Involucrar a las comunidades de forma sustentable para conservar los humedales.

Los humedales son áreas con un gran calibre de vida silvestre que suelen permanecer intermitente o permanentemente saturadas de agua. Pueden ser pastizales inundables, bosques sumergidos, esteros, zonas costeras y lagunas entre otros. Son el hogar de múltiples especies cuya vida depende y se retroalimenta de los humedales, incluyendo a los humanos. También es el hogar momentáneo de muchas especies que se desplazan a estas áreas por determinado tiempo.

Su rol y presencia es fundamental para evitar inundaciones, regular y purificar el agua,  proveer diferentes recursos, mitigar el cambio climático y preservar incontables especies animales y vegetales en peligro de extinción. Forman parte vital del desarrollo humano porque además de ser otro tipo de almacenaje hídrico nos proveen el mayor número de bienes y servicios claves para nuestra productividad.

Sin embargo, hoy en día su crecimiento es casi nulo y su extensión y calidad cada vez menores. En base a lo informado en la 12° Conferencia de Partes de la Convención sobre los Humedales realizada en Uruguay (Punta del Este) en 2015, la extensión global de los humedales disminuyó entre 64 y 71% en el siglo veinte. 

Argentina no se queda afuera. “Durante años fueron vistos como tierras improductivas y su valor no era reconocido en nuestro país, solo eran y aún son entendidos como parte de intereses sectoriales en pugna de la mano de una mirada de corto plazo de un particular sobre el bien común de la población”, explica Patricia Kandus, bióloga de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

El objetivo totalmente inadecuado de transformar los humedales en espacios aptos para la ganadería, activando obras de canalización, terraplenes y endicamientos, dio lugar en las últimas décadas a su fragmentación, pérdida y desaparición a causa del mal aprovechamiento.

Los efectos de estas acciones son claros: Los suelos ahora absorben mucho menos, se alteró el régimen hidrológico, se incrementaron las inundaciones a causa del escurrimiento modificado y la biodiversidad (animal y vegetal en su gran mayoría) vinculada a los ambientes húmedos desapareció.

A partir del acceso a la información y comprensión sobre estos ecosistemas, el punto de vista acerca ha cambiado y la preocupación social empieza a cumplir un rol conservacionista. “Es importante pensar los humedales incorporándolos a la discusión con las comunidades en cada lugar, para poder realizar actividades sustentables pero a su vez poder conservarlos”, enfatiza la bióloga.

Por eso, la creación de inventarios facilita y suma valor a su preservación, cuidado y seguimiento de cerca. Además permite planificar el uso desde una mirada sustentable evitando sufran transformaciones. Actualmente se está poniendo a prueba este tipo de acciones en los Esteros del Iberá, Corrientes, donde se están reintroduciendo especies animales que antes del fuerte desequilibrio ambiental eran autóctonas del sector, como el yaguareté. 

“En el marco de un ordenamiento del territorio, es la sociedad la que debe discutir y decidir cómo gestionar los humedales para conservar sus funciones, qué actividades productivas hacer, quiénes las llevarán a cabo, dónde y de qué modo desplegarlas a largo plazo sin intervenciones negativas”, concluye Kandus.

Fuente:
– infobae

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