Ecoparque porteño: entre improvisación, confusión y dudas

Aunque el llamado “Masterplan” para la reconversión del antiguo Zoo no fue aprobado y la mitad de los animales aún no se trasladaron, el gobierno porteño presiona para lograr la privatización de los edificios históricos del predio.

 

Ya van diecinueve meses desde que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció la reconversión del viejo Zoológico en el nuevo Ecoparque. Pero el proyecto, lanzado con la promesa de terminar con el cautiverio y la exhibición de animales, parece haber entrado en una especie de limbo.

Aunque la apertura definitiva está pautada para el 2023, los planos aún no cuentan ni con la aprobación correspondiente. Además, ya ingresó a la Legislatura el proyecto de ley por el cual se pretende concesionar por 20 años los edificios históricos que están en el predio, pese a que aún resta trasladar la mitad de los animales.

Este último tema es el que hoy coloca al proyecto del Ecoparque nuevamente en el ojo de la tormenta. Desde la comisión que se creó para seguir la transformación del Zoo, señalaron que se pretende apurar la licitación de los edificios cuando todavía no se sabe el valor que pueden llegar a tener.

“Nada de lo que está haciendo el gobierno porteño tiene sentido porque el Masterplan no está aprobado, porque pretenden licitar los edificios que recién se empezarían a usar en el 2023 y porque comenzaron a trasladar animales cuando todavía no saben qué van a hacer con el espacio”, remarcó el titular de la comisión, Marcelo Depierro.

De acuerdo al ex legislador Adrián Camps, que ahora es asesor de la Fundación Azara, el Ecoparque “está en una etapa de transición a no se sabe a qué” y manifestó que desde el oficialismo siempre se impone el criterio comercial a la hora de la gestión y por eso apuntan al negocio de los edificios que están en el predio.

“Llama la atención que mientras se está desarrollando el traslado de los animales hacen una ley para concesionar los edificios para explotaciones privadas. Otorgar concesiones de una cierta cantidad de años para poner ahí emprendimientos, confiterías o restaurantes”, sostuvo Camps.

A mitades del año pasado, la reconversión de las 18 hectáreas del predio de Palermo atravesó por un momento crítico luego de que se produjeran las renuncias masivas de técnicos, a lo que sumó la presentación de informes internos lapidarios y durísimos cuestionamientos por escrito a las autoridades.

La presidenta de la Fundación Vida Silvestre, Marina Harteneck, también coincide en que el proyecto de transformación del antiguo zoológico municipal se hizo de forma precipitada y advierte que las personas que lo llevaron adelante “no eran sólidas en lo técnico”.

“Se confrontaron con la realidad, fueron aprendiendo sobre la marcha, no se podía modificar en dos o tres meses un lugar como el predio del zoológico y tampoco se podía dar solución rápida e inmediata a la situación de los animales. No es fácil trasladarlos a otros lugares, sigue siendo un buen lugar comparado con otros, por lo que técnicamente hay muchos aspectos que aún deben ser tenidos en cuenta”, explicó la especialista.

Otro aspecto que se le achaca al Gobierno de la Ciudad tiene que ver con los drásticos cambios a los que se sometieron a algunas de las fachadas del lugar, cuyos diseños fueron realizados por Carlos Thays y cuentan con un alto valor histórico y arquitectónico.  

«Empezaron al revés: por el paisaje y la arquitectura», dijo Carlos Fernández Balboa, también de Fundación Vida Silvestre, mientras que Camps agregó que “tenemos un gran patrimonio si lo manejamos correctamente, pero en el PRO siempre se cruza el criterio comercial”.

El Jardín Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires dejó de existir como tal en junio de 2016 para convertirse, según el ejecutivo porteño, en un Ecoparque Interactivo. Desde entonces, se encuentra cerrado al público en general pero permanece abierto todos los días para visitas guiadas de escuelas y organizaciones de la sociedad civil.

Para Claudio Bertonatti, que fue director del Zoológico porteño durante dos años, en el proyecto hoy reinan las dudas y la confusión. “Hasta el día de hoy no saben qué hacer con él. Y la prueba está en que después de que el Gobierno de la Ciudad toma las riendas del asunto y le cambia el nombre a Ecoparque, desde ese día, en junio de 2016, la gestión pública se caracterizó por la improvisación pura”, enfatizó.

La administración del Ecoparque asegura que ya se derivaron 402 animales. Además, afirma que se hicieron más de 40 obras para mejorar el hábitat de los ejemplares que aún quedan y comenzaron las obras correspondientes a la transformación de la punta de Plaza Italia, con el fin de hacer una inauguración parcial a mediados de 2018.

Greenpeace, en cambio, pone en duda el proyecto oficial y ratifica que ningún tipo de animal silvestre se debe mantener bajo fines de exhibición o de esparcimiento. “Un zoológico debe cumplir con los siguientes objetivos en simultáneo: conservar, educar e investigar, lineamientos clave establecidos por la Organización Internacional de Zoológicos y Acuarios (WAZA), sin embargo, casi ninguno en Argentina cumple con los mismos”, indicó Gonzalo Strano, coordinador de campañas y vocero institucional de la organización.

En ese sentido, Bertonatti dice que la crisis que enfrentan la mayoría de los zoológicos no es nueva, ya que se trata de una tendencia mundial que comenzó hace bastante tiempo. Sin embargo, explica que “en los países más desarrollados se crearon documentos acerca de qué deberían hacer y cómo deberían llamarse. En ese contexto, hoy los zoológicos en el siglo XXI tienen que funcionar como grandes centros de conservación de la naturaleza, con proyectos focalizados en la fauna y como grandes centros de educación ambiental, donde poder involucrar a los visitantes en los temas ambientales y comprometiéndolos, para que se transformen en aliados y no espectadores pasivos de la crisis ambiental”.

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Las distintas organizaciones ambientales coinciden que la iniciativa del Gobierno es, cuanto menos, desprolija y confusa. El Gobierno pretende avanzar sin tener un rumbo claro en el traslado de los animales y la licitación de los 21 edificios, motivo por el cual “se están destruyendo una institución centenaria que pudo ser muy prestigiosa a nivel mundial, y fundada ni más ni menos que por el más grande naturalista de todos los tiempos de la Argentina, Eduardo Ladislao Holmberg, por eso el Zoo lleva su nombre”, remarca, por último, el asesor de la Fundación Azara.

Según Pablo Regner, del Consejo Profesional de Médicos Veterinarios, el problema básico es que no hay un plan establecido. «Ni saben qué es lo que van a hacer a futuro, tomar medidas previas es algo medio en el aire. Ese es el inconveniente general que estamos viendo desde la mayoría de las ONG’s”, criticó.

Fuente: Gisela Marziotta / Página 12