“Si un puerto no piensa en medio ambiente y sustentabilidad, está destinado al fracaso”

Juan Linares y Alberto Carnevalli, representantes del Puerto de Bahía Blanca, hablan de la importancia de las acciones ambientales en la actividad portuaria y de cómo se logró convertir a la región en la principal entrada de tecnología eólica al país.

 

Controlar el calentamiento global y proteger al medio ambiente no sólo implica que los gobiernos tomen mayores y mejores políticas públicas. También debe hacerse hincapié en el compromiso de los ciudadanos y, sobre todo, que el sector industrial se desarrolle de una forma sostenible.  

Las actividades marítimas, en ese sentido, tienen una gran responsabilidad. En mayor o menor medida, todas tienen un impacto significativo sobre la naturaleza y sus ecosistemas hídricos que es necesario mitigar. Dentro de este rubro, por ejemplo, están los puertos costeros y el transporte marítimo, que moviliza más del 84% del comercio mundial.

Juan Linares, gerente de operaciones del Puerto de Bahía Blanca, explica que “hasta hace 20 años, el crecimiento de un puerto se medía de acuerdo a su abarcamiento territorial y canales de navegación. Actualmente, si un puerto no piensa en medio ambiente y sustentabilidad, está destinado al fracaso”.

El Puerto fue construido a fines del siglo XIX y está ubicado en la localidad de Ingeniero White, partido de Bahía Blanca. Sus instalaciones abarcan una extensión de 25 kilómetros frente al estuario de la región, por lo que representa uno de los centros de operaciones comerciales más importantes del país.

Desde hace casi una década, la política del consorcio que maneja al Puerto de Bahía Blanca ha sido incursionar en la sostenibilidad. Bajo el lema “desarrollar, mejorar y permitir proyectos nuevos”, hoy se encuentra posicionado como el puerto que más aerogeneradores recibe a nivel nacional.  

“Más allá de las reglamentaciones que todo puerto debe cumplir (como pueden ser las mediciones sobre la modificación del agua, el aire y el tipo de sedimentación), hay que impulsar decisiones propias para cuidar mejor del medio ambiente y brindar un crecimiento social. El éxito de un puerto no sólo está en las grandes inversiones, sino también en el bienestar que le da a los habitantes de la zona que ocupa”, remarca Linares.

Como ocurre con toda actividad industrial, permitir el desarrollo de proyectos de energías renovables es clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Al respecto, Linares detalla que “el Puerto de Bahía Blanca fue equipado y restaurado para posibilitar el ingreso de 300 aerogeneradores y hace semanas se inauguró un primer parque eólico. Bahía Blanca es una zona privilegiada por la constancia de sus vientos. De acá a cuatros años, se prevé la instalación de unos 900 aerogeneradores en total”.

Desde hace casi diez años que el consorcio del Puerto de Bahía Blanca tiene la política de incursionar en la sostenibilidad

Este proyecto, además, podría incluir la construcción de un clúster industrial y académico: “Nosotros pensamos que de acá a cinco años vamos a tener un polo eólico consolidado, con la radicación de empresas líderes en el mundo. Entonces debemos formar profesionales para construirlos y mantenerlos”.

Gracias a que el puerto está considerado la puerta de entrada de los parques eólicos al país, el Ing. Alberto Carnevali, responsable del área de Medio Ambiente, destaca “eso ha impulsado a llevar adelante tratativas con Nación para certificar como edificios sustentables a aquellos espacios que el puerto destina al desarrollo de la tecnología eólica”.

Argentina declaró al 2017 como el año de las energías renovables y se ha comprometido a que el 20% de su matriz energética provenga de fuentes limpias para 2025. Con ese objetivo, el Gobierno Nacional presentó RenovAr,  una serie de programas para incentivar parques de energías renovables en el país. Tras la ronda 1 y 1.5, a fines de octubre pasado se impulsó la ronda 2 y hubo un récord de 228 ofertas para proyectos eólicos, solares, de biomasa y biogás.  

Reducción de impactos en el dragado

Una de las acciones portuarias más cuestionadas por las alteraciones ambientales que puede ocasionar en los cursos de agua y especies acuáticas tiene que ver con el dragado. Esta tarea implica extraer o remover desde el fondo del agua todo aquello que pueda obstaculizar o hacer peligrar el avance de una embarcación. Es decir, se utiliza para asegurar el tránsito y evitar encallamientos.

De acuerdo a Linares, en el caso de Puerto de Bahía Blanca “el control del tráfico fluvial y los sedimentos de la marea está siendo acompañado por nuevas tecnologías, lo que permite hacer mucho más eficiente la gestión del canal”.

El Ing. Carnevali, al respecto, menciona que “cada vez que se generar un crecimiento industrial, operativo y logístico, existen impactos. Entonces el objetivo es buscar medidas compensatorias para que la línea ambiental del área en la que intervenimos se mantenga en equilibrio”.

En Bahía Blanca, el consorcio draga unos dos millones y medio de metros cúbicos anualmente. “Este promedio no lo bajamos, lo que se hizo fue invertir en tecnologías mecánicas hidráulicas para aumentar el acceso de buques más grandes sin tener que profundizar las tareas de dragado que ya hacíamos. De esa forma, contuvimos mayores impactos ambientales y expandimos nuestra capacidad”, completa el gerente de operaciones.  

En esa misma línea, Carnevali agrega que “hace un tiempo, se tomó la decisión de alejar las áreas de vaciado del interior portuario”. Es decir, una medida tomada para que no se impacte a la comunidad cercana con una cantidad de sedimentos en suspensión provocada por esa área de vaciado.

Conservación de especies

Otra política relevante es la de la conservación de especies. A través de una alianza con Lanchas del Sur, la Red Hemisférica de Aves Playeras (RHRAP) y el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS), el Puerto de Bahía Blanca hace poco inauguró una estación de rescate de fauna marina, que recibió el nombre del recordado periodista y ambientalista Guillermo Indio Fidalgo.

“Gracias a este nuevo espacio, el primero en la zona, se brinda asistencia a todos los animales marinos que se encuentran en riesgo, se les da atención veterinaria, contención y luego se los reinserta sanos”, indica Carnevali.

En 2016, por otra parte, unas 900 hectáreas pertenecientes al Puerto de Bahía Blanca fueron declaradas “sitio de importancia regional” por la Red Hemisférica de Reservas de Aves Playeras. Desde entonces, hay un centro de avistaje de especies y se realizan tareas de seguimiento de aquellas aves migratorias que llegan al estuario volando miles de kilómetros desde el Hemisferio Norte o la Patagonia Austral.

Fuente:

Foro Ambiental

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