Crecen los trastornos reproductivos en los pueblos rurales

La Red de Médicos de Pueblos Fumigados publicó un informe en la revista Journal of Environmental Protection (EE.UU.) en la que expuso los alarmantes índices de abortos espontáneos y de anomalías congénitas que presentan las poblaciones que viven en zonas agrícolas.

 

La Red de Médicos de Pueblos Fumigados realizó una investigación en la que comprobó que los trastornos reproductivos cada vez son mayores en las áreas agrícolas de Argentina –el mayor consumidor de glifosato del mundo donde se aplican unas 240.000 toneladas por año–.

Para llevar adelante el trabajo, la ONG seleccionó un pueblo rural tipo como es Monte Maíz, que se ubica al sureste de Córdoba y tiene poco más de 7 mil habitantes. Allí realizó mediciones de plaguicidas y elaboró registros de abortos espontáneos y prevalencia de anomalías congénitas. De acuerdo a los resultados, en esta localidad las tasas de aborto espontáneo y anormalidades congénitas son tres y dos veces más altas que el promedio nacional reportado por el Ministerio de Salud de la Nación (10% vs. 3% y 3% – 4.3% vs 1.4% respectivamente).

Los médicos afirman que el glifosato se detectó en el suelo y en el polvo de granos y se encontró que tenía una concentración aún mayor en el suelo en el interior del pueblo que en el área rural. Cada año, unas 650 toneladas se usan en la región, creando una carga de exposición ambiental al herbicida de 79 kg por persona anualmente.

“Nuestro estudio verificó una alta exposición ambiental al glifosato en asociación con un aumento en la frecuencia de trastornos reproductivos (aborto espontáneo y anormalidades congénitas) en la aldea agrícola Argentina”, sostuvo la organización en un comunicado y afirmó que “igualmente no puede hacer afirmaciones de causa y efecto. Para tales propósitos, se requieren estudios adicionales”.

Resultados contundentes

Pese a que la función de este herbicida es destruir malezas, su aplicación también interfiere con el metabolismo vital de todas aquellas plantas que no son transgénicas. Es decir, las auténticamente biológicas. Desde 1996, cuando se autorizó el ingreso de la soja transgénica a la Argentina, su uso ha continuado expandiéndose debido a los altos beneficios generados por su comercialización y cosecha fácil. A medida que aumentó a niveles monstruosos la extensión de este cultivo, también lo hizo el uso de glifosato.

A su vez, la cantidad aplicada del herbicida ha aumentado año tras año como consecuencia de la aparición de malezas resistentes que requieren dosis más altas de glifosato y el uso combinado de otros herbicidas como 2.4D, atrazina, etc. Este aumento ha resultado en 5 kg del herbicida por persona por año como una posible carga de exposición para todos los habitantes del país, carga que es mayor en las áreas agrícolas.

Al igual que prácticamente todos los pueblos agrícolas del país, Monte Maíz es víctima de este modelo agrícola. Allí, de acuerdo al estudio de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, el glifosato se encontró en el 100% de las muestras de polvo de suelo y cascarilla de granos, la concentración fue 10 veces mayor que la de otros pesticidas. Esto demuestra que, de todos los pesticidas que contaminan el medio ambiente, el glifosato es el más prevalente.

Otro aspecto destacado de la investigación, que fue publicada el pasado 23 de marzo en la revista Journal of Environmental Protection (EE.UU.), es que la gestión de basura doméstica, las aguas residuales y el agua libre de arsénico (desde hace 16 años) eliminan estos factores contaminantes de las patologías observadas.

“Por lo tanto, la contaminación con glifosato y en menor medida con otros pesticidas es el factor predominante en el análisis de contaminación ambiental de Monte Maíz”, aseguran los autores.

Además de ser tres veces más alta que la informada en un análisis nacional realizado en 2005 para el Ministerio de Salud Nacional (0,6% por año), la tasa de abortos espontáneos en cinco años (10%) en Monte Maíz también superó la de una encuesta de salud social realizada en 2016 por la organización en Las Vertientes (otro pueblo de Córdoba, situado a 180 km de Monte Maíz) donde la prevalencia de abortos espontáneos fue del 3,7% en 5 años.

“En Monte Maíz, la variable madres jóvenes estaba relacionada con este resultado perinatal y no al revés; la variable fumar tampoco está relacionada con aborto. La población no es endogámica (es una población compuesta por agricultores y trabajadores siderúrgicos) y su estructura social muestra un excelente nivel socioeconómico medido en la tasa de necesidades básicas insatisfechas. Ni la edad materna, los hábitos tóxicos ni la pobreza pueden explicar la alta tasa de abortos espontáneos en Monte Maíz”, explicaron los médicos.

El Registro Nacional de Anomalías Congénitas de Argentina (RENAC), por otra parte, informó en 2014 que entre 281.249 recién nacidos se registró un total de 4.120 anormalidades congénitas estructurales mayores, con una prevalencia del 1,4%. En Monte Maíz, la prevalencia (3%) fue dos veces mayor que la prevalencia nacional.

Antecedentes concretos

En 2010, un trabajo del Conicet, liderado por Alejandra Paganelli y Andrés Carrasco (1946- 2014), sentó la base de que el glifosato produce malformaciones craneofaciales en embriones de anfibios y aves, y que esa comprobación se puede relacionar con malformaciones y abortos espontáneos en mujeres expuestas al producto durante el embarazo.

“Estos mismos estudios se llevaron a cabo en personas ambiental y laboralmente expuestas a pesticidas en general y al glifosato en particular, que informaron tasas de daño genético muy superiores a las encontradas en poblaciones no expuestas a pesticidas utilizados como grupos de referencia o de control”, indicaron desde la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

Cinco años después de esa investigación del célebre Dr. Carrasco y su colega Paganelli, la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó la “Evaluación de riesgos carcinogénicos para humanos”, en la que revisó 1.000 estudios sobre glifosato en animales de experimentación y humanos in vitro, y concluyó en que hay pruebas sólidas para sostener que el herbicida es genotóxico.

Link al paper (en inglés) publicado en Journal of Environmental Protection
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Fuente: Foro Ambiental