Agroecología: acompañando desde la UBA a productores que quieren cultivar sin agrotóxicos

El Programa de Extensión en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), comenzó a poner en marcha un sistema de garantías participativas que apuesta a certificar y promover prácticas agroecológicas. El proyecto –que aún está en etapa piloto e involucra a productores, docentes, estudiantes y consumidores– ya entregó reconocimientos provisorios a dos horticultores que participan de la Feria del Productor al Consumidor.

Eduardo Wright, director del Programa de Extensión que se creó en 2016, y que integra el trabajo de estudiantes y docentes de 14 cátedras de la FAUBA, explicó que “Este espacio acompaña a diferentes productores para avanzar en la producción hortícola sin el uso de agroquímicos y ofrece una certificación. Cada 15 días, cerca de 12 estudiantes y docentes visitan las quintas, organizan las tareas a realizar y hacen un seguimiento de los cultivos de manera conjunta”, afirmó.

Como resultado del trabajo, a finales de agosto pasado se entregaron los primeros dos certificados provisorios a productores que desde hace cuatro años vienen participando de la Feria de Alimentos que se lleva a cabo en la Facultad. “Fueron los primeros colaboradores de la iniciativa y estaban muy interesados”, comentó Wright.

Al respecto, el responsable del programa destacó que, a diferencia de otras certificaciones, el sistema de garantías es participativo porque lleva implícito un proceso de construcción social donde están involucrados, en este caso, la Facultad, los productores y los consumidores. “No se trata sólo de auditar, supervisar, premiar o castigar, sino de acompañar un proceso para que sea posible”, detalló Carlos Carballo, coordinador de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria (Calisa).

Los organizadores afirmaron que si bien esta experiencia se encuentra en una etapa piloto, la expectativa es crecer en el AMBA con los productores que buscan transitar un camino hacia la producción agroecológica. En este sentido, ya recibieron una fuerte demanda de la asociación Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), compuesta por familias de pequeños productores hortícolas, quienes se mostraron interesados por incorporarse al sistema.

“Hoy, a diferencia de otros momentos históricos, hay organizaciones consolidadas de productores. Ellos son conscientes de que si no avanzan en la transición agroecológica, muchos horticultores pueden quedar en el camino por cuestiones económicas y de salud, teniendo en cuenta que entre el 60 y el 70% de las hortalizas que se consumen en la Ciudad de Buenos Aires tiene un importante nivel de contaminación con químicos. El AMBA es la principal zona hortícola del país y no sólo provee a los consumidores porteños”, añadió el coordinador de Calisa.

 

En crecimiento

Estas experiencias toman relevancia en un contexto en el cual entre el 60 y el 70% de las hortalizas consumidas en la Ciudad de Buenos Aires tienen altos niveles de agroquímicos y con escaso apoyo a los que quieren producir de otra manera.

Para expandir el sistema participativo de garantías, los docentes de la FAUBA buscan el apoyo institucional y financiero de otros organismos, que puedan dar una mayor sustentabilidad al proyecto.

“Nos parece que la FAUBA tiene un rol clave en este proceso, pero para cubrir un área más importante se requiere el compromiso de otras instituciones públicas, como el INTA, el Senasa, las secretarias de producción de los municipios y el Ministerio de Asuntos Agrarios de la provincia de Buenos Aires”, afirmó Carballo.

En otros países existen iniciativas que avanzaron en el mismo sentido, siempre con un trabajo interinstitucional. Por ejemplo, la Red Ecovida involucra a 20 mil productores del sur de Brasil, con la participación de universidades, organizaciones no gubernamentales, autoridades municipales y empresas de investigación.

 

Referencias

Además de llevar adelante el Programa de Extensión en el Área Metropolitana de Buenos Aires, los alumnos de la FAUBA también mantienen un contacto activo con experiencias similares de otros países. Por ejemplo, Esther Podolak, estudiante de Ciencias Ambientales, formó parte de sistemas participativos en Francia, mientras que José Luis Zevallos Anfossi, de la Licenciatura en Economía y Administración Agrarias (LEAA), está al tanto de los trabajos que impulsan en Perú productores, técnicos y consumidores con el sector público.

Para que no quede en una experiencia aislada, Podolak sostiene que “es necesaria la participación de más instituciones como el caso brasilero, en el cual se integraron universidades, ONGs, municipios e investigadores”.

Zevallos Anfossi, en esa misma línea, añadió: “En Perú, durante las vacaciones de verano, pude realizar una práctica profesional en el Instituto de Desarrollo y Medio Ambiente (IDMA). El instituto viene trabajando con productores agroecológicos en la formación de jóvenes en medios rurales y, además, es uno de los cuatro entes que otorgan certificados en sistemas participativos de garantías en ese país. En Perú hay casi 3500 beneficiados, y desde hace seis años llevan adelante un sistema participativo de garantías con una dinámica bastante consolidada. Los mismos productores evalúan a sus pares. Los técnicos sólo se acercan por cuestiones puntuales de manejo. También se generan vínculos con los consumidores, quienes visitan las parcelas periódicamente. Se da una retroalimentación muy fuerte”, explicó.

En conclusión, el director Wright añadió que “la Facultad de Agronomía es pionera en la Argentina, pero no estamos descubriendo nada. Sabemos que no podemos solos. Las experiencias de otros países son una demostración clara de la necesidad de trabajar juntos”.

Fuente: Sobre la Tierra (12.10.17)

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