El drama detrás del uso de agroquímicos en Argentina llega en forma de libro a Europa

Durante finales de 2014, como una forma de exponer los males que el actual modelo productivo agrícola ocasiona, el fotógrafo argentino Pablo Ernesto Piovano recorrió localidades rurales de las provincias de Entre Ríos, Chaco y Misiones para retratar a las familias afectadas por las fumigaciones con agroquímicos. Desde entonces, ese crudo proyecto bautizado “El costo humano de los agrotóxicos” recorrió el mundo y obtuvo diversas distinciones internacionales, como el prestigioso premio de la ONG británica Philip Jones Griffiths Foundation.

Según la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, una de cada cinco personas muere de cáncer en las zonas rurales de la Argentina que son expuestas sistemáticamente a los plaguicidas. Esta proporción es aún mayor en casos específicos, como por ejemplo en el pueblo entrerriano de San Salvador, donde fallecen una de cada dos. A esto se le suma que, desde hace años, un gran porcentaje de los chicos nacen con malformaciones o afecciones en la piel.

Ahora, en un nuevo paso para concientizar sobre el uso de los químicos en los campos, Kehrer Verlag, la editorial más importante de Alemania, ha decidido publicar un libro dedicado al trabajo de Piovano. La presentación se realizará durante el próximo Festival de Arlés (Francia), el certamen más grande de fotografía en Europa, que se celebra del 3 de julio al 24 de septiembre.

Debido a que la editorial no cuenta con una distribuidora en Argentina, Piovano adelantó que va a encargarse él mismo de traer ejemplares al país “para que el libro pueda estar en los lugares en donde tiene que estar. De lo contrario, quedaría circulando en Europa y no terminaría de cobrar sentido el trabajo”.

 

- ¿Cómo surgió la propuesta?

Cuando me dieron la beca el año pasado de la Fundación Manuel Rivera-Ortiz (Rochester, Nueva York), lo más fuerte fue exponer en Arlés (Francia), en un palacio de la fundación. El dueño de la editorial vio el trabajo, y hace unos meses me dijo “Pablo, vamos a hacer el libro”, y nos pusimos a trabajar. Es una apuesta de él, porque por lo general para un libro de fotografía uno tiene que poner mucho dinero.

 

- ¿Cuál es el principal objetivo de este libro?

Lo que es importante para mí es que pueda llegar a la Argentina, porque si no se queda en el espacio artístico y autoral y en realidad mi trabajo es más que eso, eso es secundario para mí cuando hay atrás una causa, una denuncia tan fuerte.

 

- Desde que hiciste la muestra de las fotografías en el Palais de Glace de la Ciudad de Buenos Aires, ¿qué tipo de repercusión notaste?

Han llegado muchos mensajes de gente que no estaba al tanto con el tema. La exposición estuvo en el corazón de Recoleta, fue raro en ese sentido, pero todo fue sumando, ya perdí el rastro de dónde viene el apoyo, porque al mismo tiempo se movió afuera.

 

- ¿Qué opinión tenés sobre la concientización ambiental en Argentina?

Es un tiempo muy desfavorable. Las corporaciones están en auge y casi nada lo puede opacar. Sin embargo, la organización popular está empezando a evidenciarse, está empezando a caminar muy despacito, y la conciencia popular se está empezando a preguntar qué sucede, con los alimentos, con la tierra.

 

- El crecimiento de los movimientos ecológicos es un aspecto que sí se ha notado.

Eso se ve, pero lo cierto es que el auge corporativo en este momento está en un punto altísimo. No sé si alguna vez la industria agrícola ha sido tan potente y letal como ahora. Leonardo Sarquís, ex gerente de Monsanto y actual ministro de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires, es un caso claro.

 

- ¿Cuánto cambió tu vida después de haber realizado “El costo humano de los agrotóxicos”?

Es una pregunta difícil, sin duda ha habido una transformación en cuanto a la relación con lo que no imaginaba que podía ser. No de una manera tan contundente, lo que veníamos hablando antes, de una catástrofe sanitaria, un problema serio que si uno no sale a verlo, quizás no puede imaginarlo.

Ver eso te mueve la consciencia, y en mí caso particular me ha puesto en un lugar de comunicador que también fue pesado, estoy respondiendo a este trabajo todo el tiempo, entonces también me ha puesto en esa responsabilidad que nunca imaginé. Como periodista uno cuenta, narra, y después siempre hay algún vocero que está trabajando en el asunto, que toma la palabra y continúa. En mi caso me ha tocado ponerme a explicar qué es lo que está sucediendo, una y otra vez. Ahora creo que empiezan a haber más voces autorizadas para hablar, médicos, sociólogos, ambientalistas.

 

- ¿Sentiste que estuviste cara a cara con la crueldad del sistema agrícola preponderante?

Este trabajo va a marcar mi vida. Mi vida personal, no solamente profesional. Este trabajo fue un acuerdo con la tierra, eso siempre lo tuve claro, y lo que fue sucediendo en el camino fue sorprendiéndome en una línea hacia el horror. Y yo sé que estar frente al dolor del otro deja algo, como cuando uno está frente al amor y a la alegría.

Entonces cuando se pulsa el dolor, cuando uno está frente al dolor del otro, no es nuestro dolor, pero si uno pulsa esa cuerda resuena en el mundo, resuena en el universo y nos llega. Por ahí cuando estás en frente lo ves con tus ojos y es más claro, pero de alguna forma ese dolor nos está resonando a todos, y de alguna manera lo que nos toca hacer, lo que me tocó hacer es ser comunicador, ser un puente de eso.

 

- Fabián Tomasi, además de protagonizar tu trabajo como víctima de los agroquímicos, se convirtió en tu amigo. ¿Sos testigo de la involución de su salud a causa de la "polineuropatía tóxica severa"?

En realidad soy testigo de la evolución de la fuerza de su voluntad. Soy testigo de la honradez que porta un hombre que da lo máximo de sí mismo. Y con la fuerza que le queda, con un dedo, a las redes sociales las usa para decir, para ponerse en un lugar en el que necesariamente es escuchado, por lo que porta como hombre. Yo tuve la suerte de tratarlo bastante, de tratar a su familia, de ver cómo es su vida.

Para mí es un ejemplo ver a alguien que está muy mal y que se ríe de todo. Fabián es un tipo que te enseña lo importante de la vida, con lo que tiene, con lo que le queda da lo máximo. Lamentablemente su cuerpo se está debilitando, pero inversamente va creciendo su voluntad, su conciencia y el poder de su palabra.

Fuente: El Federal / Foro Ambiental (10.07.17)

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