El drama de la tala ilegal en la Amazonia de Brasil

En países tropicales, entre el 50 y 90 por ciento de la madera que se vende en el mercado es de origen ilegal. Investigadores advierten sobre los impactos en la biodiversidad y las presiones que sufren los pobladores a manos de la agroindustria.

 

Deforestación de bosques en áreas prohibidas, hábitats degradados, especies en extinción amenazadas y comunidades en riesgo. La tala ilegal en la Amazonia de Brasil es uno de los grandes dramas del país. Hoy, los sistemas de control y prevención están colapsados ante esta práctica que trae una serie de consecuencias socio-ambientales profundas y produce madera a base de corrupción, manipulación de información y amenazas.

Pese a que los madereros deben informar previamente a las autoridades el número exacto de madera disponible para explotación comercial en sus áreas, una investigación reciente comparó 427 permisos de tala en el Estado de Pará –al este de la Amazonia– con el inventario nacional forestal de Brasil y descubrió que, entre 2012 y 2017, más del 70 por ciento de los documentos no coincidían y tenían datos adulterados por los madereros.

“Encontramos grandes discrepancias entre los volúmenes de madera registrados en los planes de manejo forestal producidos por los madereros y los datos del inventario oficial”, explica el ingeniero agrónomo Pedro Brancalion, de la Universidad de São Paulo y autor principal del trabajo que fue publicado en Science Advances.

Según el informe, que fue impulsado por el Instituto del Hombre y el Ambiente de la Amazonia (Imazon), un 44 por ciento de la madera tropical recolectada en el Estado de Pará entre 2015 y 2016 fue ilegal. En vez de provenir de áreas autorizadas, procedían de zonas ambientalmente sensibles, como lugares de conservación o reservas indígenas.

“Por lo general, los madereros sobreestiman los números y así pueden explotar cantidad extra de madera en áreas no autorizadas y las autoridades creen que se obtuvieron de parcelas aprobadas. Las autoridades ambientales locales no tienen suficientes recursos humanos o tecnología para comprobar si esos estimados son ciertos”, advierte Brancalion.

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Las expediciones de campo confirmaron la falsedad de la documentación presentada, que incluía la identificación incorrecta y deliberada de los árboles. Según Brancalion, “no parece ser una coincidencia que las especies cuyos volúmenes fueron regularmente sobreestimados por los madereros sean exactamente las de mayor valor comercial”.

El ejemplo más notable es el del ipe (Tabebuia spp.), un tipo de madera muy usado en construcción en muchos países. “El volumen adicional de ipe obtenido mediante identificación incorrecta se puede usar para enmascarar los ipes de origen ilegal”, escribieron los autores en el artículo.

La tala ilegal en la Amazonia de Brasil

Un problema (muy) recurrente

En marzo de este año, Greenpeace publicó un informe señalando que la manipulación de datos es mucho más común de lo que se pensaba anteriormente. Otro trabajo, publicado por la Interpol y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, estima que entre 15 a 30 por ciento del volumen de madera comercializado a nivel mundial proviene del mercado negro.

Los investigadores coinciden que en los países tropicales las cifras de la tala clandestina oscilan entre el 50 y 90 por ciento. La cuenca del Amazonas, junto con África central y el sudeste de Asia, son las regiones donde se concentra la gran mayoría de los casos de tala ilegal.

Para la bióloga Joice Ferreira, que trabaja en la Amazonía para la Corporación Brasileña de Investigación Agrícola (EMBRAPA), el estudio de Imazon expuso un tema que estaba invisibilizado: “Es la primera vez que una investigación analiza hasta qué punto la tala ilegal en la Amazonia de Brasil puede amenazar aún más la frágil gobernanza ambiental en la región”.

Madera manchada de sangre

Un denominador común de la tala ilegal es la violencia con la que los empresarios operan en la Amazonia de Brasil. Así lo certifica el estudio que Greenpeace tituló “Madera manchada de sangre: violencia y robo de madera amazónica”, donde expone cómo las ventas de ipe, jatoba y massaranduba –usados para construir puentes, paseos o casas– se producen a costa de las amenazas y amedrentamientos que pequeñas familias, campesinos y comunidades originarias, reciben para que abandonen sus tierras.

El 19 de abril del 2017 un hecho estremeció al país: “La masacre de Colniza”. Aquel día cuatro hombres armados con cuchillos, machetes, pistolas y rifles se adentraron en la selva por una carretera secundaria del distrito de Taquaruçu do Norte, en el núcleo rural de Colniza, en el Estado de Mato Grosso. Su objetivo era matar y aterrorizar a la población local. El escuadrón de la muerte, conocido como los “encapuchados”, torturó y ejecutó a los pobladores que vivían a lo largo de un camino de 10 km. En total, nueve personas fueron asesinadas.

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Según la Fiscalía del Estado de Mato Grosso (MPE-MT), el sangriento ataque fue motivado por la codicia que madereros y acaparadores de tierras tenían sobre las valiosas especies arbóreas que hay en la zona de los agricultores asesinados. El presunto responsable de haberlo organizado es Valdelir João de Souza. Conocido como el “ebanista polaco”, se trata del dueño de las empresas forestales Madeireira Cedroarana y G.A. Madeiras, que son responsables del Plan de Manejo Forestal para el área adyacente al lugar de la masacre. Pero, a un año y medio, el caso aún no fue resuelto.

De mal en peor

Si bien los datos oficiales muestran que en 2012 Brasil había logrado avances significativos en la reducción de la tala, evaluaciones recientes sugieren que esta tendencia se ha revertido. Según Imazon, en junio de 2018 la deforestación en la región del Amazonas alcanzó su pico más alto en una década: 1.169 kilómetros cuadrados deforestados, área equivalente a casi 200 mil campos de fútbol.

“Los procedimientos ilegales mencionados en el estudio son comunes en las diferentes regiones del bosque amazónico”, subraya el ingeniero forestal André Vianna, del Instituto de Conservación y Desarrollo Sostenible de la Amazonía. Sin embargo, según él, la mejor manera de abordar el problema es con tecnología y buenas prácticas de gobernanza.

Brancalion tiene una sugerencia en ese sentido: “lo que necesitamos son procesos de autorización más inteligentes. Con un software simple, basado en los datos de los inventarios forestales nacionales, se podría averiguar fácilmente si la información proporcionada por los madereros es precisa o sospechosa”, expresa.

En la actualidad, toda la documentación proporcionada por los madereros y evaluada por las entidades ambientales de Pará está basada en papel, careciendo de precisión, consistencia y estandarización en la terminología.

Al respecto, los especialistas concuerdan en que los sistemas de aplicación de la ley ambiental aún son débiles en Brasil. En el Estado de Pará, la secretaría de medio ambiente tiene menos de 60 trabajadores, una fracción de los cuales en teoría es responsable de monitorear un área equivalente al tamaño del Perú. Para Brancalion, “a fin de cuentas la tala ilegal en la Amazonia de Brasil es fundamentalmente una cuestión de gobernanza”.


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Link al trabajo científico publicado en Science Advances:

“Fake legal logging in the Brazilian Amazon”

Link al documento de Interpol:
“Carbono limpio negocio sucio”

Link a la publicación de Greenpeace:
“Madera manchada de sangre”
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Fuentes:

  • Científicos identifican sistema usado en tala ilegal en la Amazonia de Brasil / scidev.net
  • Cómo la tala ilegal de árboles de Ipe está causando daños irreversibles en la selva amazónica de Brasil / salyroca.es
  • Madera Manchada de Sangre / greenpeace.org

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