Prohuerta: “La primer herramienta que tenés que agarrar es el lápiz para planificar tu huerta en un papel”

Llevado adelante por el Ministerio de Desarrollo Social desde 2005, centenares de personas han logrado tener sus propias huertas y autoabastecerse de alimentos sanos

 

Prohuerta es una de las mejores herramientas que tiene una familia de bajos recursos para creer en la soberanía alimentaria. Impulsado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación desde hace 12 años, este programa se encarga de asistir a particulares u organizaciones para ayudarlas a iniciar huertas agroecológicas en patios de casas y campos.

“Buscamos  abastecer a aquellas familias en situación de vulnerabilidad para que puedan producir sus propios alimentos de manera segura, sin agrotóxicos ni pesticidas”, afirma Pablo Palacios, ingeniero agrónomo y uno de los responsables del proyecto.

Con la asistencia técnica del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Hilario Ascasubi, esta iniciativa tuvo su primera experiencia en el Partido de Villarino, al sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Allí “comenzaron los primeros trabajos con las familias de las áreas periféricas para que accedan a sus primeras semillas y así comenzar una huerta para autoconsumo”.

“Promovemos una buena alimentación, bajando costos. Hacemos capacitaciones en la zona urbana, periurbana y rural. El concepto es autoabastecerse de verduras. Algunas familias tienen un nivel de producción que le excede y están comercializando verduras agroecológicas en canales de venta alternativos, en ferias, o comercializando bolsones de verduras”, resume Martin Barrera, otro referente del programa.

Antes de entregar las semillas a sus destinatarios, los técnicos del INTA inician un proceso de capacitación sobre cómo formar una huerta. De esta manera, Prohuerta, que hoy se extiende por distintas provincias del país, ha logrado cambiar la realidad de centenares de personas.

“La primer herramienta que tenés que agarrar es el lápiz para planificar tu huerta en un papel, para que después la puedas plasmar en el territorio. La estrategia que tenemos que usar es la biodiversidad. Tenemos que cultivar diferentes especies asociadas para que de esta manera se genere una diferencia de colores, alturas, aromas”, cuenta Palacios.

Al margen de lo que impone la agricultura industrial, Prohuerta busca recuperar aquellas prácticas que dejan al margen las fumigaciones y los monocultivos. Además de colaborar con familias carenciadas, los técnicos que impulsan este programa ayudan, asesoran y contienen a los pequeños productores que se autoabastecen de alimentos sanos.

“La estrategia es no usar productos químicos, la agroecología es eso. Yo tengo que producir con lo que tengo en mi huerta. Yo no tengo que comprar semillas, ni nutrientes. Trabajamos en la sustentabilidad”, añade Barrera.

La eliminación de plagas, hongos y malezas ha sido uno de los grandes motivos por los cuales la una gran mayoría de los productores rurales han abusado de los agrotóxicos, sin contemplar que estos productos una vez aplicados son capaces alterar los componentes naturales de un ecosistema entero o incluso destruirlo.

Para Palacios, la clave está en la rotación de cultivos. Que la naturaleza misma sea la que equilibre la producción. “La solución para controlar plagas es la biodiversidad de cultivos, de especies. Frutales, aromáticas y flores deben convivir”, dice y concluye: “Nosotros tenemos que camuflar naturalmente nuestra producción. Crear cercos vivos y cultivar aromáticas como el ajenjo, romero, lavanda, rudas, plantas que no son productivas, pero desorientan a los insectos. Esto no quiere decir que los insectos no van a venir, van a venir y tienen que venir porque son parte del sistema. Lo que tenemos que hacer es evitar que se genere una gran cantidad de población”.

Fuente: Foro Ambiental