Los recicladores urbanos y su papel esencial en la cadena de valor de la industria del reciclaje

Por muchas décadas fueron invisibilizados, pero desde que la necesidad de recuperar los residuos se sumó a la agenda internacional, ha comenzado a reconocerse el valor de su trabajo.

 

Históricamente, la ocupación de los recicladores callejeros o urbanos, ha estado asociada a condiciones precarias y bajos ingresos. Sin embargo, desde que el reciclaje de la basura comenzó a ser considerado un factor esencial para mejorar el bienestar del medio ambiente y la calidad de vida en las ciudades, su reputación ha cobrado otro reconocimiento.

Durante el pasado 13 y 14 de marzo, la Cumbre Latinoamérica Recicla reunió en Bogotá a gobiernos, empresas, organismos multilaterales de crédito y recicladores de más de 20 países del continente y el Caribe para debatir sobre los desafíos que supone avanzar hacia el reciclaje inclusivo en tiempos de economía circular y pensando en esquemas de gestión de residuos sólidos desde la perspectiva del reciclador.

“En América Latina llegamos muy tarde a la gestión sostenible de recursos sólidos. Nuestro propósito no puede ser solo limpiar las ciudades, sino convertir la basura en un insumo con valor para la economía y un activo para la sociedad. En el caso de América Latina, que tiene recicladores de oficio, hacerlo con ellos porque, además, son la principal fuente de material reciclable para la industria transformadora”, dice Ricardo Valencia, director estratégico de la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR) una alianza entre la Fundación Avina, la división de Agua y saneamiento del BID, empresas privadas, organizaciones de recicladores y el FOMIN, laboratorio de innovación del Grupo BID.

El reciclaje informal en América Latina ha ganado reconocimiento gracias al empuje de las organizaciones integradas en la Red Latinoamericana de Recicladores (Red Lacre), que desde hace años vienen fortaleciéndose, reivindicando derechos e incidiendo en la construcción de políticas públicas. Hoy, un millón y medio de personas, según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se dedican al reciclaje informal en las calles.

Gracias a su empoderamiento, los recicladores pasaron de estar asociados con tareas de poca monta a ser unos de los mayores aliados para el desarrollo sostenible, con un papel esencial en la cadena de valor de la industria del reciclaje. Fueron invisibles hasta que muchas ciudades latinoamericanas se empezaron a dar cuenta de la importancia del reciclaje.

El presidente de la Fundación Avina, Sean McKaughan, da cuenta de este proceso y sostiene que los recicladores se han adelantado a un mundo que recién ahora muestra interés por darle nuevos usos a los residuos, cuya acumulación cada vez trae más dolores de cabeza a los países.  

“Hubo que empezar a trabajar con los recicladores porque eran los únicos que ya lo estaban haciendo, pero eso requiere acompañar a sus organizaciones para que hagan el tránsito exitoso de sus condiciones de informalidad y vulnerabilidad a condiciones de prestadores de servicio: No es un camino fácil”, afirma McKaughan.

Hacia un reciclaje inclusivo

Tras estar postergado por tanto tiempo, el mejoramiento de las condiciones dignas para la recuperación de los residuos ha empezado a abrirse camino en América Latina. Perú y Brasil fueron los primeros países de la región en aprobar leyes nacionales de aprovechamiento de residuos sólidos que reconocía como prestadores de un servicio público a los recicladores. Luego, Colombia, Chile y Argentina, hicieron lo mismo.

Para la Fundación Avina, la expectativa a medio plazo es que al menos 10 grandes ciudades y 150 municipios más pequeños de Latinoamérica implementen reciclaje inclusivo en sus sistemas de gestión de residuos. Bogotá, Buenos Aires o Sao Paulo ya lo hicieron y se consideran las urbes que más han avanzado en la inclusión de sus recicladores impulsando normativas que los reconoce legalmente y les retribuye para que mejoren sus ingresos por la venta de los materiales que recolectan.

En la capital Argentina, los recicladores provienen de barrios precarios y están fuertemente representados por la Federación de Cartoneros y Recicladores de Argentina, que nuclea 70 cooperativas de cartoneros y recicladores de todo el país. Aunque es difícil precisar con exactitud el número, se estima que hay unos 4.500 recuperadores que trabajan en cooperativas, dentro del sistema creado por el gobierno porteño, que están identificados con pecheras y cuentan con camiones, y otros 3.500 que son cuentapropistas y suelen trabajar en condiciones informales.

Otras localidades más pequeñas también tienen modelos de gestión de residuos con inclusión y se han convertido en referentes. Es el caso de las brasileñas de Londrina y Bello Horizonte, de Cuenca en Ecuador o de Peñalolén, en la zona metropolitana de Santiago de Chile. Todas ellas presentaron su modelo en la cumbre.

Desde el BID comparten esta visión del reciclaje inclusivo y apoyan sus procesos. “Lo primero es visibilizar al reciclador como un actor central de la gestión de residuos sólidos en América Latina y dar a conocer que hay casos donde la inclusión de los recicladores ha dado buenos resultados y que pueden ser parte de la solución. En este sentido, hay que seguir identificando políticas públicas y del sector privado para generar estos esquemas de integración”, indica Germán Sturzenegger, especialista social de la unidad de aguas y saneamiento del BID.

Una región que avanza con contrastes

América Latina empezó a entender que la gestión de residuos sólidos debía ser una prioridad y ha avanzado en la promulgación de reglamentaciones que avalen esa dirección. Los países más adelantados son Argentina, Chile, México, Colombia y Brasil. En el lado opuesto, Nicaragua o Guatemala, donde el sitio de disposición final de los residuos suele ser el vertedero. La fotografía del continente en esta materia es muy dispar porque cada país y ciudad puede mostrar realidades muy dispares.

En recolección general de residuos sólidos, explica Sturzenegger, “la región está relativamente bien con un porcentaje del 80% de promedio, pero apenas han empezado a transitar el camino de la recolección diferenciada, de lo húmedo versus lo seco o de lo no reciclable versus lo reciclable”.

América Latina, sin embargo, tiene un gran déficit y es la disposición final. El especialista detalla que “el 50% aproximado de sus residuos está yendo a lugares no adecuados como vertederos o basurales a cielo abierto y eso tiene un riesgo ambiental y de salud muy grande. Afortunadamente, hay planes nacionales y regionales que estamos apoyando para el cierre de vertederos no controlados y la construcción de rellenos sanitarios”.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 80% de la población del continente vive en ciudades, lo que representa altos niveles de consumo y una gran generación de residuos.

Se ha empezado a hablar de la necesidad de transformar modelos productivos lineales de extraer, producir y desechar para pasar a un modelo de economía circular basado en reducir, reutilizar y reciclar, pero la realidad es que los ciudadanos apenas separan sus residuos. El BID, por su parte, agrega que solo se recupera un 5% de la basura y el 80% de esta cantidad lo hacen los recicladores. El resto, un 95%, acaba en rellenos sanitarios, vertederos o en el mar.

El aprovechamiento energético de los residuos en el continente, por otro lado, es escaso o prácticamente nulo. Lo mismo ocurre con el reciclaje orgánico, desperdiciándose además mucha comida. Precisamente, el BID presentó en La Cumbre su programa Sin desperdicio sobre la importancia de reducir las pérdidas  de alimentos a lo largo de la cadena alimenticia.

Sí hay muchas empresas innovadoras latinoamericanas que trabajan en la línea de no generar residuos o garantizar su total recuperación o reciclaje, pero son muchísimas más las que generan desechos de todo tipo y no reciclan. Solo algunos países como Chile tienen leyes de responsabilidad extendida al productor y de fomento del reciclaje que obliga a las empresas a hacerse cargo de sus residuos. “A mucha gente, especialmente la de mayor nivel económico, lo único que le importa es que pase el camión y se lleve su bolsa de basura”, lamenta el exministro de Medio Ambiente de Chile, Pedro Badenier.

Para los recicladores, la separación de residuos en origen facilitaría mucho su trabajo. “Así no tendríamos que rebuscar entre la basura. Actualmente, de una tonelada de residuos rescatamos unos 200 kilos para reciclar. No es una ineficiencia nuestra, sino del sistema y a nosotros nos pagan por tonelada recuperada y no por tonelada revolcada”, dice Nohora Padilla, histórica recicladora de la Asociación Nacional de Recicladores de Colombia.

El miedo de ser reemplazados por máquinas

Pese al decidido apoyo de la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo y de muchos gobiernos, los recicladores se sienten amenazados por la llegada de empresas operadoras y de nuevas tecnologías como la incineración que creen, pueda acabar con el reciclaje que llevan a cabo.

“Antes nadie nos veía, éramos como un estorbo dentro de la basura, pero hoy somos una amenaza para los grandes capitales a los que realmente no podemos hacer frente en igualdad de condiciones. El reciclaje debe seguir siendo de los recicladores, de lo contrario sabemos que el negocio de recoger y enterrar basura es muy lucrativo y no permite diseñar una política pública que genere incentivos para rescatar la mayor cantidad de materiales posibles”, asegura Padilla.

El mundo de la basura en América Latina también ha estado marcado en muchos casos por la falta de transparencia, la opacidad e intereses especulativos. Precisamente, en el marco de la cumbre, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano realizó un taller con el sugestivo nombre de investigar la basura en el que se invitaba a periodistas de la región a sumergirse en un tema tan poco explorado como es el manejo de los residuos, salpicado a menudo de ilegalidades, clientelismo político, relaciones de poder, mafias o formas de semiesclavitud.

El reconocido periodista de investigación Daniel Lizárraga, que llevó adelante la iniciativa, expresó: “Los periodistas tenemos la tarea de poner al descubierto a esas empresas que manejan los residuos y son auténticos monstruos que se resisten a los cambios”.

Fuente: El País / Foro Ambiental