Gualeguaychú, Paraná y Concordia se plantan contra el glifosato

Si hay una provincia que podría ser considerada epicentro nacional del glifosato esa es Entre Ríos. La concentración que tiene en los suelos es de las más altas a nivel mundial, los pueblos cada vez son más fumigados y el índice de muertes a causa de cáncer no para de crecer. Sin embargo, algunos municipios han decidido ponerle un freno a este modelo agrícola que enferma y contamina sus territorios.

Uno de ellos es el de Gualeguaychú. Hace unas semanas, el intendente Martín Piaggio elevó una iniciativa de ordenanza que prohíbe todo uso y comercialización del glifosato en la ciudad, que cuenta con más de 102 mil habitantes y es uno de los principales polos turísticos del país.

"Un municipio libre de glifosato no sólo implica un fuerte compromiso con la vida, la salud y el medio ambiente del presente sino también con las generaciones venideras", justificó el jefe distrital.

El proyecto de ordenanza en Gualeguaychú, que será tratado en la próxima sesión del Concejo y se prevé que contará con el apoyo de los ediles, está sustentado en el "principio precautorio" que se incluye en el artículo 4º de la Ley Nacional de presupuestos mínimos ambientales. Este concepto respalda la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías representan un riesgo grave para la salud pública o el bienestar del medio ambiente.

"La prohibición establecida en la presente no admitirá ningún tipo de excepciones posteriores de ninguna índole", dice la iniciativa en su articulado, que también invita a otros municipios de la provincia a tomar medidas en el mismo sentido.

De hecho, un reciente estudio impulsado por el municipio y liderado por la doctora Silvia Ferrer y las licenciadas Gabriela Carneglia y Adriana Olivetto, reveló que Gualeguaychú se encuentra por encima de la media nacional en diferentes tipos de cáncer relacionados con el colon, vejiga, pulmón, páncreas, riñón y otros tipos de linfomas.  


Paraná también apuesta por la vida

En la capital de Entre Ríos, donde viven casi 248 mil personas, el Concejo Deliberante acaba de aprobar la inhabilitación del glifosato en su territorio.  

“Se prohíbe la comercialización, circulación y aplicación de cualquier tipo de producto químico o biológico de uso agropecuario, destinado a la fumigación o la fertilización que contenga glifosato y agroquímicos derivados, con el objeto de asegurar la protección de la salud humana y el medio ambiente”, afirma el texto de la nueva norma, que también condena el descarte o abandono de envases de cualquier tipo de producto, químico o biológico, de uso agropecuario que contengan tal producto.


Concordia se suma

En Concordia, el concejal radical Esteban Benítez también propuso una ordenanza similar para vetar el glifosato, "cuyos efectos nocivos han sido reconocidos por varios países de la comunidad europea".

"Lo que espero, en principio, es que se prohíba el uso en la ciudad, sobre todo en parques y jardines si es que lo utilizan, y luego ver quiénes comercializan y a quién le venden", anticipó Benítez al defender su propuesta, que podría ser discutida en una audiencia pública con los sectores civiles interesados.

De acuerdo a Medardo Ávila Vázquez, referente de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, el aumento de los municipios que discuten al glifosato es “una respuesta a la enorme cantidad de casos de cáncer” presentes en Entre Ríos.

“En Concordia, por ejemplo, desde hace años que vienen denunciando que tienen muchos casos. En la zona, después, nosotros tenemos estudios hechos en la ciudad de San Salvador, donde hay años que tienen el 50 por ciento de fallecidos por cáncer y otros años del 40 por ciento. Normalmente, el índice es el 20 por ciento”, dijo el especialista.

Si bien el glifosato está reconocido como una sustancia potencialmente cancerígena por la Organización Mundial de la Salud (OMS), Argentina está considerada como el país que más lo consume en el mundo, ya que su venta es libre y prácticamente no cuenta con restricciones nacionales para su uso. De hecho, el flamante ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, ex titular de la Sociedad Rural, cree que el “glifosato no causa ningún daño” y dice que “no se puede frenar la producción en nombre de una imaginaria pureza ambiental”.


Discursos vs territorio

Ávila Vázquez, plantea la cuestión de la “inocuidad” en términos palpables, no discursivos. Sostiene que en los pueblos que tienen ordenanzas prohibiendo las fumigaciones, (son más de 400) es muy difícil que nieguen el carácter tóxico de este modelo. “A los dirigentes se les mueren familiares, amigos, saben cómo está contaminado todo con glifosato. En cambio, a nivel provincial y nacional predomina el lobby de los negocios. Bayer y Monsanto financian campañas del que gana y también del que pierde”.

Al respecto, Eleonora Lamm, subdirectora de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Mendoza y representante Argentina en el Tribunal Internacional Monsanto, que acusó a la multinacional del delito de "ecocidio", advirtió que las disposiciones municipales son una respuesta a este problema, aunque insuficiente: "Tienen menos jerarquía, y son fácilmente revocables. También son difíciles de ejecutar por la falta de recursos”.

Para Lamm además, mientras no exista un compromiso global como país para “legislar en contra del uso del glifosato” “vamos a seguir con problemas".


Ni un 2 porciento

El poder político y el lobby sojero “no quieren que los pueblos restrinjan las áreas de fumigación. No quieren ni entregar el 2 por ciento del territorio cultivable, que es lo que representa establecer una restricción de mil metros alrededor de los pueblos. Son 200 mil hectáreas que se podrían destinar a la agroecología, cinturones verdes para no generar daño a la gente”, concluyó Ávila Vázquez.

Fuente: Foro Ambiental / Página 12 (04.12.17)

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