El reciclado de PET en Argentina: un negocio que termina en la basura

El PET –o polietilentereftalato– es el plástico elegido para la fabricación de botellas y todo tipo de envases gracias a sus especificaciones técnicas, pese a que su costo comparativo es algo superior al de otros polímeros plásticos. Aproximadamente, tiene una vida media de 500 años pero puede reutilizarse si es sometido a un proceso de degradación química. Estos métodos han permitido desde hace décadas obtener fibras textiles a partir del PET reciclado (R-PET).

Actualmente, en la Argentina se producen y se descartan unas 200.000 toneladas anuales de envases PET. Los avances tecnológicos en los procesos de fabricación a nivel mundial permiten obtener nuevos envases con un contenido de hasta 51% de R-PET.

Sin embargo, en nuestro país solo se recupera el 20% de los residuos reciclables, debido a la inexistencia de un sistema formal eficiente que permita abastecer a las empresas del sector de suficiente material. Así lo aseguró una investigación llevada adelante por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo, que realizó entrevistas con empresas multinacionales pioneras en la elaboración de envases recuperados para bebidas.

Si bien la mayoría de los productos –por lógica del mercado– van desde el fabricante hacia el consumidor final, cada vez es mayor el flujo de productos que “vuelven atrás” por medio del reciclado o reutilización, prácticas que conforman lo que se conoce como logística inversa.

En Argentina, cada año se producen unas 14 millones de toneladas de basura, de las cuales un 14% son plásticos, principalmente PVC (Policloruro de Polivinilo) y PET (Polietileno de Teleftarato). El primero está presente en paquetes de alimentos, cortinas para la ducha y marcos de puertas y ventanas, pero no es reciclable. El segundo en cambio, es fácilmente reciclable y se usa en botellas de agua, gaseosas y envases de productos de limpieza.

Sin embargo, al no estar establecida en el país la cultura de la clasificación domiciliaria de residuos ni la recolección diferenciada, gran parte de la separación y recuperación de los materiales reciclables es realizada a través de un circuito informal mediante los recuperadores urbanos.

De las 56 empresas recicladoras de plástico registradas en Argentina, solo 15 se ocupan del PET. Sus fuentes de abastecimiento van desde las cooperativas sociales reconocidas hasta los centros de acopio informales o chatarrerías. Esto provoca falta de precio estándar de compra y venta, inexistencia de facturación y evasión impositiva.

Si se la recupera y recicla a partir de una botella de PET, se pueden fabricar fibras textiles para la confección de mantas, prendas de vestir, bolsos, alfombras, calzado, cuerdas, cepillos, escobas o nuevas botellas. Más de la mitad de los envases que se recuperan post consumo en el país, se lava y se muele para exportar a China como fibra textil. El resto es procesado para su reutilización en envases de bebidas y alimentos.

Las ventajas son múltiples. Mientras que para fabricar una tonelada de PET convencional se consumen 3,8 barriles de petróleo, si el material es reciclado sólo se usan botellas que están en el suelo, ríos, cunetas y basurales. El reciclado requiere un 70% menos de energía y emite un 59% menos de gases de invernadero, responsables en gran medida del cambio climático. Por otra parte, el reciclado reduce el volumen y los costos de disponer residuos en rellenos y basurales, y crea miles de empleos destinados a la recolección y el acopio.

El costo por kilo puede llegar a ser un 150% mayor en los circuitos formales respecto de los informales. Cuando las variables del mercado hacen que el valor del PET baje temporariamente, los recicladores informales orientan su negocio a la recolección de otros materiales en su lugar. Esto causa grandes fluctuaciones en la cadena de abastecimiento del PET post consumo y mucho material acaba en los rellenos sanitarios o ensuciando calles y cursos de agua.

 

A modo de ejemplo

Reciclar S.A., fundada en 1974, desarrolló hace cinco años, con apoyo del Ministerio de Ciencia de la Nación, un sistema que no sólo recicla las botellas, sino también las tapas, anillos de seguridad y etiquetas, para la producción de pellets, sunchos y caños de polipropileno. En su planta procesa unas 30.000 toneladas anuales (600 millones de botellas) y brinda empleo a 200 personas en forma directa y a unas 500 en forma indirecta.

Por eso, de ordenarse la actividad, se daría impulso a un sector productivo que otorga valor económico a los servicios ambientales generando fuentes de trabajo. Y de esa manera, las campañas de educación ambiental y la retribución mediante pequeños beneficios económicos o sociales serían las herramientas adecuadas para vencer la resistencia de los vecinos a acatar la obligatoriedad de clasificar sus residuos.

Fuente: Télam / El Cronista (04.04.17)

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