Los residuos plásticos del mundo asfixian a Malasia

El país asiático se convirtió en uno de los mayores importadores a nivel mundial. La acumulación de basura, el mercado negro de los recicladores y los riesgos para la salud de los habitantes.

 

Desde que China dejó de importar las enormes cantidades de basura que recibía del extranjero, el mapa de los residuos cambió en todo el mundo. Luego de esta medida anunciada a mitades del 2018, la mayor parte de los descartes plásticos provenientes de países como Reino Unido, Estados Unidos y Japón, así como también los de la Unión Europea, pasaron a terminan en Jenjarom, una pequeña localidad malaya de 30 mil habitantes que hoy vive un calvario ambiental.

Al principio, con la intención de beneficiarse de este nuevo negocio, la industria del reciclaje de plástico ingresó en un auge sin precedentes, lo que impulsó la creación de diversas fábricas dedicadas a estas tareas. Sin embargo, paralelamente se consolidó un gigantesco mercado negro de complejos recicladores que operan ilegalmente en todo Kuala Langat, el distrito donde se encuentra Jenjarom.

“Nos envenenan poco a poco. El olor comenzó hace un tiempo, pero se volvió realmente repugnante en agosto”, dice Daniel Tay, que vive en Jenjarom y casi todas las noches debe soportar el olor acre de las fundidoras, “como si se quemara goma”, y dificultades para respirar.

Podría haber sido cualquier ciudad, pero la proximidad Jenjarom con Port Klang, el puerto más grande de Malasia y punto de entrada para la mayoría de las importaciones de plástico del país, convirtió a Jenjarom en un “punto estratégico” y el destino de unas 754.000 toneladas de desechos plásticos tras la prohibición china.

Pasaron meses antes de que los residentes se enteraran de que viven asediados por un enorme mercado clandestino de reciclaje de plásticos. Como la mayoría de sus vecinos, Tay lo descubrió cuando los malestares corporales aparecieron. “Comencé a sentirme enfermo y a toser. Me enojé mucho cuando descubrí que era por culpa de las fábricas”, relata.

Los residuos plásticos se suelen reciclar en forma de pellets, que luego pueden usarse para fabricar otros tipos de plástico. Pero no todo el plástico se puede reciclar, por lo que las plantas de reciclaje legales deben enviar plásticos no reciclables a los centros de desechos, lo que cuesta dinero. Por eso muchas plantas de reciclaje ilegales optan por deshacerse de estos plásticos de forma gratuita aunque no higiénica, como enterrándolos o quemándolos.

“No podía dormir por las noches del olor. Me convertí en un zombi, siempre estaba cansada”.

Para enfrentar la contaminación, todas las noches Tay cierra las puertas y ventanas de su casa y se preparaba para un olor insoportable. Los más afectados son los que viven más cerca de las fábricas. Ese es el caso de Belle Tan, que encontró un complejo ilegal a solo 1 kilómetro de su casa, cuyos vapores afectaron la salud de su hijo de 11 años.

“Le salió una erupción muy grande alrededor del estómago. Su piel comenzó a pelarse y le dolía al tocarla. Estaba muy preocupada por su salud, pero, ¿qué podíamos hacer? El olor estaba en todas partes”, cuenta.

No está claro si estas dolencias pueden estar directamente relacionadas con la contaminación del aire, pero según un experto la inhalación de los humos de plástico quemado podría haber tenido un impacto en su salud respiratoria.

Tong Yen Wah, profesor en el Departamento de Química y Biotecnología de la Universidad Nacional de Singapur, explica que “estos humos plásticos son cancerígenos” y “si te expones a corto plazo puedes tener problemas para respirar. Pero a largo plazo pueden causar cáncer”.

El peligro de la indiferencia

A pesar de los riesgos, son pocos los habitantes de la ciudad que se muestran preocupados por las fábricas. “La mayor parte de personas sólo están tratando de ganarse la vida. No entienden que es algo que podría estar envenenándolos lentamente”, dice Tay.

De acuerdo a la BBC, varios de los residentes de la ciudad aseguraron que habían olido los vapores pero no les habían prestado mucha atención. “Sigues oliéndolo hasta que tu cuerpo se acostumbra a ello”, bromeó un residente.

El gobierno de Malasia ha cerrado 33 fábricas, que asegura que eran ilegales. Dejaron 17.000 toneladas de basura, una cifra nada insignificante para una ciudad como Jenjarom. Muchos de estos residuos han sido recogidos por las autoridades, pero todavía hay 4.000 toneladas de plástico que permanecen al aire libre.

Esta montaña de basura se ha convertido en un vertedero improvisado. Un rápido paseo revela que muchos de los residuos plásticos provienen de países extranjeros como Japón y Reino Unido. “Estamos tratando de identificar quién es el propietario del terreno pero todavía seguimos investigando”, afirmó la ministra de Vivienda y Gobierno Local Zuraida Kamaruddin.

El estado de Selangor ha intentado subastar la tierra en vano. “Nadie lo quiere porque está muy contaminado”, reconoce Yeo Bee Yin, Ministra de Energía, Tecnología, Ciencia, Medio Ambiente y Cambio Climático.

La ministra afirma que existen varias opciones para disponer de la basura. La más viable sería enviar los residuos a una planta de cemento, que quemaría el plástico para generar calor para la caldera. Pero esta opción tendría un coste muy elevado para el gobierno.

Los platos rotos los paga Malasia

El problema del reciclaje ilegal de plástico en Malasia se extiende más allá de Jenjarom, una ciudad caracterizada por tener una gran comunidad budista y una fuerte industria de producción de aceite de palma pero que también ha sufrido varios males sociales, como el gangsterismo, los juegos de azar, la trata de personas y el tráfico de drogas.

“Muchos de estos operadores de fábricas ilegales alquilan la tierra a terratenientes locales y establecen fábricas muy básicas”, dice Ng Sze Han, un concejal local de Selangor. “Cuando descubrimos estas fábricas ilegales salen huyendo, así que aunque las cerremos abren más en otras partes de Malasia”, continúa.

Ng Sze Han revela que ha recibido llamadas de funcionarios en Johor y Negeri Sembilan- otros estados de Malasia que aseguran que fábricas ilegales también han comenzado a aparecer en sus áreas. Según él, es poco probable que el problema del reciclaje ilegal se resuelva de manera efectiva sin una prohibición total del plástico. Pero es poco probable que esto suceda.

La ministra de Vivienda y Gobierno Local Zuraida Kamaruddin explica que el gobierno inicialmente había considerado prohibir el uso del plástico, pero “después de estudiar la situación nos dimos cuenta de que tenía mucho potencial económico para Malasia”.

En su lugar, Kamaruddin afirma que se están imponiendo normas más estrictas a los importadores de plásticos: ahora tendrán que cumplir con unos nuevos criterios antes de poder obtener un permiso de aprobación para importar residuos de plástico.

Pero este problema es realmente global, ya que la historia de Jenjarom revela que hay un fallo enorme en el sistema de reciclaje de plástico. Los desechos y desperdicios de plástico tienen su propio código de comercio internacional – HS3915. Pero lo que este código no tiene en cuenta es si los desechos que se importan son de buena calidad o están contaminados, ya que no hay forma de saberlo a menos que alguien los revise manualmente.

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en 2017 reconoció que es común que los residuos plásticos mixtos se oculten con el plástico limpio. Lo que se necesita, dice la ministra Yeo, es un sistema de etiquetado adecuado que sea capaz de tener en cuenta esta distinción. De lo contrario, es solo una cuestión de tiempo antes de que otras ciudades en Malasia, o incluso del resto del mundo, se conviertan en el próximo Jenjarom.

Fuentes:

  • Contaminación por plástico: la ciudad asolada por 17.000 toneladas de basura que llega de todo el mundo / BBC

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