y provocar malformaciones leves en el feto.

«Acá todo está contaminado: la tierra, el aire y el agua», dice Judit. Y en el pasado incluso fue peor. «Antes, con la planta de coque, veíamos el deceso de bebés», recuerda. Las protestas de los vecinos y ambientalistas lograron cerrar esa fábrica, no así las demás”.

Los niños tienen prohibido meterse al arroyo a jugar, pero cuando llueve y sopla viento del sudeste las calles de barro se inundan, el barro fétido lo cubre todo y el ritmo diario se interrumpe. «A las casas llega agua hasta con excremento. El olor es nauseabundo porque al no haber cloacas ni nada, te imaginás», describe Judit. Los menores no pueden salir de su casa para ir al colegio y el camión del agua y las ambulancias no pueden entrar al barrio.

Aunque vivir en Villa Inflamable resulta un calvario para cualquiera, los vecinos no están dispuestos a irse. Al fin y al cabo, es allí donde tiene sus pertenencias y construyeron sus casas.

La Justicia pide nuevas explicaciones por el Riachuelo

Ante la falta de resultados sobre el saneamiento de la Cuenca Matanza-Riachuelo, la Corte Suprema convocó a la ACUMAR, al Estado Nacional, la Ciudad y la provincia de Buenos Aires a una audiencia pública, fijada para el 14 de marzo, en la que deberán exponer sobre el avance en la ejecución de la sentencia definitiva que ordenó la recomposición del daño ambiental.

A fines del año pasado, los magistrados habían emitido un duro fallo contra el organismo por la situación de la cuenca, uno de los sitios más contaminados del mundo. De acuerdo al dictamen, las tareas realizadas hasta el momento y el contenido del calendario resultan «insuficientes», y lo más grave es que el último documento presentado no incluyó información que se había requerido en la anteúltima audiencia, llevada a cabo en 2016.

Hasta ahora, poco se ha hecho para cambiar la realidad del Riachuelo. El Gobierno, que representa los tres ámbitos involucrados en el saneamiento de la cuenca (ciudad, nación y provincia), ¿seguirá mirando para otro lado?

Fuente: Foro Ambiental