Los restos de poda no deberían terminar en los rellenos sanitarios

Una investigación realizada por la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) demostró que hacer compost libera 10 veces menos gases de efecto invernadero (GEIs) por año que los rellenos. Esta práctica contribuiría a mejorar el balance de GEI en nuestro país. En la Ciudad de Buenos Aires (CABA) y en el Área Metropolitana (AMBA), los desechos de los árboles podados, significan un porcentaje elevado de los desechos sólidos urbanos. Por lo general, son enterrados en rellenos sanitarios o compostados. Las dos formas  impactan de diferentes formas sobre nuestra atmósfera.

“El compostaje libera 1,55 Gg (Gigagramos) de CO2 equivalente por año, mientras que el relleno sanitario libera 16,12 Gg.”, asegura Verónica Pierini, docente de la cátedra de Edafología de la FAUBA. “El compostaje de los residuos de la poda, mejor dicho, la descomposición aeróbica (en presencia de oxígeno) de los restos orgánicos, tiene un menor impacto para el ambiente, al disponerlos en rellenos sanitarios. Nuestro trabajo demostró que la emisión de GEIs como el metano, el óxido nitroso y el dióxido de carbono se puede reducir en casi un 90% al año compostando este tipo de desechos”.

“Hay varias razones por las que no conviene disponer los residuos de la poda en rellenos sanitarios. La primera es que al enterrarlos se descomponen en anaerobiosis, es decir, en ausencia de oxígeno, y esto provoca la liberación de metano a la atmósfera, uno de los GEI más potentes”, dijo Verónica, cuya investigación fue parte de sus estudios de maestría en la Escuela para Graduados de la FAUBA y se publicó en la revista Indian Journal of Scientific Research and Technology.

En Argentina, el sector residuos, es responsable del 24% de las emisiones de metano (CH4), seguido solamente por el sector agrícola (que representa el 60%). En este mapa, los rellenos sanitarios representan hasta el 18% de las emisiones globales de metano.

“En primer lugar, existen pocos rellenos sanitarios en el área urbana y suburbana de Buenos Aires, y este tipo de residuos son muy voluminosos, ocupan mucho espacio. De hecho, representan el 6% y el 13% de todos los residuos sólidos de CABA y AMBA, respectivamente. Además, su velocidad de llenado es muy rápida, por lo cual si enterramos estos residuos que poseen gran volumen aumentamos la velocidad de llenado del relleno haciendo que se llegue en menos tiempo a la capacidad máxima de ese sitio (su colmatación). Cuando uno entierra residuos en un relleno sanitario sigue un modelo de producción-consumo lineal. En cambio, si uno composta está reciclando ese material orgánico, cerrará su ciclo y volverá a nosotros como un producto útil para abonar nuestras huertas, jardines y parques”, destacó la investigadora Pierini.

 

 

El efecto no deseado de los gases

Para continuar con las investigaciones, se realizó un estudio en la planta Complejo Ambiental Norte III, del CEAMSE, en la provincia de Buenos Aires. Ahí, se reciben mensualmente 3429 m³ de residuos de poda. Para tener una idea de los volúmenes, se podría construir un cubo compacto de 15 metros de lado, profundidad y altura cada mes. Dado que medir las emisiones de metano y CO2 para compostaje y relleno sanitario es prácticamente imposible, las estiman usando modelos propuestos por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) y la Comisión Europea.

“Si bien logramos determinar que, efectivamente, el compostaje es mejor que el relleno sanitario como sistema de manejo de residuos de poda, con los modelos también pudimos estimar que, según qué tipo de restos verdes se entierren en los rellenos, la instalación de sistemas de captación de biogás permitiría reducir a cero las emisiones desde los rellenos. Este resultado es muy importante en cuanto a la lucha contra el calentamiento global. Obviamente, su implementación siempre dependerá de otros aspectos como el económico y el técnico”, destaca Pierini, quien estuvo a cargo de la investigación, la primera de este tema en Argentina.  

Una vez ingresados a la planta de compostaje de CEAMSE, los residuos verdes se clasifican y ahí comienza el compostaje propiamente dicho. Primero en silo bolsas, después en pilas. El proceso se realiza siempre en presencia de oxígeno y en condiciones controladas. Los verdaderos actores en este lapso son las bacterias y hongos, microorganismos que degradan gran parte de la materia orgánica inicial. Al final del proceso, el compost, en su mayoría ya partículas finas, ocupa un volumen varias veces menor que al inicio y está listo para su uso.

Fuente: Sobre la tierra / Foro Ambiental. (30.03.17)

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