La deforestación de la Amazonia, una verdad que Bolsonaro no quiere ver

La deforestación de la selva amazónica de Brasil aumenta a pasos agigantados. Y el hecho de que Jair Bolsonaro haya llegado al poder mucho tiene que ver. Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), agencia estatal brasileña, se arrasaron 2.254 kilómetros cuadrados de bosque tropical en julio de 2019. Es decir, un 278% superior a la del mismo periodo del año anterior. Los datos, de esta forma, confirman las consecuencias de las políticas pro extractivismos que ha ido impulsando el presidente con vehemencia durante su (aún) corto mandato. 

El INPE, en otro monitoreo, ya había informado un crecimiento del 88% de la destrucción de bosques en junio pasado respecto al mismo mes del 2018. Ambos datos datos fueron desacreditados públicamente por el presidente de Brasil y desembocaron en la destitución del titular de la institución, Ricardo Galvao. En su lugar, el Gobierno designó como responsable interino a Darcton Policarpo Damião, un oficial de la a Fuerza Aérea Brasileña (FAB).

Brasil es el hogar de más de la mitad de la biodiversidad del planeta y los científicos consideran que la protección de la Amazonia es esencial para la lucha contra el cambio climático. Y, pese a que el ritmo de tala y quema fue en aumento hace años y registró un salto del 73% entre 2012 y 2018, la degradación se ha agudizado frente a la retórica anti–ambientalista de Bolsonaro y el desmantelamiento de los programas de protección de los bosques tropicales que impulsó en favor del avance de la frontera agroindustrial y proyectos mineros, así como también el destrato hacia las comunidades locales. 

La pérdida ilegal de árboles en la Amazonia alcanza las 19 hectáreas por hora, de acuerdo al INPE.

Denominado como “el pulmón del planeta”, la Amazonia se encuentra en un estado crítico. Desde la amnistía a los agricultores que arrasaron ilegalmente la jungla hasta una ley que les facilitó obtener los derechos legales de terrenos que reclamaron ilegalmente y una reducción de las inspecciones ambientales en la región, son otras de las causas. Además, según un reciente estudio liderado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en inglés) de Brasil y el Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía (Imazon), se pierden en promedio 350 km2 de agua dulce superficial al año por la intervención humana, especialmente por la tala ilegal.

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Investigadores y biólogos aseguran que su estudio en Brasil “ilustra que las políticas actuales de uso de la tierra pueden afectar al clima local futuro” y agregan que “la forestación tiene el potencial de revertir los impactos de la deforestación en el clima local, especialmente en las regiones tropicales y templadas”.

Durante un evento de concesionarias de automóviles reciente en Sao Paulo, Bolsonaro irónicamente se autodenominó «Capitán Motosierra» al comentar sobre la forma en que la liberación de cifras de deforestación «inexactas» por parte del INPE repercute en el extranjero. El excapitán del Ejército también se burló de sus homólogos Emmanuel Macron de Francia y Angela Merkel de Alemania por interrogarlo sobre la situación de la selva amazónica.  

El acecho de la industria petrolera 

Como si fuera poco, el fomento a la explotación de petróleo en la desembocadura del río Amazonia también podría hacer realidad en medio de este debilitamiento de las políticas ambientales en Brasil, luego de que el ministro de Infraestructura de Bolsonaro, Tarcísio de Freitas, se manifestara públicamente a su favor.

“¿Por qué no podemos explotar el petróleo en la desembocadura del Amazonas si Guyana, al lado, está explotando?”, preguntó el ministro durante una cena organizada por el periódico digital 360, tras criticar la demora de las autoridades ambientales para permitir la extracción de petróleo.

En diciembre del 2018, el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ibama) rechazó la licencia solicitada por de la petrolera francesa Total para explotar la región, argumentando que cualquier fuga podría afectar la biodiversidad marina y los arrecifes. “Estamos condenando parcelas de nuestra sociedad a la pobreza, al subdesarrollo”, señaló Freitas, quien dijo que “el pozo de petróleo solo va a generar riqueza para el brasileño si es explotado”.

Fuentes:

– Foro Ambiental

– EFE

– ABC