Colectivos eléctricos sin conductor circulan por las calles de Lyon

El 2 de septiembre del 2016, Lyon se convirtió en la primera ciudad del mundo en estrenar un servicio público de autobuses autónomos y eléctricos. El proyecto, diseñado por la empresa Navya Arma, por entonces se lanzó como un experimento de un año de duración, sin embargo, gracias a su buena recepción se amplió hasta diciembre de este año.

Esta moderna línea está compuesta por dos mini-autobuses que circulan por el barrio de Confluence. Recorren una distancia de 1,35 kilómetros, con tres paradas, haciendo de enlace entre el centro comercial, donde llega la red de transporte público de la ciudad y la zona, más remota, de oficinas modernas. Circulan a unos 20 km/h –aunque pueden alcanzar los 45 km/h–. En esta fase de la prueba, prestan servicio de lunes a viernes entre las 7.30 y las 18.45, sin embargo la empresa está analizando la posibilidad de incluir el fin de semana.

De acuerdo a Pierre Soulard, responsable de movilidad urbana de la metrópolis de Lyon, una ciudad que tiene poco más de 500 mil habitantes, este sistema “ha sido una solución para los oficinistas de esa zona, debido a que antes solo contaban con un autobús que pasa cada media hora”.  

“Mucha gente elige ir a trabajar en coche por ese kilómetro de más que los separa de la parada de tranvía, nuestro principal objetivo eran esos trabajadores”, añade. Actualmente, entre 150 y 200 personas usan a diario los dos microbuses, cifra que Soulard considera “muy alentadora”.

Con casi cinco metros de largo por dos de ancho (uno naranja y otro blanco), ambos transportes cuentan con capacidad para albergar hasta 15 personas y tienen una autonomía de entre seis y ocho horas. Para entrar en funcionamiento, se recargan con un enchufe durante una hora al mediodía y durante la noche.

En su interior, todo es minimalista: no hay volante, ni asiento de conductor. Tan solo es una cabina con unas butacas reclinables en cada costado y una puerta. El techo, es una suerte de cápsula abierta con grandes ventanales a los cuatro costados, lo que le da un gran toque de confort al viaje.


El control del sistema autónomo

La actual legislación de Francia obliga a tener un operador en el vehículo cuando este circula en lugares públicos para hacer frente a cualquier imprevisto. Los autobuses de Navya Arma cuentan con un sistema de conducción de cámaras estereoscópicas, captores láser y un GPS que son controlados por un operador de la empresa. El responsable allí también tiene un pequeño joystick y un teclado de computadora, con el que maneja la apertura y el cierre de las puertas. La máquina podría hacerlo sola pero, según las autoridades, aún se necesita tiempo para recoger los datos de los pasajeros para hacer una evaluación.

“En 2050, se estima que el 70% de la población mundial vivirá en las ciudades, lo cual conlleva problemas de tráfico, de contaminación y de estacionamiento”, explica Nicolas Crémier, director de Navya.

Hasta el momento los microbuses de su empresa no han atropellado a nadie ya que disponen de una serie de sensores que inmovilizan el vehículo en caso de posible choque.

Para conseguir “adiestrar” al sistema responsable de impedir los accidentes, primero hay que realizar una fase de cartografía, en la que operarios conducen manualmente el minibus por el recorrido para dejarlo grabado en su memoria informática. Esta tarea la realizan captores LIDAR (acrónimo inglés de detección por imagen de láser), que envían rayos luminosos para registrar los obstáculos en el camino (bancos, edificios y otros tipos de mobiliario urbano).

Además,  los microbuses cuentan con un GPS de apenas dos centímetros de margen de error y captores de odometría, que registran la posición de las ruedas durante la navegación. La precisión es tal que a simple vista, tras casi seis meses de experimento, se puede ver las huellas del recorrido en el pavimento.


Un mercado en crecimiento

Un estudio de la consultora AT Kearney estima que el mercado de los vehículos autónomos será de 515 millones de dólares en 2035, lo que supone un crecimiento del 100% en 20 años (incluyendo los servicios y sistemas de seguridad asociados a los coches). Y estima que la mitad de ese mercado caerá en manos de nuevos actores, por lo que el potencial para una start up como la francesa es enorme.

Desde el lanzamiento en Lyon, la empresa ha exportado ya sus vehículos a las calles de Doha (Qatar) y de Perth (Australia) y Sion (Suiza), entre otras. También está presente en instalaciones privadas, como la central nuclear EDF de Civaux, en Francia, el aeropuerto de Christchurch, en Nueva Zelanda, o el campus de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos. En total, Navya dispone de 30 vehículos en todo el mundo, y acaba de festejar haber transportado a más de 100.000 pasajeros.

En octubre pasado, la compañía creada en 2014 aprobó una ampliación de capital de 30 millones, con la que entraron los grupos franceses Valeo y Keolis y el catarí Group8. Sus promotores están convencidos que este desarrollo es sólo el principio. Preparan ya una nueva oferta de alquiler de estos vehículos –el precio de cada minibus a la venta se estima en unos 260.000 euros– que incluirá los servicios de mantenimiento y de seguridad.

Fuente: El País (15.05.17)

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