El litio, la nueva obsesión de la minería en Argentina

Mientras el Gobierno busca empresas extranjeras para que exploten las reservas del país,  alertan las graves consecuencias ambientales que tiene esta industria.

 

A nivel mundial, el litio está llamado a ser el mineral del futuro, por eso muchas multinacionales de la industria ya han puesto sus ojos sobre la Argentina, que cuenta con una de las mayores reservas de la región. Utilizable en baterías (de autos o celulares, por ejemplo), medicamentos, vidrios y arcilla, así como en distintas aleaciones, el llamado “oro blanco” hoy es considerado por el Gobierno como una puerta de entrada para la llegada de nuevas inversiones al país.

Lejos de reparar en los impactos ambientales que la extracción de este recurso podría ocasionar, el ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, emitió un comunicado en donde destacó la “gran oportunidad de progreso” que este negocio significaría para Argentina, principalmente en los pueblos donde se asientan las reservas.

“La Puna tiene un gran potencial con un presente en plena actividad. El país se encamina a convertirse en uno de los mayores productores mundiales de litio. Este mineral ya atrajo inversiones cercanas a los US$ 2.000 millones, con las que se apunta a más que triplicar su producción actual, de 40.000 toneladas anuales. Incluso recientemente la empresa FMC anunció inversiones en Catamarca por otros U$S 300 millones”, enfatizó el funcionario en el escrito.

En los últimos meses el Servicio Geológico de los Estados Unidos realizó un monitoreo sobre todo el territorio argentino y determinó que las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca representan las principales zonas con litio. En otras palabras, el Ejecutivo, de esa manera, aspira a seducir a las empresas norteamericanas para que vengan a explotarlo.

“Actualmente hay dos emprendimientos en producción, de los que se extraen alrededor de 40.000 toneladas al año. Son Olaroz, de Sales de Jujuy, en Jujuy, que produce 17.500 toneladas, y Salar del Hombre Muerto, de FMC, en Catamarca, del que se obtienen 22.500 toneladas (Este último duplicará su producción en 2019). Hoy, estas cifras de producción representan el 16% del litio a nivel mundial. Argentina puede llegar hasta 130.000 toneladas al año si se avanza en los proyectos que están en desarrollo: Salar del Rincón, en Salta; Cauchari, en Jujuy; Olaroz, en Jujuy”, ratificó Aranguren en el comunicado.

Pero detrás de toda la expectativa económica que despierta, la contaminación es otra de las características que la industria del litio presenta. La extracción de este mineral tiende a afectar sitios naturales sensibles, como los salares, donde existe una biodiversidad que se altera con la presencia de operarios y máquinas que trabajan durante todo el día.

Sobre este punto, ha profundizado el Centro de Derechos Humanos y Ambiente (CEDHA) en sus investigaciones. La ONG, que nació en 1999 y cuyo principal trabajo se centra en mejorar el acceso a la justicia de víctimas de violaciones de derechos humanos producto de la degradación ambiental o a causa de la gestión no sustentable de los recursos naturales, advirtió que que si el Gobierno sigue ofreciendo los yacimientos a empresas extractivistas, afrontará graves consecuencias en el futuro.

“Los principales impactos ambientales de la extracción de litio no difieren en gran medida de la extracción de otros minerales: consumo y contaminación de agua, impactos en el paisaje, introducción de caminos de exploración en ecosistemas sensibles, instalación de infraestructura, impacto en la flora y fauna de la actividad industrial donde antes no la había, generación de residuos sólidos y químicos”, indicó el CEDHA.

El litio reacciona con el vapor de agua, con el nitrógeno, el oxígeno y en el aire. Cuando entra en contacto con el ambiente y su superficie forma carbonato de litio, nitrato de litio y hidróxido de litio. Este último, de acuerdo a la ONG, es particularmente peligroso debido a su potencialidad extremadamente corrosiva, con la que es capaz de “contaminar cursos de agua y especies acuáticas”.

“En zonas del norte argentino y chileno, en las cuales se extrae litio, zonas extremadamente áridas, el uso de agua potable para la extracción y producción del mineral es un riesgo para la sustentabilidad de la zona”, añadió el organismo.

Aunque el litio puede obtenerse de distintas fuentes, la que resulta más rentable en términos económicos es a través de las salmueras naturales, que se encuentran en los lagos salinos y en los salares. Especialmente en el Salar de Atacama (Chile), el Salar de Uyuni (Bolivia) y el Salar del Hombre Muerto (Argentina).

Los salares son cuencas cerradas, donde el agua queda almacenada de tal forma que durante miles de años distintos minerales y elementos químicos se concentran en ella. Cada uno tiene asociado un cuerpo subterráneo de salmuera que lo alimenta.

“Para llevar a cabo la extracción, la salmuera es bombeada mediante perforaciones y luego se la expone al sol para evaporar el líquido y concentrar los componentes de interés. Puede estimarse que por cada tonelada de litio extraída se evaporan alrededor de dos millones de litros de agua, clara evidencia de que la minería de litio en salares es una minería del agua”, explica el geólogo Fernando Díaz.

En cuanto a la salud, de acuerdo a estudios internacionales, si una persona recibe una dosis mayor a 20 mg por litro podría morir. En cambio, si se trata de cantidades menores a esa, puede presentar desde una intoxicación ligera hasta estados de confusión y discapacidad de la lengua.

Los trabajadores expuestos a los polvos compuestos de litio, comunes durante la extracción, a su vez, suelen verse afectados con quemaduras similares a las que produce la soda cáustica. Además, su aspiración provoca irritación en nariz y garganta, y también en los bronquios, en los casos de mayor exposición.

En Argentina, actualmente, sobran los ejemplos de lugares castigados por la contaminación  de la minería. Los derrames de cianuro de Barrick Gold en San Juan o los líquidos tóxicos que Glencore arrojó en ríos de Catamarca son sólo algunos de los casos más destacados. Es por eso que el deseo estatal de atraer empresas para explotar litio en territorios naturales, muchos de ellos protegidos por leyes, resulta irracional y vuelve a poner en vilo a las comunidades a las que podría llegar esta actividad.

Fuente: Foro Ambiental