Calentamiento global: Mendoza se desertifica

Históricamente, la provincia de Mendoza fue considerada un oasis en el desierto. Sin embargo, a raíz del cambio climático, ha comenzado a secarse. Frente a la poca nieve acumulada en sus montañas y el adelantamiento de los deshielos, el fenómeno de desertificación se convirtió en una verdadera amenaza para la tierra cuyana, cuyos ríos se achican a un ritmo ininterrumpido. 

Los datos hidrológicos son de los peores del último siglo: la crisis hídrica pasó a la categoría de «permanente» por lo que ya se habla de «sequía». De acuerdo con el Pronóstico de Caudales 2019–2020 realizado por el Departamento General de Irrigación (DGI), habrá 11% menos de agua que la temporada anterior. Por ese motivo, según las estimaciones oficiales, la disponibilidad del recurso total en la provincia se espera que sea del 54% de un año medio. Esto significa que los seis ríos mendocinos traerán la mitad de agua. 

«Se trata de generar conciencia. El año pasado dijimos que esto no era una emergencia, ya era algo instalado. Había que cambiar ese paradigma y en función de eso, generar acciones necesarias para cuidar el recurso hídrico. Hace 10 u 11 años que se repiten los panoramas año tras año. Dependiendo el río, hay menor cantidad de agua de agua disponible. Estamos peor que el año pasado en materia hídrica. Esta es la nueva normalidad, el cambio climático. Hay que prepararse para esto», advirtió el superintendente de Irrigación, Sergio Marinelli. 

El pronóstico de escurrimiento se realiza a partir de la cantidad de nieve acumulada así como de la temperatura y demás variables, medidas con estaciones específicas dispuestas en la alta montaña. Con esta información, se hace un cálculo del caudal medio de los ríos y de la disponibilidad de agua. «Considerando el pronóstico 2019/2020 y la superficie bajo riego al día, en las cuencas correspondientes, la situación más crítica es la del río Tunuyán, no por tener un mal porcentaje de escurrimiento en sus ríos, sino porque tiene muchas hectáreas para regar. Hay que ser más eficientes en el uso del agua», indicó el ingeniero Rubén Villodas, director de DGI.

En este proceso, los efectos del cambio climático son determinantes: los glaciares de los Andes se han derretido seis metros en 18 años, confirmaron desde el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla). Pierre Pitte, geógrafo y glaciólogo de la entidad, se refirió a la acuciante realidad. «Se observa un fuerte efecto en los glaciares; todos los glaciares de la provincia se han adelgazado, es considerable. Así, la pérdida de volumen de glaciar ha mitigado el fuerte déficit de nieve que tenemos, pero a medida que se hacen más pequeños tienen menos capacidad de almacenamiento, por lo que compensar el déficit de nieve se va a achicando», aseguró el especialista.

Los datos del Departamento de Agrometeorología de la Dirección de Agricultura y Contingencias Climáticas de Mendoza (DACC) sostienen que el pronóstico meteorológico para la primavera- verano 2019-2020 será bajo en precipitaciones. «Independientemente de en qué sector estemos trabajando, todos tenemos que hacer algo para mejorar la eficiencia y contribuir en mayor o menor medida a que nos vaya mejor. Nadie que tiene hoy un concesión de agua en Mendoza se puede dar el lujo de derrocharla», añadió Marinelli. 

Del total de agua disponible en la provincia, el 3% es utilizada por la industria, 7% para consumo humano y 90% por el sector agrícola. Para hacerle frente a la escasez, desde el gobierno mendocino buscan concientizar para evitar el derroche en los hogares, que llega a duplicar los 200 litros por persona que recomienda la ONU, pero sobre todo evitar las pérdidas en los campos, que supera el 50%  por la falta de sistemas eficientes de riego

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hasta un 60% del agua que se toma para riego a menudo no llega a los cultivos ya que se pierde por filtraciones de los canales, escapes, escurrimientos y evaporación improductiva. «La única esperanza es nosotros mismos”, remarcó el superintendente, que también aseguró que “el gobierno debe afrontar una visión más integral de lo que se debe hacer para dar respuesta, planificación y apoyo a los distintos sectores de la provincia” y anticipó que se conformará una agenda con sectores de cada cuenca de riego para establecer las acciones necesarias.

Fuentes:

– La Nación

– Foro Ambiental