Día Mundial del Medio Ambiente: ¿sabemos que estamos caminando por la cornisa?

La llegada de un nuevo Día Mundial del Medio Ambiente, que se conmemora cada 5 de junio desde hace más de cuatro décadas, se produce otra vez en un contexto de máxima alerta para la naturaleza. A pesar de los progresos con respecto a la concientización, el concepto de sustentabilidad y los compromisos a nivel internacional, el planeta sigue en vilo por el avance del cambio climático, la continuidad de las industrias extractivas, la contaminación de ecosistemas y las pérdidas irreparables de biodiversidad.

“Es hora de actuar con contundencia. Mi mensaje a los gobiernos es claro: gravar la contaminación, dejar de subvencionar los combustibles fósiles y dejar de construir nuevas centrales de carbón. Necesitamos una economía verde, no una economía gris”, afirma António Guterres, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El medio ambiente está en la peor situación desde que la humanidad habita la Tierra. Un millón de especies de plantas y animales están en riesgo de extinción, según el primer reporte global de la ONU sobre biodiversidad. Teniendo en cuenta que hay 8 millones de especies animales y vegetales, una de cada ocho se encuentran amenazadas de extinción, de las cuales muchas podrían desaparecer “en las próximas décadas”.

Entre el 30 y el 50% de todas las especies podrían extinguirse a mediados de este siglo por el cambio climático, la pérdida de hábitat, la monoagricultura y el consumo.

La Gran Barrera de Coral es un símbolo de estos tiempos. El mayor arrecife de coral del planeta es una de las principales víctimas del cambio climático y su desaparición se está acelerando a una velocidad inaudita. El estudio Global warming impairs stock–recruitment dynamics of corals ha revelado que, en comparación con la media de los últimos 20 años, el número de nuevas larvas se ha reducido en un 93% en 2018, superando aún las pérdidas del año anterior, que fueron del 89%

Las actividades humanas que más han contribuido con el gran deterioro del medio ambiente, de acuerdo a los diversos informes internacionales, han sido el cambio climático, la polución tóxica de los residuos en tierra y agua motorizado por las industrias de los combustibles fósiles, el avance de la urbanización sobre ecosistemas, el ensanchamiento de la frontera agraria y el uso intensivo de agroquímicos para la producción, la sobrepesca en oceános (ilegal o no) y la caza furtiva, la megaminería y la deforestación de bosques y prados.

A nivel países, un caso emblemático es el de Brasil. Hogar de más de la mitad de la biodiversidad del planeta, la región amazónica brasileña pierde unas 19 hectáreas por hora a causa de la deforestación. Esta actividad, que contamina los ecosistemas acuáticos y contribuye con el calentamiento global debido a que los árboles talados liberan carbono a la atmósfera, umenta a la par de la retórica anti-ambientalista que impulsa el presidente Jair Bolsonaro, que al igual que Donald Trump, su par de los Estados Unidos, el segundo país que más CO2 emite en el mundo, descree del fenómeno del cambio climático.

El Día Mundial del Medio Ambiente se realiza desde el año 1974 para visibilizar las problemáticas que enfrenta el planeta. Sin embargo, aunque su objetivo es generar conciencia, desde entonces la civilización ha abusado más que nunca del uso de combustibles fósiles, deforestado pulmones verdes que absorben el agua de las lluvias, destruido el hábitat de cientos de animales, contaminado los océanos y colaborado más que ninguna otra especie en la emisión de gases de efecto invernadero en el afán de producir más pero no mejor

Para la próxima Cumbre del Clima, que se realizará durante septiembre en Nueva York, el secretario general Guterres y los directores de todas las agencias y programas de la ONU reiteraron que los Estados asuman medidas concretas para limitar el aumento de la temperatura global de la tierra a 1,5 ° C por encima de los niveles preindustriales, con el fin de cumplir los compromisos del Acuerdo de Paris y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030.

“Con gran urgencia, pedimos a los Estados miembros que vengan a Nueva York en septiembre con planes concretos y realistas”, advirtieron los altos mandos en un comunicado, que llama a los países a que cuenten de verdad cómo mitigarán los efectos del cambio climático, financiarán la lucha contra este fenómeno y realizarán su adaptación a él.

De acuerdo al Guterres, la lucha contra el cambio climático se tiene que dar reforzando las obligaciones en materia de derechos humanos, sobre todo las relacionadas con la salud, la alimentación y el desarrollo sostenible. “Limitar el calentamiento global requerirá cambios en una escala sin precedentes en todos los niveles, pero es posible si actuamos ahora”.

Estudios de la FAO afirman que, entre 1990 y 2015, Argentina fue uno de los diez países que más deforestó en el mundo: 7,6 millones de hectáreas, el tamaño de la provincia de Entre Ríos. Además, nuestro país es el principal consumidor mundial de glifosato, herbicida declarado potencialmente cancerígeno por la OMS, y en la actualidad cuenta con más de 500 especies están en peligro de extinción en el país, entre ellas, como consecuencia justamente de la deforestación, el yaguareté, el tatú carreta y el oso hormiguero.

Otro de los enemigos públicos del medio ambiente es el plástico. Según la ONU, cada año se vierten en los océanos hasta 13 millones de toneladas de productos hechos a base de este material, que puede tardar hasta mil años en descomponerse. Según un estudio publicado en Science Advances, solo un 9% de todo el plástico fabricado desde 1950 ha sido reciclado. La mayor parte termina incinerado o, simplemente, abandonado y contaminando la tierra, los ríos y los océanos

Al respecto, Guterres sostiene que «nuestro mundo está inundado por desechos plásticos nocivos«, que «los microplásticos en los mares ahora superan a las estrellas en nuestra galaxia» y que «desde las islas remotas hasta el Ártico, en ninguna parte está intacto. Si las tendencias actuales continúan, para 2050 nuestros océanos tendrán más plástico que peces».

El 20% de la contaminación industrial del agua proviene de la industrial textil.

El Centro Helmholtz para la investigación medioambiental de Leipzig (Alemania) publicó hace un año un análisis del flujo de esta basura que asola los mares y los resultados indicaron que ocho de los diez ríos del planeta que más plásticos vierten a los océanos están en Asia. Los otros dos son africanos. Sin embargo, el tránsito de la basura comienza la mayoría de veces en los países desarrollados que la generan.

El último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), máxima autoridad científica en materia climática, demostró que es posible mantener el aumento de la temperatura global por debajo del umbral de 1,5°C en relación con la era preindustrial, la meta acordada en el Acuerdo de París. Para lograrlo, estamos obligados a reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, y para 2050 deben llegar a cero. Acelerar la transición hacia energías limpias y renovables es más urgente que nunca. Deforestar nuestros bosques, y abrir más reservas de petróleo, gas y carbón es condenar al mundo a impactos climáticos devastadores.

Fuentes:

– Foro Ambiental

– EFE

– ONU