Pérdida y destrucción de humedales en la llanura pampeana

Estos ecosistemas, esenciales para el control de inundaciones y la contención de especies, son amenazados por el avance de los barrios privados y el negocio agrícola

 

De los veintidós sitios del país que la Convención de Ramsar (1971) considera que representan humedales de importancia internacional, más de la mitad son pretendidos para negocios inmobiliarios o rurales. Así lo han ratificado más de un centenar de científicos durante el “Congreso de ecología y manejo de ecosistemas acuáticos pampeanos”, un encuentro que se realizó en La Plata para abordar el problema.

“La cuenca del Río Luján, del Río Salado y del Arroyo del Gato son algunos de los humedales que más síntomas de deterioro y destrucción presentan en la actualidad”, destacó Nora Gómez, la directora del Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet” (Conicet-UNLP), lugar donde se organizó el evento.

El crecimiento compulsivo de los barrios privados, los desmontes y el uso de agroquímicos, el aumento de las temperaturas y la sucesión de lluvias que ocasiona el cambio climático han sido un combo muy perjudicial para la integridad de los humedales, ecosistemas que hasta hace poco tiempo eran (erróneamente) considerados pajonales o yuyeríos.

“Los bañados de desborde de ríos y arroyos son terrenos bajos capaces de acumular y retener el agua durante las inundaciones. Constituyen uno de los distintos tipos de humedales –junto con los pantanos, ciénagas, marismas y otros ecosistemas– que realizan una contribución fundamental a la salud y el bienestar humano”, explicó Alberto Rodrígues Capítulo, uno de los principales investigadores del Instituto “Ringuelet”.

Además de controlar los excesos hídricos, otros servicios ambientales de los humedales son la depuración de las aguas, el amortiguamiento de las sequías, la regulación climática, la regeneración del suelo y la reproducción de biodiversidad.

Tiempo atrás, Rodrígues Capítulo y Gómez fueron los autores de un estudio que demostró que el bañado de la cuenca alta del Arroyo del Gato, en Abasto (Provincia de Buenos Aires), está “al límite” a raíz de la creciente y cercana presencia de invernáculos. “La cuenca media ya está complicada y la baja, en terapia intensiva”, explican.

Durante el desarrollo del congreso, los especialistas presentaron diversos informes en donde se demuestran que “el inapropiado manejo de los suelos y de los cuerpos de agua ha conducido a secar humedales y aumentar la contaminación”. Según los resultados, las principales causas se deben al avance de las urbanizaciones y el incremento en el uso de fertilizantes y pesticidas.

“El crecimiento de los barrios privados en valles aluviales o bañados aumentan la impermeabilización del suelo y contribuyen así a la desconexión del agua superficial con el agua subterránea que naturalmente los alimenta”, indicaron.

De acuerdo a los investigadores, los casos de la cuenca del Río Luján, del Río Salado y del Arroyo del Gato son ejemplos de una “creciente alteración de los cursos agua a través de canalizaciones, rectificaciones, desvinculación con el valle aluvial (valle de inundación de un curso de agua) y con el agua subterránea, e incluso la disposición de sedimentos sin un claro criterio que respete el funcionamiento de dichos cursos de agua”.

En cuanto al intenso y poco regulado uso de agroquímicos, provocado por el crecimiento que la actividad hortícola tuvo durante los últimos 15 años, los expertos coincidieron en que una de las principales consecuencias fue el aumento significativo de las concentraciones de fósforo.

“Al llegar a ríos, arroyos o lagunas, ese elemento aumenta la producción excesiva de plantas acuáticas o algas, promoviendo consecuencias negativas en los recursos bióticos (los que brinda la naturaleza y se regeneran por ley natural)”, detallaron.

Los científicos, por último, también alertaron sobre la incidencia de la pérdida de biodiversidad: “La desaparición de especies altera el funcionamiento equilibrado de los cursos de agua, disminuyendo los procesos de autodepuración y favoreciendo los de acumulación en la cadena trófica (cadena alimentaria) de compuestos contaminantes”.

Un recurso primordial del país (y del mundo)

Ramsar es un tratado internacional que actualmente está integrado por 119 países, entre ellos Argentina. Se aprobó el 2 de febrero de 1971 en la ciudad iraní de Ramsar –de ahí su nombre–, y es su función establecer políticas mundiales para la conservación y el uso racional de los humedales y sus recursos.

En Argentina, de acuerdo a datos del Ministerio de Ambiente de la Nación, los 22 sitios Ramsar ocupan un 23 por ciento del territorio nacional con una enorme diversidad biológica y climática. Esto se debe a que los humedales no sólo están en las zonas cálidas, sino que también aparecen en provincias tan alejadas entre sí como Tierra del Fuego o Jujuy.

“El área potencial que ocupan los humedales es de cerca del 23% de la superficie del país y es uno de los ecosistemas más degradados”, sostuvo el ministerio en el nuevo “Informe del Estado del Ambiente”.

Además de depurar las aguas y amortiguar inundaciones y sequías, los humedales también sirven para garantizar la supervivencia de especies animales y vegetales, por lo que son considerados grandes amortiguadores ambientales.

Desde hace un tiempo, el interés por este tipo de espacios geográficos no para de crecer. Los científicos han establecido sus funciones ecosistémicas, lo que hizo que se valoraran aún más en el marco de los debates sobre crisis ecológica y cambio climático. Pero, como contrapartida, estas revelaciones despertaron el interés del sector agropecuario (principalmente el sojero) y del privado (en algunos casos también del público) por explotar de manera económica estas tierras, que antes eran presentadas como improductivas u ociosas.

“En la Argentina la mayor parte de los sitios Ramsar presentan algún tipo de conflicto relacionado con la utilización o la tenencia de los bienes de la naturaleza, y eso plantea un desafío socioeconómico”, explicaron Sofía Astelarra, Victoria De la Cal y Diego Domínguez, investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

De acuerdo al documento oficial, “actualmente 5,6 millones de hectáreas de humedales están catalogadas como de importancia internacional”. Al igual que el Banco Mundial, el diagnóstico local sostiene que la región más afectada del país es el corredor fluvial de los ríos Paraná y Paraguay, en donde se encuentran emplazadas grandes obras hidráulicas, viales y centros urbanos.

Fuente: Foro Ambiental