Barrick Gold no afloja: sin Pascua, la minera quiere continuar con Lama

A causa del pedido de clausura del proyecto por parte del Estado de Chile, la compañía canadiense ya anunció una inversión millonaria para que la explotación se realice sólo en suelo argentino.

 

Ante los sucesivos derrames de cianuro, Barrick Gold tomó una decisión estratégica a fines del año para continuar con la explotación de Veladero: se fusionó con la empresa china Shandong Gold y ambas conformaron la firma Minera Andina del Sol, que se convirtió en la nueva operaría del proyecto minero en San Juan. Esta decisión estratégica, pensada por la multinacional canadiense para “lavarse la cara” y disipar las críticas por los daños ambientales, ahora podría replicarse en el caso de Pascua (Chile) – Lama (Argentina).

Luego de que Chile, a través de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA), anunciara la clausura definitiva del emprendimiento de extracción de oro y plata en suelo trasandino, debido al incumplimiento de pautas ambientales, la medida suponía un mazazo para Barrick, pero no. Frente a la pasividad de las autoridades argentinas, la multinacional canadiense anunció que una inversión millonaria para reflotar el proyecto pero sólo en territorio nacional, que pasará a ser subterráneo y que buscará apoyo de un nuevo socio, que podría ser justamente, Shandong Gold.

“Esperamos incurrir entre 140 millones y 180 millones de dólares en gastos del proyecto, que consisten principalmente en los costos de mantenimiento actuales y el trabajo de preparación a una mina subterránea”, aseguró Catherine Raw, la directora financiera de la minera.

Frente al descrédito social que ha ido acumulando la minería a cielo abierto, una práctica plagada de casos de contaminación, en el último tiempo algunas compañías del sector han buscado revitalizar –como una “mejor alternativa”– el desarrollo de proyectos subterráneos.

En este tipo de minas, se accede por un pozo o una rampa que desemboca en las galerías y niveles de producción, los cuales están conectados entre sí por pozos inclinados. Se utilizan perforadoras y explosivos para romper el sustrato –la mezcla de minerales de la cual se puede extraer uno o más metales– bajo tierra.

Aunque esta práctica tiene menor impacto ambiental que la de cielo abierto, debido a que la perturbación en la superficie de la tierra es menor, igualmente puede tener efectos sobre el agua al contaminarla con ácidos y metales e interceptar acuíferos. Los trabajadores, además, están expuestos a situaciones todavía más peligrosas que los que trabajan en minas a cielo abierto, por el riesgo de hundimientos, mala calidad del aire y explosiones subterráneas.

Pese a esto, la directora ejecutiva Raw afirmó que “hoy hay diferentes tipos de estudios en la zona sanjuanina para analizar la minería subterránea”. Sus declaraciones concuerdan y sostienen las palabras del máximo ejecutivo de la empresa canadiense, Kelvin Dushnisky, quien a fines del año pasado destacó que se estaba completando la fase 3 del estudio de factibilidad para construir una mina subterránea que comenzaría en Lama y que, pese a la posición de Chile, se buscaría extender hasta Pascua.

El derrotero de un megaproyecto devaluado e ilegal

La aprobación de Pascua – Lama, por parte de ambos países, se produjo en 2001 y recién cinco años después comenzaron las obras. Aunque fue presentado con bombos y platillos como el primer emprendimiento minero binacional del mundo, su desarrollo estuvo marcado por las postergaciones y las denuncias por contaminación.

Ubicado en lo más alto de la Cordillera de Los Andes, en 2013 fue paralizado por el Gobierno de Chile sin que hubiera entrado en operación. Aquel año, las autoridades del país vecino dieron lugar a las múltiples denuncias que ONG’s y organizaciones sociales realizaron por la destrucción de los glaciares Toro 1 y 2, medida que alcanzó repercusión internacional e hizo que se retiraran algunos bancos que habían prometido financiar la mina.

Al igual que Veladero, el proyecto de Pascua – Lama tampoco estuvo exento de derrames. A principios del 2017, Barrick Gold debió reconocer –tras negarlo en principio– que el túnel binacional que montó para transportar rocas de Chile a Argentina destruyó un ambiente periglacial protegido por ley y provocó la fuga de agua ácida.

El Gobierno de San Juan, que insólitamente negó el desastre generado, propuso por entonces que la empresa haga piletas para tratar el agua y, de este modo, la devuelva al medio ambiente. Sin embargo, al poco tiempo, las piletas desbordaron y una cifra indeterminada de agua ácida sin tratar terminó en ríos y arroyos.

Ante este nuevo papelón, Barrick prometió a las autoridades provinciales un plan para cerrar definitivamente el túnel (que mide cuatro kilómetros) y fue ahí que, paradójicamente, propuso dejar de realizar la minería a cielo abierto para hacerla de manera subterránea. Hasta noviembre del año pasado, según Eduardo Machuca, de la Policía Minera de San Juan, la obra se encontraba avanzada en un 50%.

“Chile no tiene una ley nacional de glaciares y, sin embargo, actúa a favor del medioambiente. En cambio, la Ley de Glaciares argentina es incumplida una y otra vez”, afirmó Gonzalo Strano, coordinador de la campaña de glaciares de Greenpeace.

En la actualidad, hay cuatro funcionarios nacionales procesados por impedir que se relevaran zonas periglaciares y posibilitar la minería en zonas prohibidas durante los últimos años. Entre los señalados por la Justicia, se encuentra el científico Ricardo Villalba, el ex titular del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianiglia), a quien se le cuestiona que haya decidido sólo medir glaciares de más de una hectárea de superficie, dejando desprotegidos a los de menor tamaño.

Este fallo fue confirmado luego de que los jueces federales Martín Irurzun y Eduardo Farah dieran lugar a los aportes de su colega en primera instancia, Sebastián Casanello, quien sostiene que, de haberse cumplido la legislación 26.639, tanto Veladero como Pascua Lama (los dos proyectos mineros de Barrick Gold) no existirían y los derrames nunca se habrían producido.

Fuente: Foro Ambiental