Amar la madera: en Misiones un grupo de jóvenes transforma residuos forestales en objetos de diseño

Ayudar al medio ambiente es un compromiso de tiempo completo. Se puede aplicar a todos los aspectos de nuestras vidas, incluso en nuestra forma de vestir. Con ese criterio en mente, un grupo de diseñadores de la provincia de Misiones fundó Veta, una pequeña empresa que desde hace casi tres años se dedicada a producir marcos de anteojos con residuos forestales.

“Nosotros nos encargamos de revalorizar los desechos madereros al transformarlos en productos de calidad”, destaca Ariel Gonzáles, que junto a su amiga Federica Márquez –ambos egresados de la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Nacional de Misiones– fundaron la firma.

Gonzáles sostiene que “el proyecto surge de la observación de nuestro entorno, principalmente sobre una actividad económica de la provincia de Misiones, que es la forestal. La exuberancia hace que no se les otorgue valor a nuestros recursos, y en este momento, en donde aún existe esa proliferación y diversidad de material, es donde debemos actuar como sociedad”.

En la actualidad, un 42,9 % de las exportaciones de Misiones provienen de la actividad forestal, por lo que representa el principal sustento económico de la región. Pero como ocurre con otros tipos de industrias, también genera grandes cantidades de desperdicios que no siempre son tratados como corresponde. En la provincia hay alrededor de 380 aserraderos registrados que trabajan con madera nativa, como también pequeños y medianos productores de mobiliario, deck y parquet, que no cuentan con los recursos necesarios para tratar los desechos que generan en forma sustentable.

“Veta se dedica a la recuperación de los despuntes producidos por estos pequeños productores y carpinteros, que suelen quemarlos. Estos residuos nos permiten aprovechar el recurso material al máximo, otorgándole mayor valor y reinsertándolo al mercado como un nuevo producto. A través de esto, logramos cerrar un ciclo productivo que antes permanecía abierto”, valora Márquez.

 

Además de los lentes –que suelen ser elaborados a partir de restos de laurel, lapacho, cancharana, anchico, cedro, grapia o guatambú–, la producción de Veta también apunta a fabricar otros accesorios de moda sustentables. “Estamos experimentando con fibras naturales de tacuruzú y guembé, y retázos de cuero y telas. Con estos nuevos materiales, pretendemos hacer hebillas para cintos, accesorios para prendas y marroquinería como botones, prendedores y otros similares”.

 

Producir a conciencia

Hasta hace pocos años, las sociedades tendieron a tolerar que en casi toda producción industrial se generen “ciertos” daños ambientales, ya que a cambio brindaban puestos de trabajo y hacían crecer a la economía. Sin embargo, esa manera de ver la realidad, que también contó con la complicidad de los estados, llevó a que hoy nos encontremos con un mundo sobreexplotado, donde la necesidad de reducir los niveles de contaminación y cuidar los recursos naturales pasó a ser una obligación impostergable.

“Nuestro propósito trasciende el lucro. Combinamos la rentabilidad económica con la solución a problemas sociales y ambientales como una redefinición del sentido de éxito empresarial”, manifiesta Gonzáles, al respecto.

En el caso particular de Misiones, desde la sanción de la Ley de Bosques –en 2007– el promedio anual de deforestación disminuyó en un 50%. Sin embargo, durante los años de desidia anteriores a la aplicación de la Ley, la provincia pasó de las 2.700.000 hectáreas de selva tropical a contar con 1.200.000 hectáreas en la actualidad.

 

Un proyecto a pulmón

La idea de formar Veta comenzó a fines del 2014, cuando sus creadores se pusieron a recuperar pequeños cortes de maderas para hacer patillas de anteojos en el laboratorio que la Facultad de Arte y Diseño tiene en la ciudad de Oberá.

“Casi sin herramental tallábamos los primeros modelos a mano y con trinchetas, dibujando las plantillas que nos guiaban la forma, en papeles autoadhesivos. Luego de generar los primeros modelos con dificultad y varios errores de los cuales aprendimos, presentamos el proyecto en la facultad y comenzamos un camino de experimentación. Llegamos a desarrollar más de 200 prototipos de prueba para alcanzar el producto final”, recuerdan.

Aunque Veta siempre se caracterizó por elaborar sus productos artesanalmente, con el correr de los años, sus creadores han decidido incorporar nuevos recursos, tanto naturales como tecnológicos.

“El sellado de los poros de la madera se realiza con aceites de almendras, de coco, limón u otros frutos, dependiendo el tipo de madera. Mientras que las pre-formas para el tallado se produce con tecnologías digitales CAD CAM (fabricación y diseño asistidos por computadora)”, explica Gonzáles.

Además de sus fundadores originales, el equipo que hoy conforma lo que es Veta está integrado por de Nelly Humacata, diseñadora industrial y técnica en medios audiovisuales y fotografía, y Leticia Minuzzo, estudiante de diseño industrial.  

 

 

De Oberá al mundo

A pesar de que en sus comienzos Gonzáles y Márquez aseguran que solo contaban con “un capital inicial de $70” para sustentar el proyecto, los anteojos de Veta en la actualidad no solo tienen gran aceptación a nivel nacional, sino que también se venden en países como México, España, Suiza, Italia, Australia y Brasil.  

“El mercado actual se mueve a través de las redes sociales, y el uso de la tecnología hace que llegar a cualquier rincón del planeta ya no sea tan complejo como antes. A parte, el sistema de ventas on line se encuentra tan desarrollado que nos otorga la seriedad y credibilidad necesarias para llegar a otros lugares del mundo sin mayores dificultades”, argumenta Márquez.

En la actualidad, aproximadamente el 48% de la población mundial utiliza anteojos. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año aumenta la cantidad de personas que recurre al oftalmólogo y tiene necesidad de usar anteojos.

Los precios de los lentes que producen en Veta van desde 1.600  a 2.300 pesos, dependiendo si son de sol o por receta médica. La producción de cada modelo demanda un día y luego se lo somete a un control de calidad durante una semana, antes de ser entregado a los clientes que en su mayoría, son jóvenes y profesionales.

“Para lograr emprender hay que aprender a administrar las emociones, salirse de la zona de confort, y que la incomodidad genere el movimiento necesario para tener impulso. Una vez que se está en el camino lo más importante es la perseverancia y no bajar los brazos”, concluye Márquez.

Fuente: Foro Ambiental (16.06.17)

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