El impacto ambiental y social de la quema de residuos en la Ciudad

Por pedido del gobierno porteño, la basura volverá a ser destinada a la combustión. Duras críticas y amplio rechazo de ambientalistas, cartoneros y opositores.

 

Parece una pesadilla pero no. La incineración de residuos fue aprobada en la Ciudad de Buenos Aires y ha devuelto problemas que habían quedado atrás. Esta práctica, que obligó a la modificación de la Ley de Basura Cero, no sólo es una medida rezagada y contaminante, también podría dejar sin trabajo a unos 10 mil cartoneros que hasta ahora participaban de la economía circular del reciclado.
“Además de generar un fuerte impacto ambiental, los programas de recolección diferenciada de residuos estarán seriamente amenazados porque el material que recuperan los cartoneros será combustible para los incineradores”, planteó Juan Grabois, de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP).

En la Ciudad de Buenos Aires, actualmente, hay unos 6 mil trabajadores que están registrados en el sistema oficial de recuperación de residuos. A estos se le suman otros 4 mil que son cuentapropistas y suelen trabajar en condiciones informales. En promedio, cada uno recicla hasta 100 kilos diarios de basura.
De acuerdo al Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), que nuclea a recuperadores urbanos de todo el país, la medida también generará un daño colateral sobre sectores de la industria vinculados al reciclaje, por lo que estima que hasta unas 20 mil personas podrían ver limitada o perdida su fuente de trabajo.
“Estamos en contra primero por un tema de impacto ambiental, fundamentalmente. Y segundo porque atenta contra nuestra fuente laboral. Es condenar al hambre y a la exclusión social a miles de personas”, aseguró María Ramis, de la Cooperativa del Oeste, una de las 12 que se agrupan en CTEP.

El proyecto impulsado por el gobierno porteño (que fue aprobado por los votos del PRO y los de los diputados de Elisa Carrió y Margarita Stolbizer) contempla la instalación de siete plantas de termovalorización, donde la quema de residuos se transforma en electricidad y calefacción. Pese a que pusieron de ejemplo a ciudades europeas como París o Ámsterdam, que aún cuentan con estos sistemas, el oficialismo omitió que la Unión Europea tiene como meta eliminar la incineración de materiales reciclables en el 2020.

“El verdadero ejemplo que el Gobierno debería tomar de Europa es la priorización del reciclaje de los residuos sólidos urbanos, que para el 2035 deberá ser del 65%. La solución no puede radicar en modificar una ley vigente, sino buscar soluciones dentro de esta, sin cambiar su esencia: incinerar no es basura cero”, apuntó Leonel Mingo, coordinador de campañas de Greenpeace, una de las 35 agrupaciones que rechazaron la medida.

En su avanzada, el Gobierno de la Ciudad tampoco mencionó las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que afirma que tres millones de personas mueren al año en el mundo por causa de la contaminación del aire y pide que se deje de incinerar residuos.
“Quemar basura mata, enferma, contamina el ambiente y es un negocio”, criticó la diputada del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT), Myriam Bregman, durante el tratamiento de la reforma en la Legislatura.

En esa misma línea apuntó Cecilia Allen, de la Coalición Ciudadana Anti Incineración: “Sumar contaminación aérea a ciudades ya saturadas de contaminantes, como Buenos Aires y otras del conurbano bonaerense, implicará un nuevo deterioro en los índices de calidad del aire”.
La incineración fue prohibida en la Ciudad de Buenos Aires en el año 1976. Luego, en 2005, la Ley de Basura Cero ratificó esa postura. Hasta ahora, que fue modificada. Aún así, el regreso de la práctica para deshacerse de los residuos urbanos mediante la combustión, no es una idea nueva. Durante la última década, en la Ciudad de Buenos Aires se manejó un proyecto oficialista sobre la instalación de hornos para resolver lo que entonces era uno de los principales problemas ambientales.
“La Ley de Basura Cero sufrió ataques sistemáticos desde que entró en vigencia. No solo hubo una demora de dos años en reglamentarla, hecho que sucedió finalmente en el 2007, sino que, en ese momento, el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, ya pensaba en reactivar la incineración”, remarcó Leonel Mingo.

El regreso de las plantas de termovalorización surge en un escenario desalentador, con los predios de la CEAMSE al borde del colapso, sobre todo el de José León Suárez, que recibe el 87% de la basura de la región metropolitana. Allí se depositan a diario 18.500 toneladas de residuos, de los cuales la Ciudad de Buenos Aires produce 6.700.
Según el Director del Observatorio Ambiental de la Defensoría del Pueblo y Profesor Consulto de la UBA, Elio Brailovsky, de esta forma el gobierno porteño no solo apuesta a un sistema contaminante, por la emisión de sustancias tóxicas durante el proceso, sino que además afirman que se trata de un proyecto hecho a contrarreloj.
“El proyecto no tiene ningún criterio para definir si se incinera algo, todo, nada y de qué manera. Lo único que hace es habilitar la incineración diciendo que si recuperan energía sirve. Un proyecto así tiene que tener algún criterio o parámetro de calidad de aire, pero éste no tiene ninguno”, manifestó y explicó que “la basura quemada no desaparece, sino que queda una ceniza altamente tóxica”.

Fuentes:

  • Brailovsky sobre la incineración de la basura: “Es una política de negocios” / Noticias Urbanas
  • La lucha de una década por frenar la incineración de residuos / Infobae / Leonel Mingo
  • Cartoneros rechazan la incineración de basura: “Es condenar al hambre y a la exclusión social a miles de personas” / Nueva Ciudad

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