Australia: exponen una obra sobre el Río Santa Cruz, antes de que sea afectado por las represas

En la Galería Nacional de Victoria (Melbourne), la artista Alexandra Kehayoglou presentó una enorme obra textil, que muestra la geografía del curso de agua más importante de la Patagonia, hoy en riesgo.

 

Nieta de inmigrantes griegos, Alexandra Kehayoglou (36) se crió en una familia de tradición textil, razón por la cual siempre estuvo rodeada de telares, lanas y alfombras. Valiéndose de los recursos que la rodean desde chica, hoy ha logrado construir su propio camino a partir de una propuesta muy particular: cada una de las obras que diseña documentan diferentes paisajes que se encuentran en riesgo por culpa de la actividad humana.

“Busco dejar un testamento que muestre como era esto o aquello antes de que sea cambiado para siempre”, cuenta y aclara que no se considera “ni diseñadora ni activista, sino una artista”.

Su última obra se encuentra expuesta, desde diciembre, en la Trienal de Arte de la Galería Nacional de Victoria, en Melbourne. Se trata de una gran alfombra de 10 metros de largo por casi tres metros y medio de ancho que representa al Río Santa Cruz, el llamado “último gran río de la Patagonia”, cuyo curso podría verse afectado para siempre cuando se concreten las obras del complejo hidroeléctrico Néstor Kirchner y Jorge Cepernic.  

“Está apoyada en el piso y tiene un espejo en el techo, lo que le da un efecto de sinfín”, cuenta. Los visitantes pueden pisar la alfombra. “La gente camina, se vuelca al suelo, experimenta la horizontalidad, que es una forma de acercarse a la Tierra”.  

El megaproyecto hidroeléctrico en Santa Cruz, fue impulsado por el kirchnerismo y reformulado por el macrismo a mediados del 2017. De acuerdo a glaciólogos internacionales y diversas ONG’s, su construcción inundará 400 kilómetros cuadrados a la redonda (dos veces el tamaño de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), por lo que alteraría drásticamente a toda la biodiversidad que viven en la zona de la desembocadura y dependen de los sedimentos arrastrados por el río para vivir.

Para llevar a cabo el trabajo, Alexandra viajó dos veces al territorio, con la intención de explorarlo y documentar la geografía del río. En diciembre de 2016 llegó por primera vez. “Hicimos un viaje de casi 5 horas por tierra hasta donde se construye la represa Néstor Kirchner”, cuenta. Mientras que la segunda visita se produjo en abril del año pasado. Junto a un grupo de biólogos, ingenieros, artistas y activistas, en esa oportunidad recorrió en kayak el Río Santa Cruz durante 8 días de punta a punta. Desde su naciente, donde recibe agua de deshielo de los ventisqueros del parque nacional Los Glaciares, hasta su desembocadura en el Atlántico.    

De casa a Australia

En la casa de Alexandra, las alfombras siempre fueron una pasión. Su abuela materna, que se llamaba Ekpiniki, era griega y llegó a la Argentina con un telar bajo el brazo, el puntapié para fundar la empresa familiar “El Espartano”, que hoy sigue fabricando alfombras y pasto sintético a escala industrial.

Ella, que estudió Artes Visuales en el IUNA, comenzó a trabajar como diseñadora en la fábrica de su padre, Constantino. Sin embargo, encontró su “camino” cuando decidió dedicarse al arte y mostrar, por medio de las obras textiles que confecciona, aquellos paisajes de todo el mundo que se encuentran amenazados o a punto de desaparecer.  

La obra que denuncia la situación del Río Santa Cruz le llevó cuatro meses de trabajo. El resultado: 10 metros por 3.4 compuestos con tonos amarronados y verdes secos, propios de la meseta patagónica desértica. “En esa extensión está narrado el viaje entero. Es el recorrido que quedó adentro mío”, cuenta y agrega: “Darwin lo remontó. Ahí hay conchas marinas, fósiles, mucha información sobre nuestra existencia, que se va a perder”.

De acuerdo a la artista, que debió entrenarse durante dos meses y fue acompañada por su pareja, José García Huidobro (el encargado de manejar el dron que tomó las fotos aéreas del recorrido), “hay algo que es intangible, que no puede registrar un estudio de impacto ambiental. Ves la estepa patagónica atravesada por esa serpiente turquesa, en un paisaje muy hostil, hay mucho viento, hace mucho frío, y sabés que no se podrá ver más”.

Alexandra afirma que ya no se podrá distinguir el lecho del Santa Cruz, que pronto será “represado”. En agosto, el Gobierno Nacional aprobó la construcción de las represas, por parte de un consorcio de empresas chinas y argentinas, después de que se hiciera una audiencia pública, ordenada por la Corte Suprema, que había suspendido las obras.

Fundada en 1861, ​la Galería Nacional de Victoria –popularmente conocida como la NGV– es el museo de arte más antiguo y grande de Australia. En esta Trienal, además del trabajo de Alexandra sobre el Río Santa Cruz expondrá los trabajos de otros cien artistas y diseñadores de 32 países diferentes.

Un problema que recorre el mundo

La situación del Río Santa Cruz, en los últimos meses, también ha sido advertida por glaciólogos de Suecia, Austria, Japón y España, que han manifestado “la necesidad de contar con estudios de riesgos más profundos sobre la totalidad de los glaciares sobre los que podrían impactar las represas”.

Sus advertencias coinciden con la de los habitantes patagónicos, que juntan firmas para detener las obras y afirman que “la construcción de las represas podría alterar –entre otras cosas– el curso del Río Santa Cruz, el último gran río de la Patagonia que aún fluye libremente desde los campos de hielo y nieve eterna, al mar”.

Los expertos también han indicado que este emprendimiento, que continuó avanzando luego de que la jueza federal Marra Giménez rechazara el amparo ambiental que lo impedía, “tiene un alto impacto sobre el ambiente natural y una escasa vida útil por acumulación de sedimentos”, por lo que es erróneo calificarlas como una fuente de energía sustentable.

Según Vida Silvestre, la productividad o factor de planta de las represas sería del 34% (comparada con Yacyretá que tiene un 71%), y sólo el 43% de la energía que generarían podría ser aprovechada. “Para aprovechar el 100% de la energía, se requiere construir tendidos eléctricos calculados en unos 2.000 millones de dólares, haciendo económicamente inviable el proyecto”, sostienen desde la ONG.

Fuente: Foro Ambiental

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