Anuncian un acuerdo mundial para regular, por primera vez, el tráfico de residuos plásticos

El comercio de los residuos plásticos es uno de los más caóticos y contaminantes del mundo. Millones de toneladas recorren cada año embarcadas en contenedores de mercancías sin tener prácticamente leyes. En 2017 se contabilizaron 11,23 millones, según el servicio estadístico de la ONU. Para regularlo de una vez por todas, los 187 países que forman parte del Convenio de Basilea han decidido modificarlo y evitar así que los estados en desarrollo sigan recibiendo desechos plásticos sin control.

Según un estudio publicado en Science Advances, solo un 9% de todo el plástico fabricado desde 1950 ha sido reciclado. La mayor parte termina incinerado o, simplemente, abandonado y contaminando la tierra, los ríos y los océanos. El Centro Helmholtz para la investigación medioambiental de Leipzig (Alemania) publicó hace un año un análisis del flujo de esta basura que asola los mares. Y concluyó que ocho de los diez ríos del planeta que más plásticos vierten a los océanos están en Asia. Los otros dos son africanos.

El tránsito de la basura comienza la mayoría de veces en los países desarrollados que la generan. Históricamente, China fue el gran receptor de estos a nivel mundial. Sin embargo, cuando a mitades del 2018 anunció que ya no recibiría los descartes plásticos provenientes de países como Reino Unido, Estados Unidos y Japón, así como también los de la Unión Europea, el mapa de los residuos cambió en todo el mundo. Desde entonces, el mercado viró drásticamente hacia Indonesia, Malasia y Filipinas.

La del plástico es una de las grandes plagas que ha desatado el ser humano en poco más de medio siglo. “Y una parte del problema de esta contaminación es la exportación no controlada de residuos plásticos”, explica Carlos Martín-Novella, vicesecretario ejecutivo de los Convenios de Basilea, Rotterdam y Estocolmo. Los 187 países miembros del Convenio de Basilea, el tratado medioambiental que regula los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos, acordaron hace una semana modificar ese acuerdo para poner en marcha una regulación para el plástico.

“Se intenta poner orden en el caos”, resume Martín-Novella.

“Hasta ahora los países desarrollados los enviaban sin más”, añade. Y tras esta modificación se crea una clasificación de estas basuras, que tendrán que identificarse antes de ser exportadas. Básicamente, “no se podrán enviar residuos plásticos que no estén clasificados”, resume Luis Palomino, secretario general de la Asociación de Empresas Gestoras de Residuos y Recursos Especiales (Asegre, Madrid, España). “Caerán las exportaciones”, vaticina Palomino. “La situación ahora es una locura”, opina Julio Barea, responsable de la campaña de plásticos de Greenpeace. “Lo más lógico es que se gestionen los residuos donde se producen”, añade este ecologista.

La nueva regulación, que se aplicará a partir de 2021, se pone en marcha a través de varias enmiendas al Convenio de Basilea que obligarán a que los desechos se clasifiquen y que se separen en muchos casos. “Las enmiendas son un primer paso para combatir el vertido de residuos plásticos de los países desarrollados en el Sur Global y la contaminación”, explica por correo electrónico desde Malasia la activista Mageswari Sangaralingam.

“Los exportadores tendrán que obtener el consentimiento de los países de destino antes de enviar la mayoría de desechos plásticos contaminados, mezclados, o imposibles de reciclar”, apunta esta miembro de Amigos de la Tierra.

Según los datos de la ONU, en 2017 China –incluyendo Hong-Kong como una puerta de entrada también a ese país– importó 7,7 millones de toneladas de residuos plásticas, lo que supuso casi el 60% de todo lo exportado en el mundo. Tras la prohibición del Gobierno de Pekín provocó un terremoto internacional. “China se quejaba de que se le enviaban plásticos con residuos tóxicos o que no se podrían reciclar”, explica Martín-Novella. “Con sus restricciones el problema se ha acumulado en los países desarrollados y se ha trasladado a otros países como Filipinas, Malasia o Indonesia”.

A principios de este mayo se celebró en Ginebra la decimocuarta reunión de los 187 países miembros del Convenio de Basilea, una cita que se celebra cada dos años. Este convenio tiene muy bien definidas las reglas de la exportación e importación de los residuos peligrosos. El problema, explica Martín-Novella, es que este tratado se creó hace tres décadas. “Y los plásticos no eran un problema entonces como ahora”. En 1989, cuando se cerró Basilea, la producción anual mundial era de 100 millones de toneladas. En 2016, se llegaba ya a los 335 millones de toneladas de plástico, según los datos de Plastics Europe. “Los plásticos no estaban en el radar en los ochenta”, insiste Martín-Novella, “y estos residuos se han movido libremente hasta ahora creando un problema de descontrol y contaminación”.

Aunque aún se está a la espera de que se termine la redacción de las enmiendas al convenio, los cambios acordados supondrán la creación de categorías de desechos con diferentes exigencias. Los residuos peligrosos deberán ser tratados prioritariamente en el país de origen. “Y los no reciclables no se podrán exportar”, añade Martín-Novella. Además, se ha elaborado un largo listado de plásticos mezclados que necesitarán un permiso previo del país receptor para poder ser exportados. Todas estas normas, en resumen, harán que se deba “identificar qué va dentro de los contenedores”, explica Martín-Novella.

“Se asegurará la trazabilidad”, añade Óscar Hernández, gerente de la Asociación Nacional de Recicladores de Plástico (Anarpla, València, España). En ese sentido, según Martín-Novella, se trata de una mejora tanto para el medio ambiente como para los trabajadores. “La industria se tendrá que adaptar y desarrollar plásticos que se puedan separar o reciclar”.

Fuentes:

– El País

– Foro Ambiental