Alimentos irradiados: vía libre a la comida nuclear

Si bien la medida fue presentada como la solución al desperdicio de alimentos –un problema que alarma a nivel global y que según la estimación de la OMS representa el 30% de la producción total de alimentos– hay otras voces que no solo manifiestan preocupación por sus implicancias en la salud, sino que además señalan la incidencia directa que esta práctica tiene sobre la posibilidad de conseguir nuestra soberanía alimentaria.

En realidad, ésta técnica se aplica en nuestro país desde 1988 pero de forma muy limitada. Se permitía únicamente en papa, cebolla, ajo, frutilla, champiñón, espárrago, especias, vegetales deshidratados y frutas secas. Desde la reciente modificación del CAA (Código Alimentario Argentino), la irradiación podrá aplicarse en una increíblemente amplia variedad de alimentos: Desde bulbos, tubérculos y raíces; hasta frutas y vegetales frescos; cereales y sus harinas; legumbres, semillas, oleaginosas y hierbas. Pero lo que ha llamado especialmente la atención es que éste método será también autorizado en alimentos de origen animal: Pescados, mariscos, aves, y carne bovina, porcina y caprina. Según Ionics, la única empresa privada en el país que realiza este procedimiento en una plata del Tigre, la carne podría conservarse sin cadena de frío durante un año, guardada en la alacena.

Entre las voces que ven esta medida con preocupación se encuentra Adriana Conta, tecnóloga en alimentos y apasionada por la alimentación en todos sus aspectos: personal, social, producción e impacto planetario. Concluyó un Posgrado en Economía Social y en Soberanía Alimentaria y actualmente es integrante de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Nutrición da la UBA.

 

¿Es seguro comer alimentos irradiados?

No y por muchas razones. La irradiación puede conducir a la formación de productos radiolíticos únicos cuyos efectos potencialmente dañinos en humanos no ha sido estudiado. Así también, los Alkyl-ciclo-butanonas (2-dDCB) son compuestos derivados de los ácidos grasos presentes en alimentos como efecto de la irradiación que según un estudio de Knoll en 2006 es claramente genotóxico en células del colon humano, como en células pre-cancerosas.

La irradiación también genera óxidos del colesterol. Estos compuestos son responsables de varios efectos no deseables sobre la salud, como citotoxicidad, mutagénesis, carcinogénesis y la formación de placas en las vías circulatorias. Si bien la irradiación no es la única vía para la formación de óxidos de colesterol, sí es una de las más importantes.

De la misma forma, la irradiación lleva a la formación de radicales libres que pueden desatar una cadena de reacciones en el cuerpo humano destruyendo antioxidantes y afectando las membranas celulares. Pero además éste proceso puede generar cepas resistentes a la radiación de Escherichia Coli y Salmonella, lo que conduciría a que este método de conservación de alimentos sea, no solamente potencialmente inefectivo, sino hasta peligroso por generar cepas resistentes de microorganismos patógenos.

La irradiación también destruye vitaminas, principalmente la B1, la C y la E. Esto ha sido demostrado en carne de cerdo irradiada, en avena, espinaca, y en frutas.

 

¿En qué se basa la Organización Mundial de la Salud (OMS) para apoyar el proceso de irradiación?

Ellos dicen que el proceso de irradiación es “probablemente inocuo” de la misma forma en que etiquetan a los agrotóxicos como “probablemente cancerígenos”. Como éstos son términos que no dan seguridad absoluta, debería aplicarse el principio precautorio.

La gran mayoría de los estudios que se realizaron sobre el proceso de irradiación se hicieron para determinar las dosis adecuadas para lograr el objetivo buscado de acuerdo al alimento en cuestión: inhibición de brotes, inactivación de enzimas o eliminación de patógenos sin inducir radioactividad en el producto. Pero pocos estudios se hicieron sobre las consecuencias en la salud. Y muchos de los que hay, siembran dudas sobre su inocuidad. Lo menos que se debería hacer son nuevos estudios, completos, independientes y suficientes para cada alimento en particular. Pero claro, esto es caro y lleva tiempo.

 

¿Qué organismo controlaría su aplicación?

El organismo de control de todos los alimentos es la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). El responsable final vendría a ser el Ministerio de Salud. El Código Alimentario Argentino en su artículo 174 de 1994 legisla sobre los aspectos generales de este proceso.

 

¿Considerás que ese control pueda ser efectivo?

No. De la misma forma en que no creo que el control sea efectivo para ningún alimento del mercado. Prueba de esto es el mismo SENASA reconociendo que las frutas y verduras están excedidas en la cantidad de agroquímicos que tienen en estado fresco.

No olvidemos que hace tan solo unos días murió una niña en Corrientes por comer una mandarina. Rocío murió por envenenamiento debido al uso de un producto prohibido como el Furadan. Su hermano se salvó a duras penas.

 

¿La irradiación evitaría el utilización de fumigantes y conservantes químicos posiblemente tóxicos o contaminantes?

Los que justifican la irradiación expresan que se usarían menos químicos en el proceso de producción de alimentos, pero no creo que sea así. Dependiendo del tipo de procesamiento podrían reducirse conservadores químicos, por la disminución de la carga microbiana, pero no en el caso de los agrotóxicos. No conozco ningún estudio que evalúe el impacto sobre la salud de un cereal fumigado e irradiado, al menos yo no sé si aparece algún compuesto residual que pueda perjudicar la salud.  

 

¿Son seguras las plantas de irradiación?

No siempre. El caso paradigmático fue el que ocurrió en 1982 en la planta International Nutronics de Dover, New Jersey, EEUU, que volcó una cantidad no determinada de solución de Cobalto-60 –un isótopo radioactivo sintético del cobalto– al sistema de desagües de la ciudad, por lo que la planta tuvo que ser clausurada.

Además hay que tener en cuenta el problema del transporte del material radioactivo, tanto el inicial para el funcionamiento de la planta, como del residual una vez terminada su vida útil. Los residuos que generan estas plantas son altamente peligrosos y todavía desconocemos los efectos sobre la seguridad ambiental –presente y futura– de estos desechos. Si bien esta tecnología ya era utilizada para fines médicos, la irradiación masiva de alimentos aumentaría los riesgos mencionados anteriormente.

 

¿Llevarán etiquetado?

Según el CAA los alimentos irradiados o aquellos que contengan componentes irradiados en una proporción que exceda el 10% del peso total y se expendan envasados deberán llevar el logo internacional “Radura” y rotularse bajo la condición de "Alimento tratado con energía ionizante" ó "Contiene componentes tratados con energía ionizante", respectivamente.

De cualquier forma, también se irradian especias, que pueden ser agregadas a los alimentos sin rótulo alguno.

 

¿La población recibe información creíble sobre el proceso de irradiación?

Las empresas que irradian alimentos pretenden instalar la irradiación como “pasteurización en frío”, pero la pasteurización es un proceso totalmente distinto que implica un calentamiento moderado seguido de un rápido enfriamiento. Las empresas comparan la irradiación con la cocción en microondas, lo cual no se sostiene. La irradiación con rayos gamma es ionizante, proceso que modifica la composición química del alimento. La radiación con microondas no es ionizante.


¿Considerás que ésta medida es una solución real para evitar el desperdicio de alimentos a nivel global?

El problema del desperdicio de alimentos es sumamente más complejo y no se soluciona con un proceso de conservación sino con políticas públicas alimentarias con respecto a producción, distribución y comercialización de alimentos. Algo que sí contempla la Soberanía Alimentaria.

Vivimos en un mundo en el que se produce aproximadamente un 30% de alimentos por encima de los necesarios para alimentar a toda la población mundial. Pero claro, esto a costa de sobreexplotar los bienes naturales. ¿Y qué hacemos con el excedente? Se lo deshecha o se lo utiliza como combustible.

1.300 millones de toneladas de alimento se desperdician globalmente al año a lo largo de toda la cadena de suministro, desde la producción agrícola inicial hasta el consumo final en los hogares. Esto también significa el desperdicio de los recursos e insumos utilizados para la producción y distribución de estos alimentos, como tierra, agua y energía, incrementando inútilmente las emisiones de gases de efecto invernadero.

En la argentina específicamente se pierden o se desperdician, accidental o intencionalmente, un kilo de comida por persona. Es vergonzoso que en un país con más del 30% de la población bajo la línea de pobreza y con casi un 5% que sufre hambre, nos demos el lujo de tirar un 12,5% de lo que se produce.

El desplazamiento de las poblaciones rurales producto de la expansión del monocultivo de soja transgénica para exportación (concentrado en unas pocas manos) y su hacinamiento en las periferias de las grandes ciudades contradice un sistema alimentario de cercanía, fresco, más nutritivo y de acceso directo con menor desperdicio de alimentos, de envases contaminantes y de gases que contribuyen al cambio climático. Claro, esto implica un cambio de paradigma en el sistema productivo y de consumo. Esto es lo que enseñamos desde la Cátedra.

 

¿Qué significa exactamente el concepto de soberanía alimentaria?

La soberanía alimentaria hace hincapié en el derecho de todos los pueblos a una alimentación suficiente, sana, nutritiva y culturalmente adecuada, como también en el derecho de definir sus propias políticas de producción sustentable, transformación, distribución equitativa y comercialización justa de alimentos.

Para dar un ejemplo: Si un agricultor familiar decide producir alimentos utilizando sus propias semillas, sin agrotóxicos, de manera sustentable y sana, no siempre puede. Si está rodeado por productores que usan el paquete tecnológico de Monsanto, las derivas y la polinización cruzada impiden que el modelo sano prospere como debería.

Y cuando uno piensa cómo resolver este problema, que preocupa a muchos científicos que practican ciencia digna y ética, vemos que es muy difícil revertir la tendencia industrial de generar mayor número de productos “innovadores”, diseñados para la conveniencia del mercado y no para la salud de la población. Las presiones empresarias concentradas patrocinan investigaciones que suelen dar resultados favorables a sus intereses.

 

¿Qué implicancias tendrá la irradiación en nuestro sistema alimentario?

La irradiación fomenta la concentración de la producción y procesamiento de alimentos en las grandes empresas que tienen la capacidad de invertir en esta tecnología. Los pequeños productores y pequeñas industrias no pueden alcanzar esta herramienta. Aun suponiendo que fuera una herramienta positiva desde el punto de vista de la salud y el medio ambiente.

Dado que la irradiación prolonga la vida útil de frutas, verduras y carnes, alienta la importación de alimentos provenientes de mercados lejanos que así pueden soportar los tiempos de transporte y almacenamiento. Esta importación perjudicaría a productores e industrias locales; y al propio comensal que se vería frente a alimentos menos nutritivos, con propiedades sensoriales alteradas y conteniendo productos potencialmente dañinos.

Existen alternativas tradicionales perfectamente viables para sostener la higiene y conservación de los alimentos. Las principales herramientas son las sostenidas por los principios de la soberanía alimentaria: consumo de alimentos frescos producidos localmente.

 

¿Qué alternativas proponés?

Invertir en mejorar la implementación de Buenas Prácticas de Manufactura en toda la cadena alimentaria, para que la inocuidad de los alimentos sea mayor, desde el origen.

Evaluar para cada alimento en particular, y no por categorías, qué consecuencias nutricionales y sobre la salud a largo plazo de la población tiene la aplicación de la irradiación.

Desalentar el consumo y la promoción de alimentos ultra procesados.

Y por último y más importante (porque habla de la necesidad de modificar un sistema) es promocionar, estimular y desarrollar las economías regionales y locales para que sean proveedores de alimentos de cercanía, preferentemente frescos o mínimamente procesados

Por: Cecilia Alfano
Fuente: Foro Ambiental (03.10.17)

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