El “Reto de Bonn”: recuperar 350 millones de hectáreas deforestadas en 12 años

Desde 2015, el proyecto internacional conocido como Reto de Bonn (Alemania) trabaja para recuperar 150 millones de hectáreas dañadas para el 2020 y aspira a alcanzar 350 millones para el 2030.

 

En el planeta, hay más de 2.000 millones de hectáreas de tierras deforestadas que se podrían restaurar, un área equivalente a dos veces la superficie de China. Según el Foro Global de Paisajes (GLF), esto inyectaría hasta 85.000 millones de dólares a la economía global, es decir, que representaría un avance tanto para la lucha contra el cambio climático como para la conservación de la biodiversidad y el desarrollo sostenible.

Un auténtico cambio de paradigma

Desde 2015, el proyecto internacional conocido como Reto de Bonn (Alemania) trabaja para recuperar 150 millones de hectáreas dañadas para el 2020 y aspira a alcanzar 350 millones para el 2030. Coincidiendo con la última edición del GLF, que se realizó en la ciudad germana, sus impulsores han presentado el primer protocolo mundial para seguir el progreso de la iniciativa y para ayudar a los países a cumplir sus compromisos.

“En los últimos 10 o 20 años, la prioridad ha sido gestionar las tierras agrícolas productivas y evitar la deforestación”, señala el experto de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), Stewart Maginnis. Sin embargo, “la degradación de tierras y su coste para las economías locales y nacionales ha quedado en un ángulo muerto”.

África, el más complicado

El continente más afectado –y por lo tanto, con mayor potencial de mejora– es África. Actualmente, tiene 700 millones de hectáreas degradadas, el equivalente a la superficie de Australia, y cada año suma otros tres millones. Solo la erosión de suelos y la pérdida de nutrientes en tierras arables, le cuesta al continente un 3% de su PIB anual, sostiene el World Resources Institute (WRI).

Ante este panorama, en el Reto de Bonn y de la Unión Africana, los Gobiernos del continente han prometido restaurar 100 millones de hectáreas para 2030. La propuesta fue apoyada por la Iniciativa Africana de Restauración (AFR100), el Gobierno de Alemania, el Banco Mundial y socios técnicos como los programas de la ONU para el Desarrollo (PNUD) y Medio Ambiente (PNUMA).

América Central también está en problemas

Al otro lado del Atlántico, otra región especialmente frágil es Centroamérica, cuyo caso más paradigmático es El Salvador. Según su ministra de Medio Ambiente, Lina Pohl, el país está considerado “uno de los más vulnerables del mundo en cuanto al cambio climático” y más de un 95% de su población está expuesta a desastres naturales.

En el marco de la Iniciativa 20X20, que pretende restaurar un área equivalente a la de Uruguay en América Latina y el Caribe, El Salvador ha lanzado un Plan Nacional de Restauración 2018-2022 para revitalizar, ni más ni menos, que la mitad de sus paisajes.

“Si no lo hacemos, nuestro país no sobrevivirá. Este plan no es ambicioso, porque simplemente tenemos que hacerlo”, explicó Pohl.

El método elegido para medir la restauración forestal en el mundo

Aunque se destacan las iniciativas regionales en África y América Latina, la restauración es cosa de todos los continentes y de todos los países. A nivel mundial, unos 47 gobiernos, asociaciones privadas y otras organizaciones ya se han comprometido a restaurar 160,2 millones de hectáreas. Sin embargo, hasta la fecha no había ningún procedimiento estandarizado para medir el progreso y poner en común los éxitos y retos de los diversos países.

De esta necesidad, en el Reto de Bonn ha nacido el Barómetro: un mecanismo que ya está en marcha en seis países piloto (Ruanda, El Salvador, EE UU, Brasil, México y Corea del Sur) y que se ultimará este año, tras finalizar el proceso consultivo con Gobiernos y expertos. Cuando esté a pleno rendimiento, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) confía en que visibilizará el papel de la restauración en la estrategia global contra el cambio climático.

“No se trata de fiscalizar a los países, sino de tener referencias sobre el progreso de la restauración a escala nacional”, sostiene Maginnis, que dirige el Grupo de Soluciones Basadas en la Naturaleza de la UICN.

Otros objetivos del barómetro citado son promover el aprendizaje conjunto y la movilización de recursos, en línea con el espíritu del Foro Global de Paisajes, una plataforma de intercambio sobre usos sostenibles del suelo, liderada por el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) junto con PNUMA y el Banco Mundial.

Más que plantar árboles

Los expertos en Bonn remarcan que no se trata solo de plantar árboles, sino transformar la relación entre las personas y la naturaleza. “La restauración del paisaje forestal es un proceso a largo plazo para recuperar los bienes, servicios y procesos ecológicos a escala de paisaje”, explica la UICN, cofundadora de la Alianza Global para la Restauración de Bosques y Paisajes. Una estrategia que aúna objetivos económicos, medioambientales y de desarrollo social, y que nada tiene que ver con plantar algunos árboles al azar y de forma aislada.

Según el contexto local, la restauración se puede llevar a cabo de diversos modos. En primer lugar, se pueden recuperar los bosques naturales de antaño, sea mediante plantaciones o regeneración natural. En algunos casos, incluso se pueden plantar bosques productivos para la explotación de productos como la madera.

En segundo lugar, se pueden establecer árboles en entornos agrícolas, integrándolos en cultivos (agroforestería) o sistemas de producción ganadera (silvicultura). Precisamente porque existe esta posibilidad, no se habla tanto de restaurar bosques, como de paisajes boscosos.

África Oriental y América ofrecen ejemplos de países que se están tomando la restauración en serio. Jamaica –al igual que El Salvador– es uno de los países más vulnerables al cambio climático. Solo entre 2001 y 2012, se enfrentó a cinco huracanes de primera magnitud y el 82% de su población vive en la costa, señala Anthony McKenzie, director de gestión ambiental en la Agencia Nacional de Planificación y Medio Ambiente.

Como respuesta, Jamaica se ha propuesto revitalizar los bosques en la zona costera e intermareal. “Los manglares son unos fenómenos de la reducción de riesgos”, explica McKenzie. “Atenúan las olas; protegen frente a las inundaciones y contribuyen a la formación de suelo, lo que supone una clara ventaja frente a las infraestructuras duras”. Y los beneficios no se acaban ahí: “las infraestructuras naturales también facilitan la adaptación al cambio climático, y son un abordaje accesible y efectivo que embellece las zonas costeras”.

En cuanto a EE UU, ya ha restaurado 12,3 millones de hectáreas de los 15 millones comprometidos en el marco del reto de Bonn. Según Leslie Weldon, la directora adjunta del Sistema Forestal Nacional, la estrategia protege a las comunidades de los incendios y apuntala la provisión de agua limpia, la biodiversidad y la creación de empleo. Dado que los paisajes son mosaicos con varios grupos de interés y usos del suelo, lo que Weldon aconseja es que se empiece el proceso reuniendo a las diversas partes. “De este modo, cada grupo puede expresar lo que es importante para él; nuestro papel es exponer la restauración ecológica de bosques naturales”.

Un último ejemplo lo aporta uno de los primeros países en adoptar el Reto de Bonn. En Ruanda, los bosques aportan un 98% del combustible para cocinar y contribuyen en un 5% al PIB nacional, detalla Felix Rurangwa, representante de la Autoridad de Agua y Bosques del país de las mil colinas.

“Nos comprometimos a restaurar dos millones de hectáreas (un 29,8% de la superficie), y ya estamos a un 50% de este objetivo”, anuncia. Asimismo, se han creado unos 186.000 empleos verdes en los últimos tres años. “Hemos liberado el potencial de la restauración para mejorar el sustento de las personas, y ya estamos promoviendo la estrategia en otros países” de África oriental.

Los expertos utilizan el término cobertura antropogénica para referirse a la huella de la presencia humana en la superficie terrestre. En la puerta de casa, la proliferación de plazas de cemento es un ejemplo del reto que supondrá reverdecer el globo, pero son muchos quienes ya están comprometidos con un futuro sostenible.

Fuente: El País / Foro Ambiental