Argentina intenta seguir los pasos de Chile y Uruguay en energías renovables

Como sus pares regionales, el país busca posicionarse como un destino estratégico para el desarrollo de energía limpia. Para el 2025, un 20% de la matriz eléctrica nacional deberá ser abastecida por fuentes sustentables.

 

Los constantes vientos de las provincias de sur y el sol radiante de las del norte, hasta ahora muy desaprovechados, han entrado rápidamente en el mapa de los recursos a explotar en Argentina. En 2017, el país fue la segunda región del mundo en la que más crecieron las inversiones en energías renovables, con un aumento cercano al 800%, solo por detrás de los Emiratos Árabes Unidos, según datos de Bloomberg New Energy Finance (BNEF), una firma especializada.

Los montos que se volcaron en la economía argentina son ínfimos con respecto a países potencias como China, Estados Unidos y Alemania. Sin embargo, muestran que el país ha iniciado una carrera acelerada para salir del rezago que exhibe en generación limpia, que hoy apenas representa el 2% de la capacidad instalada, uno de los más bajos de Sudamérica.

Pese a que Chile y Uruguay ganaron la carrera de las renovables, Argentina ha emprendido ahora un acelerado proceso de inversiones para recuperar el terreno perdido. El podio fue un asunto de ventajas comparativas: los dos primeros no tienen petróleo ni gas y el tercero cuenta con una larga tradición como productor de hidrocarburos, relanzada con el desarrollo de Vaca Muerta, uno de los mayores yacimientos no convencionales del planeta. Si la apuesta por las renovables fue una cuestión de superviviencia para Chile y Uruguay, Argentina siempre consideró a las energías limpias como un camino alternativo hacia el autoabastecimiento.

Según Marcelo Álvarez, presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER), un 70% del territorio nacional es apto para el desarrollo de un volumen de energía suficiente como para abastecer a toda Latinoamérica. “El país tiene el potencial eólico para abastecer a toda Latinoamérica”, asegura.

Chile, el éxito regional

Chile es el líder indiscutible del Cono Sur en renovables. El país andino ha llevado adelante “una revolución energética que inspira al mundo”, señala el vicepresidente de EE UU Al Gore en la segunda parte de su documental Una verdad incómoda, con el que en 2017 volvió a la carga contra el cambio climático.

Gracias a la política pública iniciada en 2014, en cuatro años la eólica y la solar han pasado del 4% al 20%. “Chile es un país pobre en energías del pasado, como las fósiles, pero muy rico en las energías limpias y renovables del presente y del futuro. Nuestro deber como Gobierno, entonces, consiste en desarrollar las potencialidades naturales de nuestro país para generar un desarrollo sostenible e integral”, señala la ministra de Energía de Sebastián Piñera, Susana Jiménez.

El modelo chileno fue posible gracias a las políticas públicas ante un mercado de competencia imperfecta. Máximo Pacheco, que lideró el proceso en tiempos de Michelle Bachelet, explica que su Gobierno “impulsó un cambio de las reglas del juego con transformaciones institucionales”.

Uruguay 100% renovable

Uruguay es el otro gran paradigma de éxito. Algunos días, el 100% de su red eléctrica se abastece de fuentes renovables, aunque en las horas de mayor consumo casi el 60% proviene de la represa de Salto Grande, compartida con Argentina. Ese porcentaje no convence a muchos ambientalistas, que denuncian el impacto de las hidroeléctricas sobre el entorno natural.

Cada día, la compañía eléctrica estatal y monopólica de Uruguay, UTE, publica en su sitio web el porcentaje que las renovables cubren cada jornada. Hace unos años, cuando la generación del día era del 100% la noticia se anunciaba con grandes titulares, pero ahora ya es costumbre y la energía solo vuelve a las portadas cuando, por alguna excepción, el país debe importar desde alguno de sus socios de Mercosur.

La transición de la dependencia a la autosuficiencia de su consumo eléctrico solo ha sido posible por el pacto surgido de la crisis económica de 2002, cuando no pudo pagar su costosa factura petrolera en dólares y los cortes de luz se volvieron frecuentes. En septiembre pasado se produjo un récord: por primera vez, el 49% de la demanda eléctrica fue cubierta por la eólica. Uruguay es el segundo país del mundo con participación de este tipo de energía, con más del 40%, solo por detrás de Dinamarca (47,8%), según la consultora SEG Ingeniería, que utiliza datos del departamento de Energía de Estados Unidos. La media global es del 5,2%.

El desafío de Argentina

La gran meta del país está puesta en el 2025. Para ese año, a través de la Ley N° 27.191, Argentina se comprometió a cubrir el 20% de la red eléctrica nacional con energías renovables. El marco regulatorio para semejante gesta es el Régimen de Fomento Nacional, aprobado durante el kirchnerismo y al que el presidente Mauricio Macri ha dado continuidad a través del programa RenovAr.

“Se han adjudicado hasta la fecha 197 proyectos de energías renovables por 5.941 MW, de los cuales 86 —3.067 MW— se encuentran ya en operación o construcción. El monto de inversión estimada es 4.500 millones de dólares”, explicó el subsecretario de Energías Renovables, Sebastián Kind.

Desde su lanzamiento en mayo del 2016, esta iniciativa del Gobierno Nacional para promover la construcción de parques renovables a nivel nacional contó con tres rondas (las 1, 1.5 y 2) y recientemente se abrió una cuarta convocatoria (la 3) para nuevos inversionistas.

Los recursos naturales en Argentina sobran: viento constante en la Patagonia y sol abrasador en el norte.

En los últimos 12 meses, la generación renovable creció un 35% sin que el desarrollo de Vaca Muerta, una verdadera aspiradora de inversiones, supusiese, al menos por ahora, un límite. “Son éxitos complementarios. Estamos ante dos sectores que de ningún modo consideramos excluyentes”, dice Kind.

¿Por qué Argentina ha quedado, entonces, tan lejos de Chile y Uruguay? Porque mientras los dos últimos conseguían dinero para desarrollo, Argentina peleaba por acceder al mercado de capitales. “No había manera de conseguir financiamiento. El problema estaba en las condiciones del país, no en los proyectos”, explica Alfredo Bernardi, presidente de la Cámara Argentina de Energía Eólica, creada en febrero, y gerente de Relaciones Institucionales de Genneia.

“Muchos proyectos de la ronda 2 ya han conseguido su financiamiento. Entre los que aún no lo han hecho, es probable que un grupo presente demoras en la ejecución, a la espera de que el mercado de capitales vuelva a tasas acordes a las necesidades”, dice Kind. “La Argentina tiene que volver a ser un país confiable para el mercado internacional. Si no, será difícil acceder al financiamiento y como mínimo todo será más caro y dificultoso”, advierte Bernardi.

Fuentes:

  • Argentina se abraza a las renovables con el espejo de Chile y Uruguay / El País

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