Comercio Justo: hacia una economía solidaria y sustentable

La organización “Comercio Justo” nuclea a 2 mil cooperativas a nivel mundial y propone políticas públicas para conformar un comercio alternativo que contemple condiciones laborales dignas, equidad de género y respeto por el medio ambiente.

 

Cada vez que compramos no solo estamos adquiriendo un determinado bien o servicio. Lo sepamos o no, también avalamos una serie de procesos previos que llevan a su conformación y un modelo económico específico. ¿Qué significa esto?

Teniendo en cuenta que el Banco Mundial asegura que casi dos tercios de las personas consideradas como “trabajadores pobres” pertenecen al sector de la agricultura o que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que más de 25 millones de personas sufren situaciones similares a la esclavitud, podemos decir que todos aquellos productos que consumimos suele esconden condiciones inhumanas y violaciones de los Derechos Humanos.

El 11% de los niños y niñas, es decir 168 millones de menores son víctimas de la explotación laboral infantil.

Frente a este dilema, unas 27 ONG´s de España ha decidido conformar la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, una organización que vela por un consumo responsable y una producción sostenible como aspectos necesarios para reducir la pobreza y desigualdad globales.

“No nos cansamos de recordar que desde la ciudadanía tenemos capacidad para influir y cambiar estas realidades. Y este mensaje que desde nuestro movimiento venimos diciendo desde hace tiempo, ahora también lo destaca Naciones Unidas a través de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible”, afirma Mercedes García de Vinuesa, fundadora de la cooperativa IDEAS (Iniciativas De Economía Alternativa y Solidaria), que actualmente ostenta la presidencia de Comercio Justo.

Expertos sobre el cambio climático de la ONU advierten que si las emisiones de gases de efecto invernadero –causado esencialmente por la inmensa actividad industrial junto al consumismo desenfrenado de las sociedades– continúan en el mismo nivel que en la actualidad podrían causar un impacto irreversible en el planeta.

Mucho, en este sentido, tiene que ver la llamada “cultura del descarte”. Los especialistas explican que el modelo productivo del mercado hoy, además de invisibilizar trabajos en negro, infantil y esclavo, se basa en el consumismo constante. Esto quiere decir que todo aparato tiende a lograr una vida útil corta, ya sea por la salida de un nuevo modelo que lo supera o directamente por el fin (deliberado) de su funcionamiento, una estrategia planificada por casi todo fabricante actual.

Para Comercio Justo, la respuesta es conformar una economía solidaria y sustentable, alejada de los parámetros competitivos y voraces que el mercado mundial dicta hoy. “Tenemos la necesidad de realizar un consumo responsable, consciente y más ajustado a nuestras necesidades reales. Si seguimos consumiendo al ritmo y en las formas que venimos haciéndolo, y queremos mantener nuestro modo de vida actual, en 2050 necesitaríamos tres planetas”, remarca García de Vinuesa.

Dentro de la red internacional de Comercio Justo existen más de 2.000 organizaciones productoras repartidas en 75 países de África, Asia, América Latina y el Caribe, en las que trabajan más de 2 millones de personas. De ellas, tres de cada cuatro organizaciones se dedican a la producción de alimentos y de materias primas como el algodón.

Si seguimos consumiendo al ritmo y en las formas que venimos haciéndolo, en 2050 necesitaríamos tres planetas.

Entre sus propuestas, están las condiciones laborales dignas y seguras para sus productores y productoras, el pago de un salario adecuado, equidad de género, la no explotación laboral infantil y la producción a través de técnicas y procedimientos respetuosos con el medioambiente.

África, con un millón de personas trabajando en Comercio Justo, es el continente más representado, según datos de Fairtrade International, la entidad certificadora de Comercio Justo con más implantación en todo el mundo. Por otro lado, y según la Organización Mundial del Comercio Justo, unas 250 entidades se dedican a la producción textil o la artesanía. Un 75% de ellas están situadas en África y Asia, y la mayoría de sus integrantes son mujeres.

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El pasado 12 de mayo la red llevó a cabo el Día Mundial del Comercio Justo. Para celebrarlo, las cooperativas han convocado a actos lúdicos y también reivindicativos en más de 50 regiones en las que trabajan.

“Queremos decir bien alto que la injusticia, la pobreza y la desigualdad son evitables y que con nuestro compromiso podemos avanzar hacia otro modelo de mundo más humano y sostenible para todos y todas”, recuerda García de Vinuesa.

Hacia una economía solidaria y sustentable

¿Qué es el comercio justo?

Es otra forma de comercio donde se respeta a las personas. Es un comercio con justicia porque se pagan realmente todos los costos de producción, con lo cual existen salarios dignos, que están fijados a nivel internacional con unos estándares muy bien delimitados. No hay explotación infantil y la mujer gana lo mismo que el hombre. Hay unas relaciones a largo plazo, no se trata de comprar y vender al mejor postor, sino de crear realmente relaciones de cooperación. Por eso está demostrado que el comercio justo es una herramienta eficaz de reducción de la pobreza. Y también de respeto al medio ambiente.

¿Los consumidores también somos responsables de las relaciones comerciales?

Claro. Como compradores tenemos que ser conscientes y exigir que nos demuestren que no hay explotación laboral detrás de un producto, que no hay unos salarios tan míseros que no cubren los costos de producción. Por eso cuando vemos un precio muy barato no podemos decir “uy qué bien” y no cuestionarnos cómo lo han logrado, porque está claro que alguien de la cadena no ha recibido lo que debería. Y a la vez sabemos que hay alguien que siempre gana. Leamos el etiquetado y exijamos que nos demuestren cómo se ha hecho ese producto, dónde y en qué condiciones.

¿Tenemos poder real para modificar un sistema basado en relaciones injustas?

Se ha demostrado que tenemos muchísima fuerza como consumidores y que las empresas van a hacer lo que los consumidores les exijamos. La empresa quiere maximizar los beneficios, pero si el consumidor exige, por ejemplo, que un producto sea ecológico, se ponen las pilas y al final producen de forma ecológica. Como consumidores estamos diciendo sí o no a un sistema. Cuando tomamos un café por la mañana, si es de comercio justo estamos diciendo sí a un mundo más justo donde, por ejemplo, hay unas personas que han amado su tierra y han producido de manera digna. Imagínate lo bien que te sienta ese café. Estás contribuyendo con algo tan sencillo como tu consumo diario.

¿Cómo convencernos de que cambiar nuestros hábitos cotidianos es mejor para todos?

En mi caso la transformación ha sido muy natural, poco a poco. Y sigo teniendo muchas incoherencias, soy hija de mi cultura. Mi hermana es investigadora y ha tenido que emigrar a Holanda, y yo cada vez que viajo en avión soy consciente del impacto medioambiental que estoy creando. Pero consumo los productos de mi cooperativa de forma regular: galletas, jugos, pasta con quinoa, cosmética. En nuestra nave industrial de Córdoba la energía viene de fuentes renovables y toda nuestra financiación es de banca ética. Hay que contagiar la alegría de que existe otra manera de hacer las cosas y de que cuanta más gente se sume, mejor. Que vos seas el cambio que querés ver en el mundo, como decía Gandhi.

Fuentes:

  • El poder de la ciudadanía / El País
  • Somos rebeldes: estas son nuestras causas / El País
  • IRREVERSIBLES. Mercedes García de Vinuesa: “Las cosas se pueden hacer de otra manera” / mundonegro.es

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