Carbofurán, el agrotóxico que mató a 34 cóndores en Mendoza

Este producto es usado ilegalmente como cebo en los campos para envenenar a los depredadores. Hay dos detenidos

 

Los especialistas del Departamento de Delitos Ambientales de la Policía Federal Argentina confirmaron la principal hipótesis: los 34 Cóndores Andinos que aparecieron muertos en la localidad de Los Molles –al sur de la Provincia de Mendoza– fueron envenenados con carbofurano, uno de los pesticidas más tóxicos del mundo.

“En 26 años logramos que nacieran 64 cóndores. Esos pichones tardaron 12 años en ser adultos. Y esos adultos, que son monógamos, tienen una cría cada tres años por lo que el impacto de lo sucedido es desastroso, demoledor. Han quedado en un grado límite. Es muy grave”, señaló Luis Jácome, presidente de la Fundación Bioandina.

Los ejemplares fueron hallados amontonados y parcialmente quemados, por lo que se presume que se quisieron “borrar las evidencias”. A pesar del deterioro de sus cuerpos, se identificaron 20 machos y 14 hembras, junto a otros cadáveres de un puma, una oveja y corderos.

Dada la magnitud y la crueldad del caso, la situación generó gran conmoción entre las autoridades ambientales y los mendocinos, que consideran al cóndor un símbolo de la provincia.

“Con esta matanza, la de Jujuy del año pasado y los que se han encontrado en el transcurso del año, significa que en 13 meses mataron más cóndores que los que pudimos liberar en 25 años de proyecto de la Fundación Bioandina. Para dar una idea: nacieron en cautiverio 24 pichones y en 13 meses perdimos 66”, lamentó Sandrine Rivier, que también pertenece a la ONG.

Declarado Monumento Natural Provincial de Mendoza, el Cóndor Andino (Vultur gryphus) se encuentra entre las aves más grandes del mundo. Llega a pesar hasta 15 kilos y sus alas alcanzan los 3 metros de longitud. Viven en zonas montañosas, como la cordillera de los Andes, donde soplan fuertes vientos que les permiten planear, lo que los transforma en una auténtica maravilla del reino animal.  

Si bien no hay todavía peligro de extinción en nuestro territorio, los especialistas afirman que la especie está “amenazada” y aseguran que para el ecosistema esta última pérdida masiva es como si hubiese caído una bomba y generado un hueco que tardará años en reponerse.

La práctica de la muerte

El carbofurano está diseñado para el control de plagas y se comercializa bajo la marca Furadan. Sin embargo, por sus altos riesgos ambientales, en la actualidad se encuentra prohibido en la Unión Europea y Canadá, por ejemplo. No así en Argentina, donde está presente en casi todas las provincias.  

Los investigadores, más allá de esto, remarcan que desde hace un tiempo los productores rurales comenzaron a usar este agrotóxico para envenenar a los animales que son considerados una amenaza para el ganado y las cosechas.

Cuando un depredador –puma o zorro– mata a uno de sus animales, los ganaderos colocan carbofurano en los restos del cadáver. De esta manera, si los carnívoros regresan y continúan saciando su hambre, ingieren el veneno con que fue rociada su presa y mueren.

“Es una práctica que se usa mucho. Pone en riesgo también a las especies carroñeras, que se alimentan con los restos que dejan los depredadores. Y aquí entra en escena el cóndor”, afirmó el jefe del departamento de Fauna de Mendoza, Adrián Gorrindo.

En cuanto a los agricultores, también lo inyectan en frutas para dejarlas como carnadas de veneno en las cosechas y matar así a las aves que se acercan a picotear. “Esta es la punta del iceberg, porque son los animales que encontraron. Pueden haber muerto muchos otros en otros lugares. Lo que ocurre con la muerte de tantos adultos (30) es que pasará un tiempo importante sin pichones. Habrá que esperar a que los juveniles tengan edad para reproducirse. Para la especie es un desastre. Los deja al borde de la extinción en Argentina y Chile”, dijo Jennifer Ibarra, veterinaria y referente de la Fundación Cullunche.

En Mendoza, no es la primera vez que ocurre una masacre masiva de animales de estas características. Durante 2016, 15 ejemplares de ciervos y llamas murieron luego de ingerir rollos de alfalfa que estaban contaminados con carbofurano. Este pesticida fue también el que desencadenó el caso de Rocío Pared, la niña de 12 años que murió tras comer una mandarina envenenada en las afueras de un campo frutihortícola en Mburucuyá, provincia de Corrientes.

Hay dos detenidos

Hasta el momento fueron encontrados los dos puesteros acusados de tramar la masacre de los animales. Tras la detención Nibaldo Baigorria Parra (62), el arrendatario de los campos en donde se encontraron los animales muertos y en donde se hallaron venenos, quien se entregó a la Justicia fue Ramón Rojas (67), uno de los crianceros de la zona.

Según Javier Giaroli, el fiscal que lleva adelante la causa, “los motivos de sospecha contra el señor Rojas radican en que es el titular de las señales de las orejas de los animales (en particular una oveja) que se utilizaron para colocar carbofuran como cebo para carnívoros (zorros y pumas) y carroñeros de la fauna silvestre, en un lugar por el cual Rojas pasaría con sus animales en forma habitual al trasladarlos desde El Sosneado hasta Valle Hermoso”, un área que incluye a los parajes de Las Leñas y Los Molles.

Baigorria, por su parte, está imputado por “daño agravado por uso de sustancia venenosa e infracción a la Ley de Fauna por depredación de fauna silvestre mediante medio prohibido” y por “tenencia ilegal de arma de uso civil”, ya que se le encontró una escopeta con mira telescópica. Debido a que se le comprobaron problemas de salud, se le otorgó la prisión domiciliaria.

El campo de Los Molles en donde fueron encontrados los cóndores pertenece al grupo inversor anglo-malayo Walbrook, quien es dueño de 600 mil hectáreas en Argentina, de las cuales 250 mil están ubicadas en Malargüe. Walbrook también controla la sociedad anónima Nieves de Mendoza, propietaria del complejo de esquí Las Leñas.

Fuente: Foro Ambiental