Ciudad de Buenos Aires: prohíben que las pilas en desuso sean quemadas o enterradas

Por la cantidad de sustancias tóxicas que contienen, la Legislatura porteña aprobó que las pilas sean incorporadas a la Ley 2214 como residuos peligrosos.

 

A partir de ahora, las pilas y baterías en desuso serán consideradas residuos peligrosos. Así lo dispone un proyecto que aprobó la Legislatura porteña. Una vez que se sean desechadas, deberán tener un tratamiento especial para su disposición final y ya no podrán ser quemadas ni enterradas.

El denominado plan de “Gestión ambiental de pilas en desuso”, que tuvo 53 votos positivos y 2 abstenciones, fue impulsado por el oficialismo. Sin embargo, la idea de que las pilas fueran incorporadas a la Ley 2214, la cual regula el tratamiento de los residuos peligrosos en la Ciudad, surgió de la oposición. Puntualmente del diputado peronista Claudio Heredia.

“Era esencial marcar esta diferencia con el proyecto del Ejecutivo para que bajo ninguna circunstancia las pilas terminen siendo incineradas o se obstaculice el proceso en una etapa de reciclado. Al ser catalogadas como residuo peligroso en su disposición final garantizamos el tratamiento adecuado en todas sus etapas”, explicó Heredia.

A principios de mayo, el oficialismo logró que se modificara la Ley de Basura Cero, permitiendo la instalación de sistemas de incineración de residuos detrás del eufemismo de la “termovalorización”. Por este motivo, era imprescindible que las pilas en desuso fueran categorizadas como residuo peligroso y evitar que en su disposición final sean quemadas o enterradas.

Con la nueva reglamentación, varios especialistas coincidieron en que se trata de un cambio de paradigma que alivianará el problema de la basura, uno de los temas que más preocupa a los vecinos porteños. Además, remarcaron que la medida implicará un grado de responsabilidad mayor para los productores, importadores, distribuidores e intermediarios en la etapa posconsumo del ciclo de vida de las pilas o baterías.

“Hoy estamos legislando sobre un tema que los porteños reclamaban y demandaban, estamos cuidando su salud y el ambiente y asignándole al Estado el rol fundamental de controlador para que el espíritu de esta Ley se mantenga intacto”, agregó el legislador.

De acuerdo al Plan de Gestión Ambiental, todos los actores que intervienen en la producción y comercialización deberán diferenciar pilas y baterías del resto de los residuos urbanos, así como también someterse a programas y planes de manejo aprobados por la Autoridad de Aplicación.

“Por su tamaño, volumen, cantidad y/o sus potenciales características de peligrosidad, nocividad o toxicidad, deben sujetarse a un tratamiento diferenciado del resto de los residuos sólidos urbanos”, dice el texto aprobado.

Residuos peligrosos

Tanto las pilas como las baterías en general son dispositivos que convierten energía química en energía eléctrica por un proceso químico transitorio. El aumento de su consumo no solo corresponde al crecimiento de las poblaciones, sino también a la enorme cantidad de aparatos y artefactos tecnológicos que se utilizan en la actualidad.

Más de 500 millones de pilas se descartan al año en Argentina. En el caso puntual de la Ciudad de Buenos Aires, se consumen anualmente 19 millones de pilas, lo que es equivalente a 500 toneladas. La ausencia de gestión de sus residuos hasta ahora, representó una amenaza constante, sobre todo en un país en el que no existe aún tecnología económicamente viable para su tratamiento. Las pilas contienen más de mil sustancias diferentes, muchas de ellas tóxicas.

Prácticamente en el país no hay tratamiento para los residuos de pilas y baterías, sobre todo con las que son primarias. Hay algunas plantas que reciclan las baterías de autos, pero para las químicas más comunes que usamos a diario, que son las zinc y de cobre, y para las pilas secundarias que son las de los teléfonos celulares o las computadoras y que son de litio, hoy no hay ningún tipo de tratamiento en la Argentina, y mucho menos en la Ciudad de Buenos Aires, excepto por la disposición final en los rellenos de seguridad”, explica Gustavo Fernández, biólogo y profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Según el especialista, en el mundo cada vez se recomienda más el reciclaje y la recuperación de las pilas. Sobre todo, por el valor económico que tienen los metales que las componen y por el riesgo toxicológico que tienen sus desechos. “En la Argentina no se fabrican pilas y baterías, sino que se importan, lo que debe hacerse son planes de responsabilidad. El fabricante que vende la pila en otros lugares del mundo recibe también la pila obsoleta”, añade.

Las pilas tienen metales que si se arrojan en el relleno sanitario –como en la CEAMSE– o en un basural municipal del interior del país, terminan contaminando. En ese sentido, Fernández indica que “hasta el momento la acción es exportarlas a esas plantas que recuperan los materiales en el exterior, recuperar el valor económico de los metales y tratar la parte contaminante o enviarlas a otras provincias para que se entierren en rellenos sanitarios”.  

En la Argentina sólo hay cuatro rellenos de seguridad habilitados por el Ministerio de Ambiente de la Nación que pueden recibir residuos altamente tóxicos que tienen sistemas de contención de la contaminación y podrían recibir las pilas en desuso, pero para Fernández “el país estaría perdiendo el valor económico de esas pilas y baterías que se pierden enterrados en estos lugares”.

La percepción de los habitantes con respecto a las pilas usadas como residuos contaminantes hace que muchas veces se evite deshacerse de ellas con los residuos domiciliarios, por lo que en muchos casos son acumuladas en hogares o escuelas. Al respecto, desde Greenpeace aseguran que “esta acción, que intenta no desechar las pilas para que no encuentren su destino final en los basurales o rellenos, constituye un gran peligro”.

Hasta el momento, es la Agencia de Protección Ambiental (APRA) quien trabaja en un programa integral de gestión de pilas y baterías en desuso. La Ciudad de Buenos Aires cuenta con una guía de contenidos mínimos para los planes de gestión integral de pilas y baterías recargables agotadas, que deben ser presentados por los productores, importadores, distribuidores, intermediarios y cualquier otra persona responsable de la puesta en el mercado de pilas y baterías recargables.

En cuanto a las pilas no recargables, la APRA se encuentra trabajando en conjunto con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación en el lanzamiento de un programa de recolección nacional.

“Las tecnologías para las pilas correctamente gestionadas son dos, se las tritura y recuperan los metales para volver a hacer otras pilas, o se las inertiza y entierra en un relleno específico que pueda contener la contaminación”, afirma Fernández.

En La Plata existe desde 2012 la primera planta de reciclado de pilas del país, capaz de procesar 80 kilos de pilas por mes, equivalente al consumo de unos 8.000 habitantes. Pero esta planta, puesta en marcha por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), es experimental y no está abierta al público.

Fuentes:

  • La Legislatura porteña aprobó una ley para que las pilas sean tratadas como “residuos peligrosos” / Ámbito
  • Una ley para que los porteños se pongan las pilas / Página 12

Foro Ambiental