Para reactivar la industria, Trump remata la política medioambiental de Estados Unidos

En plena campaña electoral, Donald Trump había catalogado el cambio climático de “cuento chino”. Es por eso que desde que el magnate tomó las riendas de la Casa Blanca, las políticas ambientalistas de EE UU  –el segundo país que más gases de efecto invernadero emite de todo el planeta– entraron en recesión.

A pesar de que se especuló con que una vez convertido en presidente sus duras posturas se flexibilizarían, Trump ratificó su negacionismo y ya comenzó a dar fuertes señales al respecto. Durante las últimas semanas pidió que se remuevan las normas que impiden volcar desechos en arroyos y ríos para impulsar la minería del carbón, y ordenó revisar los acuerdos internacionales sobre el cambio climático.


Revivir la industria a costa de la contaminación

Dentro del estado de West Virginia, Welch es una ciudad que se encuentra atravesada por un río angosto y marrón. Ese enclave de unos 2.000 habitantes en medio de las montañas había sido el principal exportador mundial de carbón. Sin embargo, el presente es muy distinto. Ahora es un lugar fantasma, con negocios tapiados, escuelas cerradas y calles desiertas.

A pesar de la decadencia, en Welch aún quedan viejos trabajadores de las minas. Uno de ellos recuerda como “buenos tiempos” a aquellos en que se les permitía a las compañías mineras verter todos los despojos de su producción en el río que tenía a sus pies. “Con las regulaciones que puso Barack Obama, ya no se puede”, se quejaba el hombre, que –como muchos– culpa a las leyes ambientales impulsadas por el anterior mandatario, de destruir a la industria y dejarlo sin empleo.

Para este trabajador, en la actualidad los apuros laborales son más prioritarios que cualquiera de las causas ambientalistas. Consultado por los controles que se les impone a las empresas para que no contaminen el agua y terminen afectando a la población, remató: “No estamos para pensar en eso ahora, eso lo podemos discutir de aquí a 50 años. Ahora precisamos trabajo”.

Durante su campaña, Donald Trump sintonizó con trabajadores como este y otros tantos en los EE.UU. que piensan que la precarización o falta de empleo es en buena parte consecuencia de las regulaciones, sobre todo las medioambientales.

Con la promesa de reactivar la industria y “hacer América grande otra vez”, el magnate llegó a ese y otros rincones olvidados del país para ofrecer respuestas sencillas a un fenómeno que es mucho más complejo. En un cambio radical, hoy Estados Unidos apunta a volver a ese pasado “dorado” donde el carbón y el acero eran los reyes y donde no existían leyes “verdes” que limiten a los empresarios.


No fueron falsas las promesas

Una vez llegado al poder, Trump comenzó a ratificar sus dichos de campaña. A fines de febrero ordenó a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) desmembrar la política medioambiental de su predecesor: revisar una norma de 2015 que da autoridad al Gobierno federal para limitar la contaminación en las distintas masas de agua del país, como el río Misisipi, pero también en otras más pequeñas, como arroyos no navegables o pantanos. Si la orden prospera, las mineras podrían volver a tirar sus desperdicios tóxicos al río que atraviesa la ciudad de Welch. Y esto es sólo un ejemplo.

A raíz de la reconfiguración del mapa ambiental que impone el nuevo gobierno, ese distrito –que votó masivamente por Trump– hoy estará esperanzado con volver al auge laboral de año anteriores, sin embargo, existe una enorme preocupación entre los ecologistas.

Desde enero, el nuevo titular de la EPA, es nada más y nada menos que Scott Pruitt. Un hombre que ha negado la existencia del cambio climático y ha luchado inclaudicablemente en su carrera para remover las regulaciones; incluso pretendió la extinción del organismo que él ahora dirige. Una filtración de 6.000 mails de cuando era fiscal de Oklahoma revela sus vínculos estrechos con compañías petroleras y eléctricas.

Con respecto a la intención de quitar los monitoreos de contaminación a las industrias, Pruitt sostuvo: “Al dar este paso, la EPA demuestra que tomamos estas preocupaciones seriamente y estamos comprometidos con fortalecer nuestra asociación con los estados. La acción reducirá las cargas en las empresas”.

Pero esto no es todo. Según el New York Times, Trump también prevé firmar en breve un decreto similar en el que pedirá a la EPA que comience el proceso de revisión y retirada de la regulación más importante sobre cambio climático que hizo Obama.

Se trata del plan que el ex presidente finalizó en 2015 con el fin de rebajar las emisiones de las plantas termoeléctricas de EE.UU. en un 32 por ciento en 2030 con respecto de los niveles de 2005. Este compromiso permitió al Gobierno estadounidense liderar las negociaciones para el acuerdo global sobre cambio climático de 2015 en París.

En el seno de la Casa Blanca, los más extremistas del gabinete presionan para retirarse directamente de ese tratado mundial, una tarea que legalmente no es sencilla. Sin embargo, esta intención cuenta con una fuerte traba: la influyente hija del presidente. Ivanka, por ahora, está a favor de no patear el tablero verde.

Según revelaciones del The Washington Post, Trump buscaba recortar un 17 por ciento del presupuesto de una de las agencias clave, como la National Oceanic and Atmospheric Administration, y un 5 por ciento al National Marine Fisheries Service and National Weather Service. Además, la EPA acaba de anunciar que las compañías que explotan petróleo y gas ya no tendrán la obligación de reportar las emisiones de metano que lanzan a la atmósfera.

Guy Edwards, co-director del Climate and Development Lab de la Brown University, dijo que “el presidente ha calificado al cambio climático como un engaño y ha llenado su gabinete de defensores de los combustibles fósiles y de escépticos del calentamiento global”.

El especialista, agregó: ”Está empeñado en romper con el legado de Obama e impulsar nuevos proyectos de combustibles fósiles, entre ellos los gasoductos Keystone XL y Dakota Access, que Obama bloqueó, en parte debido a las preocupaciones sobre cómo contribuirían al cambio climático”.

Si bien Trump justifica el desmantelamiento de las regulaciones en aras del empleo, para Edwards es una ilusión. “Estos recortes pueden conducir a ganancias a corto plazo para los negocios, pero mirando a largo plazo debemos proteger el medio ambiente para garantizar nuestra prosperidad futura”, apuntó.

Para Peter Jacques, co-director de Florida Climate, podrían existir algunas trabas en el camino de Trump. “El presidente se verá enfrentado a obstáculos legales que podrán complicarle las cosas. Por ejemplo, ha dicho que quiere retirarse del acuerdo sobre el clima de París, pero eso requiere un proceso de 4 años y hay fuerzas en el círculo de la Casa Blanca que se preocupan por la consecuencias legales del abandono del acuerdo”, resaltó.

El experto advierte un riesgo adicional: “Trump y su gabinete pueden solidificar, hacer crecer e inspirar la oposición a las ciencias medioambientales. El anti-ambientalismo que marca esta administración se basa más en cuestiones emocionales de sus partidarios y no en hechos concretos. Muchas de sus acciones son simbólicas desde el impacto emocional”.

Fuente: Clarín / Foro Ambiental (08.03.17)

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