“Crece desde el pie”: la producción agroecológica y comunitaria dice presente en Mendoza

“Compro acá porque sé que es verdura sana y segura”, dice alegre doña Virginia Arreagada, que ya cargó su bolso con zapallos y acelgas para el almuerzo. “Les quedó hermoso el negocio chicos, yo los sigo a donde vayan”, acota la mujer antes de salir del nuevo almacén de “Crece desde el pie”, una cooperativa radicada en la localidad mendocina La Consulta, que se dedica a la producción y venta de alimentos agroecológicos, es decir, libres de todo tipo de transgénicos y agroquímicos entre otros beneficios.

“Tener el local es muy importante porque es otro canal para comercializar nuestros productos. Esto significa un aporte para nuestros trabajos, pero además poder abastecer de estos alimentos que son sanos a nuestra comunidad, crea un vínculo con los consumidores evitando los intermediarios”, expresa Alejandrina Zotelo, representante de la organización.

En el interior de este local, que es abastecido por más de 100 agricultores y emprendedores artesanales de las regiones que comprenden todo el Valle de Uco, el clima que se respira no solo que es ecológico sino también familiar. Los clientes son llamados por su nombre y la relación allí es mucho más que comercial: se intercambian recetas, mates y hasta consejos prácticos de cómo cultivar de forma responsable y sustentable, respetando los ciclos de la naturaleza y descartando la mirada empresarial, como lo indican los principios de la agroecología.

Otras de las particularidades de “Crece desde el pie”, cuyos jóvenes integrantes a menudo suelen organizar ferias, es que figuras como la del jefe o el distribuidor intermediario no existen. Los vinos caseros, las hortalizas recién cosechadas, las conservas, los frutos secos, los dulces, los huevos caseros, los productos desecados, los panificados, las aromáticas, todo lo que se ofrece en el negocio de esta cooperativa es producido por sus propios integrantes, quienes apuestan al trabajo autogestivo y a la soberanía alimentaria.

“Nosotros realizamos tareas con una lógica de trabajo colectivo, sin patrón, y apostamos a la producción de alimentos sanos”, añade Zotelo.

Como la canción del uruguayo Alfredo Zitarrosa, esta asociación nació hace años y ha ido sumando gente de distintos sectores de los departamentos de San Carlos y Tunuyán, que con su trabajo comunitario quieren demostrar que otro tipo de economía es posible.

La mayoría de los clientes que acompaña a este grupo de jóvenes permanecen desde cuando improvisaban un puesto en la calle, frente a la “FM de Pedro”, antes de inaugurar el nuevo almacén. “La gente ya nos conoce. Ahora estamos todos los días, antes debían esperar a los sábados”, comenta Rodrigo Venturín, otro de los referentes del colectivo.

Hoy son cerca de cien familias valletanas las que viven de su producción dentro de “Crece desde el pie”. Los huerteros, los jóvenes agroecológicos, los del vino, el grupo de los jugos orgánicos, las chicas del galpón de ajo y deshidratados, el criadero de gallinas ponedoras en Campo Los Andes y los de las nueces y conservas de Villa Seca, son algunos de los grupos que se reúnen en asamblea y definen las políticas de la organización.

“Nos organizamos en distintas comisiones y hacemos reuniones periódicas para tomar las decisiones como grupo. Todos aportamos y nos autoayudamos. También, hay cooperativas de vivienda, los puesteros del Yaucha y un merendero que ayuda a los chicos de un barrio carenciado en Tunuyán”, valora Venturín.

 

Organización comunitaria

En una pequeña pizarra, se lee una prolija agenda semanal donde los distintos grupos han consignado el día y turno que le toca atender el lugar. “Así no se hace tan pesado y el negocio está siempre abierto”, explica Yamila Vargas, la comerciante del día.

La mujer siempre quiso optar por las huertas orgánicas, pero no imaginó que abrazaría este tipo de agricultura como sustento familiar. Desde hace dos años, lleva junto a otras mujeres un proyecto de huertas comunitarias en tierras que les otorgó el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

“Todo se decide en grupo. Una vez al mes nos juntamos y decidimos los proyectos a seguir”, cuenta Damián Moreno, una de las cabezas de la asociación. Allí, entre todos, vieron que era necesario abrir un punto de venta en San Carlos. “Todo se precipitó a nuestro favor y pudimos alquilar este sitio”, comenta.

La organización comercializa sus productos en el país a través de la red de comercio justo y seduce a consumidores cada vez más interesados en productos sanos y elaborados fuera de la cadena industrial. Para Venturín el objetivo está claro: “Queremos seguir creciendo y que todos los grupos podamos subsistir con lo que producimos. Es nuestro aporte a la soberanía alimentaria”.

Fuente: Foro Ambiental (13.10.17)

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