Deforestación y sobrepastoreo: desde la Antigua Grecia hasta el Delta del Paraná

Un investigador de la FAUBA encontró grandes similitudes entre las prácticas agronómicas que se realizan hoy en la cuenca del Río de la Plata y aquellas que determinaron, hace nueve siglos, el fin de Mileto, una polis griega que fue clave para el comercio entre Asia, Europa y África.

 

Mileto fue una ciudad emblemática de la Antigua Grecia. Llegó a tener más de 15 mil habitantes y supo ser el punto de encuentro del comercio entre Asia, Europa y África. Durante varios siglos, en ella florecieron las primeras explicaciones físicas de los procesos de la naturaleza hasta su abandono y posterior anexión a Turquía. ¿Qué pasó con Mileto y qué relación tiene con el Delta del Paraná?

“Por su establecimiento en una península y su ubicación geográfica, unió tres continentes a través del comercio. Fue la primera ciudad que se trazó con el modelo de cuadrícula y, en ella, la filosofía encontró grandes exponentes como Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Ellos buscaron explicaciones físicas que dejaron atrás el mundo de los dioses. Sin embargo, manejos productivos excesivos provocaron que el río Meandro, que atravesaba la ciudad, sentenciara su abandono”, cuenta Fabio Solari, profesor a cargo de la cátedra de Topografía de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA).

Por entonces, el río naturalmente llevaba el suelo arenoso de la zona y, a través esos sedimentos, generaba un nuevo territorio. Solari explica que “la acción de los humanos intensificó este proceso: río arriba, el desmonte de los bosques de robles dejó el suelo desnudo y susceptible a la erosión de 2.000 mm de lluvia. Además, se introdujeron cabras que sobrepastorearon y dejaron el suelo desnudo. Estos impactos provocaron que la tierra avance literalmente a partir de la sedimentación y convierta la península en un lugar en el medio del territorio”.

Solari, que conoció a Mileto durante un viaje a Turquía, se dedicó a estudiar estos aspectos de Grecia a partir del dictado de sus materias. El teorema de Tales de Mileto es uno de los fundamentos geométricos que se utiliza en sus clases para enseñar a los alumnos de Jardinería a medir la altura de un árbol o a los estudiantes de Agronomía a hacer el cálculo de un ángulo del potrero de un campo.

“El río Meandro dejó marcas permanentes que llegan hasta la materia Topografía que dictamos en la facultad. Como tenía poca pendiente y gran cantidad de sedimentos, depositaba muchas partículas hasta que llegaba un período seco. Cuando retomaba su flujo, tomaba otro cauce y formaba una curva. En nuestras clases usamos el término meandroso como adjetivo, de un curso de agua que tiene muchas curvas y contra curvas”, detalla el docente.

La erosión y la sedimentación, de esta manera, terminaron por diluir a Mileto en la llanura por lo que hizo que la ciudad perdiera el puerto y fuera abandonada. Para Solari, este no fue un caso aislado. Con el paso del tiempo se repitieron fenómenos similares, incluso en otras latitudes, que hasta el día de hoy se mantienen. Un ejemplo concreto, según el especialista, está en Argentina.

“Actualmente, el río de la Plata tiene el color oscuro por las arcillas que transporta el río Bermejo, que viene desde Bolivia y que se mezcla con el Paraná. Esta carga de partículas generó las islas del Delta en cuanto baja la pendiente y disminuye su velocidad. Si bien no resultó en una gran llanura como en la actual Turquía, formó un territorio cultivable. Es un proceso donde se entremezclan procesos naturales con la intervención del ser humano en la naturaleza”, destaca.

A pesar de la menor cantidad de sedimentos de los ríos del NOA y de la región Chaqueña, los especialistas condicen con que el desmonte para realizar el actual tipo de agricultura industrial que prevalece en el país intensifica la erosión y la sedimentación.

“Si fuera por la sedimentación, los puertos de Buenos Aires y de Rosario colapsarían en pocos años, pero se los draga constantemente. La velocidad de deposición de sedimentos es cada vez más alta. Esta herramienta no la tenían los griegos”, explicó Solari.

El docente, en ese sentido, puso como ejemplo lo que ocurre con las represas hidroeléctricas. “Algunas tenían una expectativa de vida de 80 o 100 años, pero a los diez años de funcionamiento ya están llenas de sedimentos que dañan su funcionamiento. Esto se debe a que en los estudios iniciales, la carga de partículas de los ríos era relativamente baja. Sin embargo, a partir del proceso de agriculturización desmedido aumentan la erosión y la cantidad de sedimentos. El dique Paso de las Carretas de la provincia de San Luis es un ejemplo”, detalló. 

El caso de Troya

Los cambios en el paisaje ocurren lentamente, pero de forma constante a lo largo de la historia. De esa forma, Solari también se refirió a lo que ocurrió en la ciudad de Troya. Los arqueólogos buscaron la antigua ciudad cerca de los mares ya que el libro La Ilíada de Homero cuenta cómo las naves griegas se acercaban a sus muros. Fue por ello que los arqueólogos profesionales no creyeron cuando un arqueólogo amateur dijo encontrar Troya a 16 kilómetros del mar. Finalmente, el aficionado Schliemann pudo comprobar que tenía razón.

“El error de los arqueólogos fue pensar que la geografía no había cambiado en 2000 años. Este tipo de modificaciones son tan dinámicas que ya se documentaron muchos antiguos puertos de Europa que, tras el paso del tiempo, terminan siendo ciudades internas, como Éfeso o el Puerto de Palos. Estos tipos de procesos siguen sucediendo y con más intensidad por la acción del ser humano”, concluyó.

Fuente: Foro Ambiental / sobrelatierra.agro.uba.ar