Carnavales: festejar sin contaminar

Los residuos que causan la corta vida útil de carrozas, disfraces y accesorios representan un riesgo para el medio ambiente. En algunas ciudades ya limitan el uso del plástico y promueven la purpurina biodegradable.

 

Los carnavales representan uno de los momentos más esperados y representativos en diversas ciudades del mundo. Algunos, como los de Río de Janeiro o Viareggio, movilizan por días a millones de visitantes que provienen de diversos orígenes con el fin de disfrutar los típicos desfiles, bailes y conciertos, así como también el patrimonio y la gastronomía local.

Ahora bien. Detrás de los festejos, los carnavales suelen dejar un saldo negativo para el medio ambiente: el desperdicio y los residuos. Una vez que termina la temporada la mayoría de las carrozas, los disfraces y regalos suelen ser desechados sin aplicar un tratamiento final adecuado. La mayoría, encima, están diseñados a base de plásticos, los cuales pueden tardar hasta mil años en degradarse.

Durante el último carnaval de Río de Janeiro, considerado como el más grande del mundo, más de 2000 barrenderos salieron a la ciudad a diario para mantener las toneladas de basura fuera de las calles. Aunque en algunos casos se donan a las escuelas o comedores, muchas de las escuelas de samba se deshacen de sus disfraces una vez que terminan los desfiles.

Solo durante el primer día de carnaval se recogieron 189 toneladas de basura en Río. La vida útil de estas confecciones muchas veces no supera las 4 horas.

El carnaval más famoso de Colombia, en la ciudad de Barranquilla, por su parte deja por año unas 580 toneladas de basura que pocas veces es separada entre reciclables y no reciclables. En cuanto a los trajes, algunas comparsas sí suelen entregar sus disfraces usados a conjuntos de menos recursos, sin embargo, está emparentado con una tradición y no con un acto de conciencia ambiental.

Algunas autoridades miden el éxito o el fracaso de los carnavales según la cantidad de basura recogida.

En Estados Unidos, Nueva Orleans es la ciudad del carnaval durante tres semanas. Una de las mayores atracciones es la de recolectar la mayor cantidad de collares de plástico de colores llamados “beads”. Esta manera de celebrar deja a su paso toneladas de desechos en la ciudad.

En 2017, tras las fuertes inundaciones que sufrió la ciudad en agosto, la Alcaldía ordenó la limpieza de 15.000 alcantarillas (solo un cuarto del sistema de alcantarillado). En esa operación encontraron más de 40 toneladas de collares que estaban taponando los desagües de la ciudad.

Festejos sustentables

Pese a la acumulación de basura suele ser una constante en los carnavales, el problema ha comenzado a tomar cada vez más notoriedad. Ante la preocupación por la contaminación que generan los residuos plásticos en los océanos, una de las respuestas que han llegado a sido la purpurina biodegradable.

Hecha con elementos inspirados en la cocina vegana (mica y algas), esta ha ganando mucho terreno entre los participantes en diversos carnavales, principalmente el de Rio de Janeiro. Frances Sansão, fundadora de Pura Bioglitter, una de las marcas de purpurina ecológica pioneras en Brasil, explica que “no tiene materiales nocivos y no tiene impacto en la vida marina. Además, le hace bien a la piel. Al cabo de tres días, cuando la purpurina se descompone, vuelve a su estado natural, vuelve a ser alga y piedra y no hay ningún problema con que eso vaya a parar al mar».

Compuesta de aluminio y plástico, la purpurina clásica es altamente contaminante y casi siempre termina desechándose en el mar, afectando la fauna marina. A diferencia de Río, Gran Bretaña, por ejemplo, ha tomado una medida aún más dura y estrenó 2019 con la prohibición de purpurina nociva en sus más de 60 festivales.

La ley de la Triple R (Reducir, Reutilizar y Reciclar) es otra de las temáticas que ha ido avanzando en el mundo de los festivales. El de Viareggio, situado en la provincia italiana de Lucca y que durante su última edición cumplió 146 años de vida, hubo grandes desfiles y carros que hicieron referencia al respeto y cuidado de la naturaleza.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) es una de las organizaciones más comprometidas con la reducción de la basura de los festivales, y ha lanzado diversas campañas de concientización para limitar el uso de productos derivados del plástico, apelar al reciclado y ponderar el uso de prendas sustentables.

Un compromiso también destacado es el que tiene el Carnaval de Putignano, ubicado en la provincia de Bari y cuya fundación es sensible al tema del medio ambiente desde 2012. Aquel año se comprometió con «M’illumino di Meno», un programa que impulsa una serie de medidas ambientalistas, como que los carrozas sean impulsados solo por pedales y, por lo tanto, que tengan impacto cero.

Fuentes:

– Carnavales de usar y desechar: la corta vida útil de carrozas, disfraces y regalos / France 24

– Purpurina biodegradable, una tendencia que crece en el Carnaval de Río de Janeiro / Clarín

– El Carnaval de Viareggio / Lucca.it