Geoingeniería: los riesgos de querer manipular el clima

Altos funcionarios del gobierno de Trump son partidarios del uso de tecnologías experimentales para controlar los efectos del calentamiento global. Muchas de ellas fueron diseñadas para utilizar al clima como arma

 

Blanquear las nubes para reflejar la luz solar o utilizar un absorbente químico para atrapar el dióxido de carbono y luego enterrarlo en tanques bajo la tierra. Esas son algunas propuestas que, en la batalla contra el calentamiento global, buscan utilizar tecnología para manipular el clima.

Este tipo de técnicas para la manipulación del clima –englobadas dentro de lo que se conoce como geoingeniería– surgieron del ámbito militar. En tiempos no muy remotos en los que se pensó en utilizar al clima como arma. Pero desde hace varios años, la geoingeniería ha sido retomada por universidades como Harvard, petroleras como Exxon y fundaciones como la del empresario informático Bill Gates.

Las técnicas propuestas son muchas. A modo de ejemplo: la fertilización oceánica virtiendo nutrientes para que crezca fitoplancton que, en teoría, absorberá luego el dióxido de carbono. La captura mecánica de gases. Sembrado nubes para cambiar los patrones de precipitación. O combinar minerales calcificantes con CO2 para obtener un producto similar al cemento y emplearlo en la construcción.

Otras propuestas: la gestión de la radiación solar, mediante la inyección estratosférica de aerosoles, el blanqueamiento de las nubes marinas para que reflejen la luz o el adelgazamiento de nubes cirrus para que el calor pueda escapar hacia el espacio. Y hay más; hacer plantaciones de monocultivos alterados genéticamente para que reboten los rayos solares.

Sin embargo, el uso de cualquiera de estas tecnologías está prohibido por una moratoria. Los 193 países que forman parte del Convenio Sobre Diversidad Biológica, reafirmaron el año pasado el no uso de estos métodos para controlar el clima. Pero la llegada de Donald Trump al poder podría cambiar las cosas.

Además de desarticular las medidas más importantes aprobadas durante la gestión anterior para luchar contra el cambio climático y de salirse del Acuerdo de París, el presidente norteamericano y su equipo han sido grandes impulsores de la geoingeniería solar (la manipulación de la radiación a través del uso de sustancias como dióxido de azufre, aluminio o carbonato cálcico) y han anunciado que pondrán esta práctica en marcha a partir del 2018.

Los impulsores de la geoingeniería ocupan posiciones estratégicas en el gobierno de Estados Unidos. El propio secretario de estado, Rex Tillerson, quien además es director ejecutivo de la petrolera Exxon Mobile, es un abierto defensor de la geoingeniería.

Para muchos lo más grave es que sea un gobierno como el de Trump, el depositario del poder de cambiar el clima a escala global. Raymound Pierrehumber, profesor de física de la universidad de Oxford escribió: “ya bastante malo es el hecho de que Trump tenga en sus manos los códigos de lanzamientos de las armas nucleares. ¿Realmente queremos dale a alguien como él las herramientas para cambiar el clima del mundo?”

La organización Action Group on Erosion, Technology and Concentration (Grupo ETC), que tiene reconocimiento consultivo ante la ONU, acusa que este tipo de tecnologías no sólo “no pretenden influir en la concentración de gases de efecto invernadero, que es la causa física del cambio climático”, sino que pueden implicar un riesgo mayor, pues no se conocen a fondo las consecuencias de su implementación.

¿Por qué en Latinoamérica no hay un debate más extendido sobre este tema?

“Porque estas discusiones están en las grandes instituciones anglosajonas, en enclaves de científicos. La inequidad del debate también es muy grave. Yo creo no hay suficiente conciencia en América Latina sobre el peligro de estas tecnologías”, dice, Simone Lovera, de la organización Coalición Global de Bosques.

La activista insiste en que hay otras soluciones, muy básicas, como el uso de las bicicletas, bajar el consumo de carne o detener la deforestación. “No se necesitan tecnologías tan complicadas para solucionar el cambio climático. Es falso que necesitamos una tecnología con tantos riesgos y con tanta inversión de plata”.

Nele Marien, encargada de bosques de la organización Amigos de la Tierra, también apuesta por soluciones más simples y menos riesgosas: “Necesitamos parar todo tipo de emisión que no sea necesaria para el bienestar básico de los pueblos. La agricultura industrial causa muchas emisiones por las formas de producción y por las grandes distancias que viajan los alimentos. Necesitamos movernos de un sistema alimenticio global a uno local”.

¿De verdad es posible cambiar ese sistema alimenticio?

Es posible. Pero en la esfera de la política las cosas parecen avanzar en otra dirección.

Fuente: Foro Ambiental