Cambio climático, un fenómeno que favorece la propagación de epidemias

Especialistas dieron cuenta de este proceso en el Congreso Internacional de Enfermedades Infecciosas (ICID), que se celebró en Buenos Aires.

 

A medida que avanzan los estudios sobre el cambio climático, cada vez más investigadores de todo el mundo coinciden con que el calentamiento global no sólo es capaz de profundizar los desastres naturales, extinguir especies o alterar ecosistemas enteros, sino que también contribuye con la propagación de epidemias.

En el Congreso Internacional de Enfermedades Infecciosas (ICID) que se llevó a cabo en Buenos Aires, la doctora Jamie Caldwell, de la Universidad de Stanford, explicó que el aumento de las temperaturas hace que las enfermedades transmitidas por especies como los mosquitos (fiebre amarilla, la malaria, el zika o el chikungunya) se propaguen más y que, incluso, lleguen a cambiar sus escenarios.

La investigadora logró comprobar esta teoría a partir de un estudio sobre la fisiología de los zancudos, su respuesta térmica y los índices de picaduras, entre otras variables. Considerando que este tipo de insectos son propensos al calor pero hasta ciertos límites, Caldwell creó modelos matemáticos para predecir su comportamiento frente al proceso al calentamiento global.

De acuerdo a los resultados, las regiones que –por ejemplo– superaran los 30 grados (aproximadamente) se librarían de ellos, mientras que las que estuvieran entre 23 y 25, notarían un tremendo incremento de mosquitos y, previsiblemente, de las enfermedades que traen consigo.

Modelos similares se usaron por ejemplo en Brasil durante el mundial de fútbol de 2014 para predecir la incidencia del Dengue. La doctora Rachel Lowe, de la Royal Society Dorothy Hodgkin, participó en estos estudios que dieron “resultados prometedores”, aunque todavía se tienen que ir mejorando.

En las zonas frías, por su parte, la situación no variaría significativamente, ya que no alcanzarían los umbrales mínimos de temperatura.

Serge Morand, profesor de la Universidad Kasetstar de Tailandia, expuso también en el ICID la correlación que existe entre pérdida de biodiversidad y aumento de enfermedades zoonóticas (que se transmiten entre animales y personas). “Cuanta más biodiversidad, más limitadas están las dolencias en un país. Esto es muy interesante cuando se lo mostramos a políticos, porque siempre piensan que los brotes se deben a los animales silvestres”, sostuvo.

Un ejemplo de las razones que puede haber detrás de esto es que al terminar con los hábitats de determinadas especies, estas cambian de costumbres y propagan dolencias que de otra forma quedarían confinadas. Así es como parece que surgió el brote de ébola que asoló África Occidental en 2014. La tala de bosques tropicales pone en contacto al ser humano con animales que sirven de reservorio para el virus y se lo trasmiten.

No es el único ejemplo. El virus nipah, un brote emergente que causa casos graves en animales y seres humanos, vivía en los murciélagos. En el sudeste asiático, la tala de bosques les quitó su ecosistema; fueron a parar cerca de granjas de cerdos, que fueron infectados para contagiar posteriormente a las personas.

Conocer todas estas interacciones entre el planeta y la salud es el primer paso para evitar complicaciones. “La mayoría de las veces buscamos tecnología para brindar solución al problema en lugar de hacerlo de raíz. Cuidemos la biodiversidad y nos ahorraremos muchos problemas”, reclama Morand. Pero también hay soluciones menos sistémicas. Anticipar la llegada de un virus como el zika puede producir comportamientos en la población que mitigue sus efectos.

La investigadora Caldwell, por último, contó que en sus estudios detectaron cómo proliferaban las comunidades de mosquitos en lugares con neumáticos, cocos y botellas de plástico. Allí se acumulaba el agua durante las lluvias y se convertían en lugar ideal para que crecieran las larvas.

“Conociendo esto se puede concienciar a las comunidades para que no dejen estos residuos”, dijo y afirmó que “aunque parezca un asunto menor, se pueden evitar miles de contagios”. 

Fuente: Foro Ambiental / El País