España apaga para siempre su central nuclear más antigua

La central nuclear de Santa María de Garoña, ubicada en la Provincia de Burgos, cierra para siempre. A pesar de que el gobierno español pretendía reactivarla, –estaba fuera de servicio desde 2012– la fuerte presión ejercida por grupos ecologistas y buena parte de los partido políticos ha generado que el oficialismo decrete su fin definitivo.

“Es el principio del fin de la energía nuclear en España”, manifestó Raquel Montón, referente de Greenpeace. La activista consideró que el parque nuclear en España está envejecido, ya que tiene una media de 33 años y con las licencias de explotación vigentes actualmente, alcanzará los 38 años.

Inaugurado en marzo de 1971, el reactor nuclear de Garoña era el más antiguo y el de menor capacidad de los siete que España tiene en operación. Debido a su permanencia en el tiempo, se convirtió en uno de los que mayor rechazo generó en el sector antinuclear, que convirtió la petición de cierre en un símbolo y logró que el mismo Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), que seis meses atrás había avalado la reapertura, terminé declinando su posición.   

Se trata de un veredicto de “sentido común e inevitable”, afirmó uno de los principales miembros de Ecologistas en Acción, Francisco Castejón, quien agregó que “había un clamor político generalizado a favor del cierre”.

El único partido que ofrecía resistencias al cierre definitivo era el oficialismo. Para el resto, en cambio, fue motivo de consenso. Tanto los opositores de Podemos y el Partido Socialista Obrero Español como ciudadanos y el Partido Nacionalista Vasco, actuales aliados del Partido Popular, celebraron la decisión final.

El adiós de la central también fue eje de una disputa interna entre Iberdrola y Endesa, las dos firmas propietarias de Nuclenor, empresa que operaba Garoña, cuyo reactor tenía una potencia instalada de 460 megavatios. De entrada, la primera firma había manifestado su voluntad de no reabrirla, mientras que la segunda prefería realizar cambios en el marco económico que hiciese el negocio nuclear más rentable.

De acuerdo al ministro de Energía, Álvaro Nadal, la decisión no repercutirá sobre el sistema energético español.  “No afectará al precio que pagan los españoles por la energía”, aseguró el funcionario, que de todos modos consideró que España aún no está lista para cerrar todo el parque nuclear, como piden los grupos ambientalistas.

Además del fuerte rechazo social que producía, otro factor que preanunciaba el cierre definitivo de la central de Garoña fue el resultado de la última subasta de energía renovable, en la que el gobierno español anunció la ampliación a 5.000 megavatios (MW) la potencia concedida sobre los 3.000 previstos. En el mercado se interpretó esta medida, como una señal de que el Gobierno pensaba rechazar el pedido de renovación.

“El cierre tenía que haberse producido hace varios años”, opinó Juan López de Uralde, portavoz de EQUO, quien añadió que “tratándose de un reactor gemelo al de Fukushima no era viable”.

La directora de SEO/BirdLife, Asunción Ruiz, por su parte, indicó que se ha adoptado “la mejor de las decisiones, con responsabilidad para el país. España tiene que apostar por las energías renovables”.

Aunque la medida final ha representado un triunfo notable para los ambientalistas, el proceso de desmantelamiento de la central atómica –en principio– será largo, ya que se calcula que durará unos 16 años. Además, desde el Gobierno ya han anunciado que el resto de las centrales en pie no son prescindibles como Garoña. El cierre progresivo del parque nuclear, por el momento, es sólo un sueño lejano.  

Fuente: Foro Ambiental (10.08.17)

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