Investigadores de la UBA utilizan microalgas para limpiar el Riachuelo

A través de una innovadora técnica, lograron reducir restos de un metal pesado hasta niveles permitidos. Aseguran que también podría disminuir el impacto ambiental de las industrias.

 

El Riachuelo no sólo es la cuenca más afectada del país, sino que también es un triste símbolo de la contaminación ambiental a nivel mundial. Basurales a cielo abierto, desechos industriales sin tratar, villas de emergencia a la vera del río, falta de servicios básicos y la propagación de enfermedades continúan siendo las postales de un problema de varias décadas que los sucesivos gobiernos y hasta un fallo de la Corte Suprema de Justicia no han podido solucionar. Sin embargo, una técnica novedosa podría ayudar a cambiar el panorama.

A partir del uso de biomasa de microalgas, un equipo de investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) comprobó con éxito un sistema de biosorción para reducir el zinc (Zn), un metal pesado que genera la industria de la galvanoplastia y representa un riesgo para la salud humana.

Tras lograr reducir las elevadas concentraciones de los restos presentes en los efluentes hasta los niveles permitidos por los entes encargados de su saneamiento, como la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) y la Autoridad del Agua (ADA), el grupo conformado por docentes y graduados de la FAUBA busca llegar con esta tecnología hasta diversas industrias, con el objetivo de mejorar los tratamientos y disminuir el impacto en el ambiente.

Las consecuencias de la desidia

El zinc llega a la cuenca del Riachuelo como parte de los efluentes que genera la galvanoplastia, un proceso usado para aumentar la resistencia del metal. Según la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, en la CABA y en el Gran Buenos Aires existen aproximadamente 600 talleres o empresas que realizan esta práctica.

La situación incluso es más grave. Muchas de ellas, afirman informes de organizaciones ambientalistas, trabajan de manera informal, sin ser controladas por los organismos oficiales, y vierten sus efluentes al conducto cloacal, pluvial o incluso directamente en los cursos de agua sin un tratamiento adecuado.

Según Adelina Nashiro, quien llevó adelante la investigación para acceder al título de Licenciada en Ciencias Ambientales de la FAUBA, “por ese motivo el zinc es uno de los metales pesados que suele aparecer en mayor proporción en el agua y sedimentos”,

Las muestras analizadas en el laboratorio de la cátedra de Química Inorgánica y Analítica de la FAUBA arrojaron concentraciones de más de 100 partes por millón de zinc en el efluente, contra el límite de descarga establecido por ACUMAR y ADA a conductos cloacales, que es de 5 ppm. Estos niveles no sólo constituyen un problema por los efectos tóxicos del metal, sino también porque se trata de un elemento no biodegradable.

“Los metales pesados que se liberan de las industrias metalúrgicas, y que contaminan el río, no se degradan”, indicó Agustín Rearte, docente de la cátedra de Química Inorgánica y Analítica de la FAUBA, quien dirigió la tesis de Nashiro. “Sólo podemos sacarlos del agua, disponerlos en un lugar seguro o reutilizarlos, en caso de que sean útiles”, agregó.

Las poblaciones que viven cerca del Riachuelo, de acuerdo a los estudios epidemiológicos, tienden a sufrir problemas respiratorios, enfermedades cutáneas, desnutrición y alteraciones en la sangre. De los 632 barrios populares (15.000 familias) que están a la vera de la cuenca y fueron identificados en el mapa de emergencia, 231 se encuentran en “riesgo alto” o “muy alto”.

Estudios integrados

Los estudios de la FAUBA integraron distintos tratamientos de efluentes. El primero formó parte de otra tesis, de Mariana Ventura, también de la carrera de Ciencias Ambientales de la FAUBA, y apuntó a remover nitrógeno y fósforo de efluentes producidos por un frigorífico. Con la biomasa generada por ese tratamiento se avanzó en el estudio de Nashiro, para abordar los efluentes más agresivos, provenientes de la galvanoplastia.

“Para el trabajo de Ventura aislamos dos cepas de algas que tomamos de un arroyo de la cuenca, donde se vierten los efluentes de un frigorífico, contaminados con altos contenidos de nitrógeno y fósforo. Luego, aprovechamos la biomasa generada por ese tratamiento para darle un valor agregado y utilizarla en la remoción del zinc”, explicó Rearte.

Además, usaron dos tipos de fotobiorreactores a escala pre-piloto, instalados en el campo experimental de la FAUBA, donde obtuvieron la biomasa de las algas, y luego emplearon la técnica de biosorción como método de remediación. Esta tecnología permite retener los metales pesados sobre la superficie de la biomasa.

La diferencia con investigaciones anteriores

Según Nashiro, la técnica resultó eficiente para el tratamiento de estos efluentes e incluso haría posible su descarga en el conducto cloacal, cumpliendo la legislación vigente. “Las condiciones óptimas de remoción de Zn del efluente fueron a pH 10 —es decir, alcalino— con una dosis óptima de biosorbente de 2 gramos por litro de biomasa. Se logró reducir desde una concentración inicial de zinc en el efluente de 230 ppm hasta los 5 permitidos”, detalló.

Rearte destacó que “la mayoría de los trabajos publicados anteriormente emplearon soluciones sintéticas que simulan una solución del metal a una concentración conocida y con un pH entre 5 y 7. En nuestro caso trabajamos con un efluente real y, después de evaluar la técnica propuesta en relación con diferentes pH, obtuvimos la remoción óptima del metal”.

“Creemos que aumentando la dosis del alga, en próximos ensayos podríamos incluso trabajar con efluentes con una concentración mayor”, sostuvo Nashiro. Y adelantó que ya están planeando aumentar la escala de las investigaciones desde el laboratorio hasta la cuenca del río, donde están instaladas las industrias. Además, conformaron un emprendimiento denominado AlgAr que está siendo incubado en la FAUBA. “La idea es aplicar en la industria la tecnología de biorremediación con la que estamos trabajando”, concluyó.

Una cuenta pendiente

En julio de 2008, la Corte Suprema de la Nación condenó al Estado Nacional, a la Ciudad y la provincia de Buenos Aires a resolver el daño ambiental del Riachuelo. Sin embargo, frente al fracaso de las políticas públicas para eliminar basurales a cielo abierto y reducir la presencia de desechos industriales, la ACUMAR tuvo que presentar un nuevo plan con el que prometió que esa realidad cambiará a partir de 2025.

La medida fue anunciada luego de que este año el máximo tribunal emitiera un duro informe sobre la falta de avances en el saneamiento, una tarea que también es supervisada por un Cuerpo Colegiado, integrado por diversas organizaciones ambientalistas y sociales.

Fuentes:

  • Con microalgas, investigadores de la UBA logran reducir la contaminación en el Riachuelo / Infobae

Foro Ambiental